Irán apunta al talón de Aquiles de las ricas monarquías del Golfo: el agua que no tienen

Mientras el petróleo domina los titulares, Irán ejecuta un movimiento maestro apuntando a lo que realmente podría paralizar a las ricas monarquías del Golfo. Los detalles de una vulnerabilidad oculta que tiene en vilo a toda la región.

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Irán apunta al talón de Aquiles de las ricas monarquías del Golfo: el agua que no tienen

Mientras el mundo observa la tensión en el Estrecho de Ormuz, Irán ejecutó un movimiento estratégico que expone la vulnerabilidad oculta de sus vecinos enriquecidos por el petróleo. El ataque a una planta desalinizadora en Bahréin revela una carta de guerra que podría paralizar a las superpotencias del Golfo.

Las monarquías de Kuwait, Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Omán son Estados inmensamente ricos en hidrocarburos. Sin embargo, enfrentan una debilidad crítica: la falta de agua potable natural. Su desarrollo y supervivencia dependen de complejas plantas que convierten el agua de mar en dulce.

¿Por qué el agua es un arma de guerra?

El domingo pasado, un ataque con drones iraní alcanzó una de estas plantas vitales en Bahréin, un país que además alberga a la Quinta Flota de Estados Unidos. Este hecho no es aislado; Irán también ha denunciado ataques similares contra su infraestructura hídrica.

Kaveh Madani, científico iraní y director del Instituto para el Agua, el Ambiente y la Salud de la ONU, alertó a TN sobre la gravedad: “La interrupción intencional de la infraestructura hídrica constituye una clara violación del derecho internacional humanitario y, ante todo, una carga para los civiles”.

Expertos consultados por este medio coinciden en que el régimen de los ayatollahs busca aumentar el costo económico de la guerra para sus adversarios. Abdullah al-Arian, académico de la Universidad de Georgetown en Qatar, lo explicó sin rodeos: “Irán busca aumentar los costos de esta guerra para los países vecinos e incluso para la economía global”.

Mujeres iraníes se manifiestan en Teherán en apoyo al gobierno de los ayatollah (Foto; EFE)
Mujeres iraníes se manifiestan en Teherán en apoyo al gobierno de los ayatollah (Foto; EFE)

La paradoja de los “reinos del agua salada”

Michael Christopher Low, director del Middle East Center de la Universidad de Utah, acuñó un término revelador. “Yo los llamo reinos del agua salada. Son superpotencias hídricas creadas por el ser humano y alimentadas por combustibles fósiles. Es a la vez un logro monumental del siglo XX y una forma particular de vulnerabilidad”, afirmó.

La dependencia es abrumadora. Un informe del Centro Árabe de Washington detalla que los estados del Consejo de Cooperación del Golfo producen el 40% del total de agua desalinizada del mundo. En la región operan 450 plantas que abastecen a unos 100 millones de personas.

Kuwait es el más vulnerable: el 90% de su agua proviene de la desalinización. Le siguen Omán (86%) y Arabia Saudita (70%). Qatar es el menos dependiente. Estas naciones invirtieron más de 50.000 millones de dólares en este sector entre 2004 y 2024.

Religiosos chiítas paquistaníes portan imágenes del asesinado guía supremo iraní Ali Jamenei y su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei (Foto: REUTERS/Imran Ali)
Religiosos chiítas paquistaníes portan imágenes del asesinado guía supremo iraní Ali Jamenei y su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei (Foto: REUTERS/Imran Ali)

El sistema financiero, otro blanco en la mira

La estrategia de presión iraní no se limita al agua. Esta semana, las Fuerzas Armadas de Irán acusaron a Estados Unidos e Israel de atacar un banco estratégico utilizado para pagar los salarios del ejército. La advertencia fue contundente: habrá una “respuesta recíproca y dolorosa”.

Las autoridades iraníes pidieron a la población en Medio Oriente que no se aproxime a menos de un kilómetro de bancos estadounidenses o israelíes. La amenaza fue tomada en serio. Grandes corporaciones como el grupo financiero Citi, la consultora Deloitte y la británica PwC ordenaron la evacuación de oficinas en Dubái, Arabia Saudita, Qatar y Kuwait.

Abdullah al-Arian profundizó el análisis para TN: “Las represalias iraníes intentaron reconfigurar el panorama de seguridad en los países del Golfo y perturbar cada vez más los viajes, el comercio e incluso la vida cotidiana”. Un ataque sostenido a la infraestructura hídrica, advirtió, “supondría una gran presión sobre el suministro de agua de estos países y requeriría planes de contingencia”.

Mientras Teherán enfrenta sus propias crisis hídricas severas, su cálculo geopolítico es claro: golpear donde más duele a las monarquías aliadas de Washington, transformando su mayor logro tecnológico en su punto más frágil. La guerra por el control del Golfo ha encontrado un nuevo y esencial frente de batalla.

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