“Huellita” no asomaba la cola y cinco días después el dron reveló lo que nadie esperaba en Chubut
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“Huellita” no asomaba la cola y cinco días después el dron reveló lo que nadie esperaba en Chubut

El hallazgo que confirmó el laboratorio en la costa de Camarones tiene a un protagonista inesperado: un ballenato que los vecinos bautizaron “Huellita”. Lo que el dron captó a los cinco días de la primera foto cambió todas las conclusiones, y no es lo único que sorprendió a los científicos.

El Parque Provincial Patagonia Azul, en la costa de Camarones, sumó un capítulo que la ciencia esperaba desde hace años: por primera vez se documentó a una ballena jorobada madre con su cría usando esa zona como refugio y área de alimentación. La confirmación llegó recién hace pocos días, tras análisis de laboratorio, y el pequeño ejemplar ya tiene nombre: “Huellita”.

El hallazgo comenzó con una salida de rutina. Lucas Beltramino, biólogo del Proyecto Patagonia Azul, recuerda que en octubre del año pasado el equipo navegaba en busca de cetáceos cuando divisó dos ejemplares. Uno era notoriamente más chico, pero no mostraba la cola. Solo pudieron fotografiar su aleta dorsal, sin certezas.

Cinco días más tarde, la historia cambió. Volvieron al agua y encontraron tres ballenas nadando juntas. Al desplegar un dron para observarlas desde el aire, la evidencia fue contundente: una de ellas medía exactamente la mitad que las otras dos.

El comportamiento que llamó la atención de los biólogos

Las imágenes aéreas mostraron algo que los investigadores no esperaban. El ejemplar más pequeño permanecía pegado a una de las hembras, mientras ella maniobraba sin descanso para mantener a distancia al tercer integrante: un macho adulto que los científicos ya tenían identificado de temporadas anteriores.

Para confirmar el vínculo, el equipo tomó muestras de biopsia de los tres individuos y las envió al laboratorio. “La confirmación llegó hace pocos días, así que ya no quedan dudas: es el primer registro de una madre y su cría de ballenas jorobadas en el Parque Provincial Patagonia Azul”, relata Beltramino con entusiasmo.

El pequeño había sido bautizado el año pasado como “Huellita” por los vecinos de Camarones. El análisis genético reciente confirmó además que se trata de un macho.

La odisea del primer año de vida

La supervivencia de estos gigantes marinos en su primer año es una carrera contra el agotamiento. Las ballenas eligen parir en aguas cálidas y reparadas, donde el alimento escasea. Eso obliga a la madre a consumir sus propias reservas corporales para amamantar a la cría y asegurar su desarrollo.

A las pocas semanas de vida, el ballenato debe encarar un viaje de miles de kilómetros para que la hembra vuelva a alimentarse. Beltramino explica que la tarea vital de la madre en ese período es encontrar un lugar con buen alimento sin recorrer distancias enormes, para que su cría no se agote en el trayecto.

Los peligros, mientras tanto, se multiplican. El biólogo advierte que los ejemplares jóvenes quedan muy expuestos a depredadores veloces como las orcas. A esa amenaza se suma el riesgo de contraer enfermedades naturales, como las que afectaron recientemente a otras poblaciones de cetáceos en Península Valdés.

Un santuario de islas y alimento

Frente a ese escenario de vulnerabilidad, la costa de Camarones funciona como un oasis. El Parque Provincial Patagonia Azul tiene un laberinto de islas y bahías que ofrecen múltiples resguardos cuando el Atlántico se agita, un imán biológico para las especies migratorias.

“La ballena tiene opciones de espacios donde las aguas están más tranquilas para muchas direcciones de viento y, como la cría necesita descansar, eso es atractivo”, precisa el especialista. A ese refugio natural se le suma una enorme abundancia de alimento.

El territorio puede operar como área de permanencia estacional o como escala intermedia clave antes de seguir el extenso viaje hacia las aguas antárticas.

Un nuevo capítulo para la conservación

La confirmación del vínculo filial entre “Huellita” y su madre abre interrogantes para la conservación de los océanos. Las moratorias internacionales que prohibieron la cacería comercial impulsaron una recuperación sostenida de las poblaciones a nivel global. En una primera etapa, “las manadas volvieron a ocupar sus áreas tradicionales, pero recientemente comenzaron a expandirse hacia zonas inesperadas”.

Hasta ahora, Patagonia Azul no tenía registros históricos del uso estacional de esta especie en particular. El equipo investiga si estas ballenas ya ocupaban la zona en el pasado sin haber sido registradas o si esta población puntual descubrió un nuevo sitio ideal para sobrevivir.

Con la presencia de “Huellita” plenamente documentada, el sur de Chubut revalida su valor ecológico y aporta datos invaluables para proteger las grandes rutas migratorias del mundo.

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