Inversores en alerta: el dato de inflación que desató una carrera por un refugio inesperado
Ante un dato de inflación que no bajó lo esperado, los inversores corrieron a refugiarse en un activo peculiar. Descubra por qué están dispuestos a aceptar rendimientos que pierden contra los precios y qué revela este movimiento sobre lo que el mercado realmente teme.
La última cifra del Índice de Precios al Consumidor, que marcó un 2,9% para febrero, encendió las alarmas en el mercado financiero. La búsqueda desesperada de cobertura ante una inflación que no cede está llevando a los inversores hacia un activo que, paradójicamente, les ofrece rendimientos negativos. Este movimiento masivo ya se reflejó en las últimas operaciones del Tesoro y está comprimiendo las tasas en el mercado secundario, un fenómeno que los analistas siguen de cerca.
El escenario cambió rápidamente tras conocerse el dato oficial. Con una inflación acumulada del 5,9% en los primeros dos meses del año y expectativas que se recalientan, los actores del mercado reaccionaron. La licitación de deuda de la semana pasada fue una clara señal: más del 60% de los pesos que recaudó el Estado nacional fue a parar a papeles que se ajustan por la evolución de los precios.
¿Por qué comprar algo que pierde contra la inflación?
En el mercado secundario, la avalancha de demanda por los bonos CER (Ajustados por Coeficiente de Estabilización de Referencia) hizo subir sus precios. Sin embargo, este mismo ímpetu está comprimiendo las tasas reales que ofrecen estos instrumentos. La caída en los retornos es especialmente notoria en los títulos de corto plazo.
Eric Ritondale, economista jefe de Puente, explicó el fenómeno: “Tras la publicación del último dato oficial de IPC, la curva CER experimentó una compresión adicional de rendimientos. Este movimiento fue particularmente marcado en el tramo corto, que pasó a operar con tasas reales aún más negativas”.
Aquí reside la paradoja que define el momento: cuando un bono CER ofrece una tasa real negativa, significa que el inversor, al final del camino, recibiría un rendimiento ligeramente inferior a la inflación. A pesar de esto, la demanda no se detiene. La razón es que, en un contexto de incertidumbre, este instrumento sigue siendo percibido como la mejor cobertura disponible frente a una posible aceleración de los precios, superando a otras alternativas.
Juan Ignacio Alra, portfolio manager de one618, coincide en el diagnóstico: “Los inversores ya venían posicionados en CER, bajo la expectativa de una nominalidad algo más elevada en el corto plazo y una desaceleración más marcada hacia el segundo semestre”. Este posicionamiento previo exacerbó el movimiento tras el dato de febrero.
Lo que el mercado realmente espera
Los precios de los bonos indexados actúan como un termómetro de las expectativas del mercado. A través de ellos, se pueden inferir las proyecciones de inflación para los meses venideros. Y al igual que en las encuestas a analistas, estas expectativas implícitas se ajustaron al alza, manteniéndose por encima del 2% mensual.
Justina Gedikian, analista de renta fija de Cohen, detalló el ajuste: “La inflación mensual implícita pasó de 2,1% mensual antes del dato de febrero a alrededor de 2,4% mensual promedio para los próximos dos meses. Para 2026 el mercado ya descuenta una inflación acumulada cercana a 29%, frente a 26% que esperaba la semana previa”.
Pese al repunte, los operadores no proyectan un escenario de descontrol. Juan Ignacio Alra agregó: “En cuanto a expectativas, la curva CER descuenta una inflación mensual en torno al 2,5% o 2,6% en el muy corto plazo, con una trayectoria descendente hacia niveles cercanos al 2% mensual para fines de 2026 y 2027. El mercado sigue validando un escenario de desinflación gradual, sin shocks, y con expectativas relativamente bien ancladas”.
Este comportamiento del mercado deja al descubierto la nerviosa pulseada entre la búsqueda de protección y la aceptación de rendimientos menguantes. Mientras la sombra de factores externos, como el alza internacional del precio del petróleo, se cierne sobre las proyecciones locales, los inversores parecen dispuestos a pagar un precio alto, incluso negativo, por un poco de tranquilidad.