Huyó de la violencia en Neuquén y hoy su peluquería es un refugio para otras mujeres

Sobrevivió a la violencia de género y hoy su peluquería es un refugio para mujeres. ¿Cómo logró transformar su dolor en una red de contención?

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Huyó de la violencia en Neuquén y hoy su peluquería es un refugio para otras mujeres
Huyó de la violencia en Neuquén y hoy su peluquería es un refugio para otras mujeres

Roxana Sandoval tenía 38 años cuando tomó la decisión más difícil de su vida: escapar de la violencia de género junto a su hija de tres años. Diez años después, regresó a Neuquén convertida en gestora cultural, activista y peluquera, y hoy su singular emprendimiento busca ser mucho más que un lugar de estética.

Su historia es la de una sobreviviente que se reinventó una y otra vez. Dejó atrás su casa, su familia y sus amigos para salvar su vida y la de su pequeña, y encontró en el arte y el trabajo comunitario una nueva razón para vivir.

Una fuga desesperada

Durante años, Roxana sufrió violencia de género por parte del padre de su hija. El miedo, el aislamiento y la desesperación fueron creciendo hasta que entendió que quedarse ya no era una opción. Vivía en China Muerta, donde además de la violencia, enfrentaba constantes disputas por terrenos, intentos de usurpación y amenazas.

La oportunidad de escapar apareció en Huinganco, un pequeño pueblo del norte neuquino, donde le ofrecieron desarrollar un proyecto en la biblioteca. Sin conocer a nadie y con una hija pequeña, aceptó el desafío. "Me fui con dos meses de alquiler y dos meses de trabajo y, a partir de ahí, tenía que ver qué hacía", recuerda.

Los primeros meses fueron durísimos. Durante un año vivió prácticamente escondida, y solo su madre sabía dónde estaba. Tuvo que enfrentar los prejuicios de una comunidad pequeña por ser una mujer que criaba sola. Pero con el tiempo, la gente del pueblo la adoptó. "La gente me empezó a adoptar a mí y a mi hija", dice con emoción.

El arte como salvación

En Huinganco, Roxana reconstruyó su vida a través del arte. Comenzó con talleres de teatro, títeres y recreación, y luego se expandió a trabajar con personas con discapacidad y en escuelas de localidades como Las Ovejas, Andacollo y Manzano Amargo. Así recorrió todo el norte neuquino, conociendo sus comunidades y entendiendo las desigualdades en el acceso a la cultura.

La pandemia frenó muchos proyectos, pero no su creatividad. Impulsó un canal cultural y programas de radio para difundir artistas locales cuando los escenarios estaban cerrados. Para ella, el arte siempre fue su salvación. "Una función puede cambiarle el día a una persona", asegura.

El regreso y un nuevo proyecto

Hace unos tres años, Roxana sintió que era momento de volver. La incertidumbre económica y las ganas de reencontrarse con su familia fueron más fuertes. Regresó al Alto Valle con todo lo aprendido y se sumó a la reactivación de la Feria del Mangrullo en China Muerta, promoviendo actividades culturales y espacios de encuentro.

Hoy, enfocada en nuevos desafíos, creó "La Vichota Itinerante", una peluquería a domicilio que combina estética, bienestar y espacios de escucha entre mujeres. Su objetivo es que esos encuentros se conviertan en lugares de contención y acompañamiento. Además, se incorporó como gestora cultural en la Casa Integral para Mujeres y Diversidades de Plottier, donde organiza intervenciones artísticas para visibilizar las violencias.

Hablar para que otras puedan salir

Roxana sabe que su historia no es fácil de contar, pero lo hace por las mujeres que aún están en esa situación. "Yo pude tomar las decisiones indicadas para salir del lugar en el que estaba, pero siempre es necesaria una comunidad, una red", sostiene. Pide estar atentos a los cambios en las personas cercanas: cuando alguien se aísla, deja de llamar o de compartir encuentros.

"Poder acompañar sin juicio y de manera incondicional es muy importante, porque eso es algo que nos puede salvar la vida a muchas", reflexiona. Y agrega: "Todos los días agradezco estar viva. Mi hija y yo estamos vivas, estamos bien y tenemos una red de contención enorme y muy amorosa".

Su mensaje final es claro: "Es por las que no se animan, por las que están en esa situación y no pueden salir. Y, lamentablemente, por todas las que ya no están y no pueden hablar. Nosotras no tenemos su voz, pero tenemos la nuestra y podemos decir algo".

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