Iberá: el mapa que reveló dónde quedaron los sapos y ranas que nadie está protegiendo
Un equipo de la UNNE recorrió el Iberá, revisó colecciones y armó un mapa con 1.847 registros de sapos y ranas. Cuando compararon ese mapa con las áreas que hoy se protegen, el resultado los dejó en silencio: solo una de las zonas clave coincide con una unidad de conservación.
Un estudio de la UNNE puso sobre la mesa una alerta para la conservación de los anfibios en la Reserva Natural Iberá: de las cinco cuadrículas que representan la superficie mínima necesaria para contener a todas las especies del grupo, solo una coincide con un área de conservación existente.
El trabajo lo llevó adelante el Laboratorio de Herpetología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura (FACENA) y sus resultados se publicaron en la revista FACENA. La conclusión central apunta a la necesidad de sumar nuevas áreas para resguardar a sapos y ranas dentro del mayor humedal de Sudamérica.
Un gigante de 13.000 km² bajo la lupa
La Reserva Natural Iberá se extiende sobre 13.000 km² en la región centro-norte de Corrientes y es uno de los sistemas de humedales más importantes de Sudamérica, tanto por su tamaño como por las especies que alberga. Para ordenar las acciones de conservación, en 1994 se definieron cinco Unidades de Conservación dentro de la reserva.
El proyecto analizó si esas áreas actuales resultan aptas para preservar la diversidad de anfibios. Los autores fueron María del Rosario Ingaramo, investigadora del Laboratorio de Herpetología y docente de Bioestadística en FACENA, y Federico Marangoni, investigador independiente del CONICET en el mismo laboratorio y docente de Ecología de Poblaciones.
1.847 registros y 44 especies
Para llegar a los resultados, el equipo combinó muestreos de campo con la revisión de bibliografía y de colecciones biológicas. Así reunió 1.847 registros de 44 especies de anfibios para la Reserva Natural Iberá.
El área de estudio se dividió en 28 cuadrículas y en cada una se registró la presencia o ausencia de especies. Sobre esa base se calcularon la riqueza de especies, la diversidad filogenética y un índice combinado de biodiversidad que contempla la rareza y el nivel de amenaza.
Qué muestran los resultados
El dato central del estudio indica que la superficie mínima capaz de representar a todas las especies de anfibios es de cinco cuadrículas, equivalentes al 18% del área analizada. De esas cinco, apenas una se superpone con una unidad de conservación actual.
Las cinco unidades existentes son Galarza (200 km²), Iberá (100 km²), Itatí (130 km²), Yaguareté Corá (100 km²) y Camby Retá (100 km²). Según el trabajo, todas presentan una baja superposición con las áreas prioritarias identificadas y una representación limitada de la fauna de anfibios.
Por eso, los investigadores recomiendan la adición de cuatro cuadrículas para cubrir los vacíos de conservación de anfibios. El contexto que enmarca el hallazgo es la creciente presión humana sobre la biodiversidad, impulsada por el cambio de uso del suelo y la sobreexplotación de los recursos naturales, que provoca pérdida irreversible de especies y degradación de ecosistemas.