Internada hace 4 meses, la adolescente que sueña con volver a su casa
Tiene 17 años, lleva meses internada y sueña con volver a estudiar. ¿Qué falta para que Agustina pueda dejar el hospital? La respuesta te va a tocar el corazón.
Agustina Allayme tiene 17 años y una enfermedad que le arrebató la adolescencia. Pero ni las paredes del Hospital Rawson ni los cables del oxígeno lograron apagar sus ganas de futuro: quiere terminar la escuela, viajar en colectivo y volver a reírse sin sentir que le falta el aire.
Su calvario empezó a los 9 años, cuando fuertes dolores e inflamaciones en las piernas la llevaron a recorrer distintos centros de salud. Recién en el Hospital Rawson le diagnosticaron atresia de esófago y otras complicaciones. La operaron y, por la desnutrición, le colocaron un botón gástrico.
Por un tiempo, la vida de Agustina se pareció a la de cualquier chica de su edad. "Empezó a hacer cosas que no hacía, como andar en bicicleta", recordó Ariana, una de sus familiares más cercanas. Incluso iba a la escuela.
El regreso de la enfermedad
Pero a los 14, los problemas respiratorios volvieron con fuerza. Primero fue una mucosidad excesiva; después, sus pulmones empezaron a fallar. La familia aprendió a detectar las señales de alarma: el esfuerzo para respirar, el color de las uñas, la saturación baja.
Hace más de cuatro meses, una nueva caída en la saturación obligó a internarla. Intentaron que volviera a casa con oxígeno domiciliario, pero el concentrador no alcanzó. Hoy, Agustina depende de un sistema de alto flujo que no se puede instalar en su vivienda.
Una casa que no acompaña
El regreso de Agustina a su hogar no depende solo de la asistencia respiratoria. Su casa, en La Chimbera, 25 de Mayo, es una construcción precaria, con adobe y techo de cañas, donde las habitaciones quedan lejos del baño. El colectivo pasa cada cinco horas y el centro de salud más cercano solo atiende por la mañana.
"Ella hoy en día está permanentemente dando episodios de desaturación", explicó Ariana, quien teme que una emergencia se convierta en una tragedia por la distancia. Mientras tanto, los médicos y trabajadores sociales buscan alternativas, aunque el panorama no es alentador.
Una historia de lucha y esperanza
Agustina no pudo terminar la escuela: se quedó en cuarto grado por las internaciones. Pero cuando habla del futuro, no menciona hospitales. Sueña con estudiar, volver a casa y hasta le pidió a una prima que le gestione la tarjeta SUBE. "Ella te habla de futuro", contó Ariana, con lágrimas.
Criada por su tía María, a quien llama mamá, Agustina creció entre hermanos y familiares que se turnan para acompañarla. La comunidad de La Chimbera también está presente: preguntan, mandan mensajes, quieren saber cómo sigue. Ella, mientras tanto, se distrae con TikTok y transmisiones en vivo.
El pasado jueves, Agustina cumplió 17 años en el hospital. Una médica, al enterarse, organizó un festejo sorpresa con globos, regalos y una chocotorta. "Estaba feliz, vos vieras la cara de ella", dijo Ariana. Por un rato, la enfermedad quedó en segundo plano.
Agustina sigue esperando una alternativa para continuar su tratamiento en casa. Pero no pierde la sonrisa. Su familia la define como una luchadora, y quizás la mejor prueba es que, pese a todo, sigue hablando de lo que hará cuando salga del hospital.