Irán desata un misil secreto y amenaza de muerte directa contra Netanyahu
Irán cruzó una línea roja al usar por primera vez su poderoso misil Sejil y emitir una amenaza de muerte explícita contra Netanyahu. ¿Hasta dónde llegará esta peligrosa escalada que ya tiene a todo Medio Oriente en vilo?
La tensión en Medio Oriente escaló a un nivel sin precedentes este domingo, cuando la Guardia Revolucionaria iraní anunció el uso por primera vez de su misil balístico Sejil en una nueva oleada de ataques contra Israel. La amenaza se volvió personal con un comunicado que promete perseguir “sin descanso” al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para asesinarlo. Este movimiento marca un punto de inflexión peligroso en el conflicto, combinando el despliegue de tecnología armamentística avanzada con una declaración de guerra personalizada contra el líder israelí.
El proyectil Sejil, con un alcance de hasta 2000 kilómetros, fue lanzado desde plataformas móviles como parte de la 54ª oleada de ataques. Este misil de combustible sólido, de unos 20 metros de largo y 23 toneladas de peso, puede transportar ojivas de entre 500 y 1000 kilos y fue probado con éxito por primera vez en 2009. Su característica principal es permitir lanzamientos rápidos, lo que complica su detección y neutralización previa.
¿Qué objetivos buscaba Irán con este ataque?
Según el comunicado difundido por la agencia de noticias *Mehr*, el Sejil fue empleado junto a otros misiles como el ‘Khorramshahr’, ‘Kheibar Shekan’, ‘Qadr’ y ‘Emad’. El blanco de esta ofensiva fueron centros de gestión aérea, industrias militares y concentraciones de tropas israelíes. La precisión de los objetivos denota una operación planeada para debilitar la infraestructura de defensa y la capacidad de respuesta del Estado hebreo.
Horas antes de este ataque con el Sejil, la Guardia Revolucionaria ya había lanzado otra andanada con diez misiles balísticos y drones. Esa oleada apuntó contra centros de mando estadounidenses y objetivos israelíes en varios puntos de Oriente Medio, incluyendo Emiratos Árabes Unidos (EAU). La expansión geográfica de los ataques muestra una estrategia de presión sobre múltiples frentes.
La amenaza explícita contra Netanyahu fue un componente aparte y escalofriante del comunicado iraní. La Guardia Revolucionaria no solo afirmó que buscará asesinarlo, sino que añadió que lo perseguirá “sin descanso” para lograrlo. Esta declaración transforma el conflicto bélico convencional en una cacería personal de alto nivel, aumentando exponencialmente el riesgo para el primer ministro israelí.
La respuesta israelí: una ofensiva que no tiene fin a la vista
Frente a esta escalada, Israel no se quedó de brazos cruzados. El gobierno anunció de inmediato una nueva ola de bombardeos contra objetivos en el oeste de Irán. La postura israelí fue delineada con claridad por su ministro de Exteriores, Gideon Saar, quien visitó el pueblo árabe de Zarzir, al norte del país.
En Zarzir, un misil iraní había causado el viernes 58 heridos leves. Desde allí, Saar afirmó que la ofensiva contra Irán continuará “hasta que se eliminen las amenazas existenciales”. Esta frase subraya la percepción israelí de que el ataque con el Sejil y las amenazas contra su primer ministro representan un peligro para la propia existencia del Estado.
El ciclo de ataques y contraataques parece haber entrado en una espiral sin un final claro. La introducción del misil Sejil, un arma estratégica de largo alcance y lanzamiento rápido, otorga a Irán una nueva capacidad de proyección de fuerza que altera el balance militar en la región. La combinación de esta potencia de fuego con una amenaza de asesinato de alto perfil crea un escenario de máxima tensión e imprevisibilidad.
La comunidad internacional observa con preocupación cómo cada acción genera una reacción más intensa. La ofensiva israelí en el oeste de Irán es una respuesta directa a la oleada del domingo, que a su vez fue una réplica a operaciones anteriores. Con ambos bandos hablando en términos de “amenazas existenciales” y prometiendo una persecución sin cuartel, el camino hacia una desescalada parece cada vez más complejo y lejano.