Irán lanza una amenaza escalofriante contra el sitio nuclear más secreto de Israel
La amenaza de Irán de atacar el sitio nuclear de Dimona abre un nuevo y peligroso capítulo en el conflicto. ¿Qué es lo que realmente esconde Israel en el desierto del Néguev y hasta dónde está dispuesto a llegar para proteger su secreto mejor guardado?
La tensión en Medio Oriente alcanzó un nuevo pico con una advertencia directa de Teherán. Un funcionario militar iraní amenazó con atacar el centro nuclear israelí de Dimona si Estados Unidos e Israel intentan derrocar a la Revolución Islámica. La declaración, hecha el miércoles a la agencia semioficial ISNA, apunta al corazón del poderío militar israelí, un secreto a voces que el Estado judío nunca confirma ni desmiente.
El objetivo de la amenaza es el Centro de Investigación Nuclear Shimon Peres del Néguev, situado a unos 10 kilómetros al sur de la ciudad de Dimona. Este reactor, conocido comúnmente como el reactor de Dimona, es considerado clave para el programa de armas atómicas de Israel.
¿Cuál es el verdadero poder nuclear de Israel?
Según el prestigioso Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Israel posee aproximadamente 90 armas nucleares. Este arsenal lo coloca entre los nueve países identificados como poseedores de este tipo de armamento, junto a potencias como Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Corea del Norte.
El último informe anual del SIPRI, divulgado el año pasado, añadió una capa más de preocupación. El instituto sueco reveló sus sospechas de que Israel está modernizando su arsenal nuclear. El reporte mencionó una prueba de un sistema de propulsión de misiles en 2024, posiblemente relacionado con la familia de misiles balísticos con capacidad nuclear Jericó, y la modernización del reactor de producción de plutonio en Dimona.
El secreto que dejó de serlo: la historia del denunciante
El programa nuclear israelí fue expuesto a nivel mundial hace más de cuatro décadas. La revelación llegó de la mano de Mordechai Vanunu, un técnico que trabajó en el reactor de Dimona. En los años 80, Vanunu entregó al diario británico Sunday Times información secreta y fotografías sobre el plan atómico.
La reacción del gobierno israelí fue drástica. Vanunu fue sentenciado por traición y pasó 18 años en prisión, la mayor parte en régimen de aislamiento. Al recuperar su libertad en 2004, defendió su accionar declarando a la BBC: “No traicioné, salvé a Israel de un nuevo holocausto”.
Sin embargo, según el académico británico Idrees Ahmad, especialista en Medio Oriente, el arsenal israelí ya era un secreto a voces antes de Vanunu. En una entrevista con TN el año pasado, Ahmad afirmó que Israel ha utilizado su poder nuclear no solo para amenazar a la región, sino también a sus aliados occidentales, refiriéndose a la supuesta “Opción Sansón”.
“Los gobiernos occidentales hacen la vista gorda porque les resulta incómodo reconocer que Israel tiene un programa nuclear mientras le dicen a Irán, o a otros países, que su programa atómico es un acto agresivo”, sostuvo el analista.
El hermetismo y la doble moral internacional
El poderío nuclear israelí se mantiene bajo un absoluto secreto. Además del SIPRI, la Federación de Científicos Estadounidenses también estima que Israel posee 90 cabezas nucleares. Se sospecha que este arsenal puede ser transportado mediante misiles balísticos, aviones de combate y posiblemente submarinos.
Una diferencia crucial con Irán es el marco legal. Israel no es signatario del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), por lo que no está sujeto a sus inspecciones y obligaciones. Irán, en cambio, se adhirió al tratado en 1970, nueve años antes de la Revolución Islámica.
Los orígenes del programa y el gran engaño a Estados Unidos
Se cree que los planes nucleares israelíes comenzaron en la década de 1950, impulsados por el entonces primer ministro David Ben-Gurión como una “póliza de seguro” contra sus vecinos árabes. Con ayuda inicial de Francia para construir el reactor de Dimona y de Noruega para suministrar agua pesada, Israel prometió no fabricar armas.
El descubrimiento de la instalación secreta por parte de Estados Unidos a fines de los 50 inició un complejo juego de engaños. Bajo presión del presidente John F. Kennedy, Israel permitió inspecciones. Los equipos estadounidenses que visitaron Dimona en 1961 y 1964 concluyeron que el sitio no tenía capacidad para un programa armamentístico.
La realidad era muy diferente. Según revelaciones del libro “La opción Sansón” de Seymour Hersh, los israelíes habían construido una planta de reprocesamiento de plutonio secreta debajo del reactor. Para las inspecciones, montaron una sala de control falsa con paneles y dispositivos de medición controlados por computadora, y practicaron extensamente para engañar a los visitantes. El objetivo era convencerlos de que una planta de reprocesamiento químico no existía ni era posible.
La CIA eventualmente descubrió la farsa, pero el acuerdo final llegó en 1969. El presidente Richard M. Nixon y la primera ministra Golda Meir firmaron un pacto secreto: Israel no probaría ni reconocería sus armas, y Estados Unidos dejaría de presionar para que firmara el TNP y pondría fin a las visitas a Dimona. Desde entonces, Israel opera como la única potencia nuclear no declarada de Medio Oriente, un estatus que ahora Irán amenaza directamente con su advertencia sobre Dimona.