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Monteros
22 noviembre 2019

Historias de bandidos y policías de Monteros: la muerte del Sargento Buenaventura de Jesús Costilla

El Sargento monterizo cayó en cumplimiento del deber el 13 de septiembre de 1929.

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El sargento Buenaventura Costilla iba recorriendo las calles, en la estación de trenes del ferrocarril Noreste Argentino en Monteros (Tucumán), con el cabo Ramón Salcedo, la noche del martes 10 de septiembre de 1929.

La tranquila población de la Villa de Monteros fue sobresaltada esa noche por una serie de detonaciones de arma de fuego. Los policías, al escuchar esto corrieron al lugar de donde provenían los disparos: la playa de la estación.

Apenas llegaron corriendo, cuando desde la densa oscuridad de uno de los vagones estacionados sobre las vías muertas, salieron dos hombres armados. El sargento le dio la voz de alto, pero contestaron disparando sus armas, sin mediar palabra alguna a la pedestre patrulla policial, recibiendo Costilla cinco disparos sobre su sorprendida humanidad. No obstante la gravedad de sus heridas, el sargento pudo reconocer a los agresores, un tal Humberto Paz que fue detenido al instante y a Octavio Medina, que había conseguido huir del lugar.

Numerosos vecinos se presentaron en el lugar, ayudando al sargento que se encontraba tendido en el suelo. Muchos hablaban de una emboscada planeada para los policías, porque no había motivo alguno para semejante ataque a las autoridades policiales.

El sargento herido y su compañero de patrulla reconocieron al que lo atacó a tiros, manifestando que se trataba de un tal Octavio Medina que trabajaba en la extracción de ripio en el río Salí. La superioridad policial con asiento en la comisaría de Monteros, designaron a los empleados Calle y Pérez para que detengan a Medina, quien fue detenido en la capital tucumana a la tarde siguiente.

Historias de bandidos y policías de Monteros: la muerte del Sargento Buenaventura de Jesús Costilla

Por la gravedad de las lesiones con arma de fuego, los médicos decidieron el traslado del herido hacia la ciudad de San Miguel; pero ya se encontraba muy grave y no resistió el viaje… Murió el viernes 13 de septiembre de 1929.

En efecto, el sargento Costilla, la noche del 10 de septiembre de 1929, sin saberlo, había caído en una emboscada perfectamente planificada por el delincuente José Santos Quinteros y no como se creía que era el tal Octavio Medina. Quinteros era un carcelario evadido, “escruchante” audaz que hacía poco tiempo había mantenido un tiroteo con elementos de investigaciones en Suipacha, entre Las Heras y 14 de Setiembre. También se había comprobado que uno de sus acompañantes fue Vicente Sánchez, también prófugo, señalado como uno de los que robaron en un negocio de avenida Sáenz Peña e Independencia.

Se comisionaron a distintos empleados de investigaciones con la orden de detener a los verdaderos autores de la muerte de Costilla. El parte policial informaba que, conforme a declaraciones de Humberto Paz y a diligencias investigativas practicadas, Quinteros venía en un tren de aventuras que terminarían en la jurisdicción de Monteros.

El domingo 8 de septiembre a la mañana, Santos Quinteros y Vicente Sánchez habían llegado a la casa del vecino Ramón Barrionuevo, con ellos llevaban a la menor Rosario Suárez, de 15 años de edad, raptada desde la casa de sus padres en Villa Quinteros. En el lugar, se dedicaron a beber todo el día; pero justo cuando sale Quinteros a la calle, se cruza con el sargento Costilla que andaba de ronda por la villa. Costilla lo detiene por ebriedad, lo traslada a la comisaría, donde pernocta hasta el día lunes en que se le pasa la borrachera.

Cuando sale en libertad, se dirige a la casa de Barrionuevo, donde pergeña la venganza en contra del policía. Así es que, llegado el triste martes 10, Quinteros se dirige a la playa de trenes y, premeditadamente, llama la atención de la patrulla policial a tiros limpios realizados al aire. Cuando se presentan los policías, al único que le efectúan los disparos fue al sargento Costilla. Logrando de esta manera vengarse sangrientamente del representante de la ley que lo había detenido anteriormente.

Costilla, equivocadamente cree haber reconocido a Octavio Medina, pero éste no era su heridor y también pagó caro ese error ante los policías ávidos por encontrar al culpable, pues sabían que Costilla se moría.

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