Guerra en el Golfo: Un misil iraní viola las defensas de Israel y amenaza con desatar un conflicto nuclear
Un ataque con misiles que violó las defensas israelíes, un ultimátum de Trump que amenaza con desatar una catástrofe nuclear y el precio del petróleo por las nubes. ¿Cómo llegó el conflicto en el Golfo Pérsico a este punto de no retorno y qué significa para el mundo? Los detalles de una escalada que mantiene en vilo a las potencias.
El mundo contuvo el aliento cuando un ataque con misiles de Irán alcanzó objetivos sensibles en Israel, hiriendo a cientos y demostrando una capacidad de alcance que pone en jaque a Europa. El conflicto, que ya cumple tres semanas, escala peligrosamente hacia una guerra regional con el potencial de “nuclearizarse”, mientras las potencias mundiales libran una batalla narrativa y estratégica por el control del estratégico estrecho de Ormuz.
En una noche crítica, misiles iraníes impactaron en las localidades de Dimona, sede de un centro nuclear israelí no declarado, y Arad, dejando un saldo de 200 heridos. Este ataque logró evadir las hasta ahora consideradas invencibles defensas del Estado hebreo, generando serios interrogantes sobre su seguridad.
¿Una advertencia a Europa?
Pero el mensaje de Teherán parece haber sido más amplio. En una demostración de fuerza que cambia los cálculos estratégicos, Irán lanzó dos misiles de 4.000 kilómetros de alcance hacia la isla británica de Diego García. Aunque fueron interceptados, la acción reveló una capacidad que Europa subestimaba y que, según el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, puede alcanzar Londres, Berlín o París.
La canciller británica, Yvette Cooper, fue clara en su respuesta: “Gran Bretaña no será sumergida en la guerra”. La OTAN, con sus recursos de defensa desplegados en otros frentes como Ucrania, muestra una renuencia a involucrarse en lo que algunos miembros consideran un “conflicto ilegal”.

Los vecinos de la localidad del sur de Israel, Dimona, conocida por su proximidad a una instalación nuclear, tratan de rescatar lo que queda de sus hogares tras el impacto este sábado de un misil iraní.
Trump amenaza y la crisis económica se agrava
En medio de esta escalada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un ultimátum: si el estrecho de Ormuz no se abre en 48 horas, Washington atacará y aniquilará las plantas nucleares iraníes. Esta amenaza conlleva el riesgo mayor de una filtración radiactiva que podría nuclearizar el conflicto definitivamente.
La respuesta iraní no se hizo esperar. El portavoz del parlamento, Mohammed Ghalibaf, declaró que destruirán la infraestructura energética de Estados Unidos y sus aliados en la región si sus plantas son atacadas. “Todos serán considerados objetivos legítimos”, sentenció.
Mientras las amenazas vuelan, la economía global sufre. El precio del barril de crudo Brent, que antes de la guerra rondaba los 72 dólares, se disparó hasta 119 dólares, aunque luego se moderó a alrededor de 107. La circulación por Ormuz, minado por Irán, está severamente restringida, con unos tres mil barcos varados.
Estrategias divididas y una salida diplomática bloqueada
El conflicto también expone fisuras entre aliados. Israel arrastró a Estados Unidos a una guerra con objetivos que no fueron consultados, como el bombardeo a una refinería que desató la represalia iraní. La narrativa de Trump aparece como confusa, hablando de reducir operaciones mientras el Pentágono fortalece su presencia para una posible invasión terrestre.
La posibilidad de una solución diplomática se vio severamente dañada con el asesinato de Ali Larijani, el hábil negociador iraní que era el principal interlocutor con Occidente. Su muerte dejó el camino libre para los sectores más radicales del régimen, cuyo guía supremo, Mothjama Khamenei, afirma que “el enemigo está vencido”.
Los países del Golfo, como Dubái, Qatar y Arabia Saudita, se han convertido en víctimas colaterales, con sus refinerías y plantas de gas siendo atacadas sistemáticamente, lo que destruye su reputación como destinos estables para la inversión.
Un futuro incierto y muy peligroso
En Líbano, la invasión israelí parece haberse establecido, con fuertes combates contra Hezbollah y un millón de desplazados. La ONU ya considera que ambas partes cometen crímenes de guerra.
La guerra la ganará, en última instancia, quien consiga capitalizar el petróleo. Irán ya exige el pago del paso por Ormuz en yuanes chinos, no en dólares, convirtiendo el conflicto en una pulseada entre China y Estados Unidos. Mientras Trump, acosado por la crisis económica y la ruptura de su partido, amenaza con acciones extremas, el mundo observa con horror cómo un conflicto local amenaza con convertirse en una catástrofe global de proporciones impredecibles.