Itatí: 400 mil peregrinos desafiaron la lluvia y una frase desde el altar los dejó pensando
¿Qué frase lanzó el arzobispo desde el altar que dejó a los 400 mil jóvenes de Itatí con la cabeza dando vueltas? No fue un consejo cualquiera: el mensaje apuntó directo a las promesas que la sociedad les vende todos los días.
La 47ª Peregrinación Juvenil a la Basílica de Nuestra Señora de Itatí volvió a convertir al pueblo correntino en el epicentro de la fe popular del Nordeste. Unos 400 mil peregrinos llegaron desde distintos puntos del NEA y, pese a las lluvias que marcaron el trayecto entre el sábado y el domingo, sostuvieron el ritmo de la marcha.
El momento cumbre se vivió este domingo a las 9, con la Misa Central en la explanada del santuario. La celebración fue presidida por el arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain, y concelebrada por obispos de las diócesis de Chaco, Misiones, Formosa, Entre Ríos y Corrientes.
La antesala tuvo clima de fiesta: la plaza se colmó de banderas, cantos y música durante la vigilia de miles de jóvenes que llegaron a presentar sus intenciones y pedidos a la Patrona de Corrientes. Hacia la hora de la misa, el cielo dio paso a un sol primaveral que acompañó la asamblea multitudinaria, bajo la consigna «Junto a María nos volvemos a encontrar como Iglesia Sinodal».
Una respuesta al vacío de las cosas materiales
Durante la homilía, el predicador reconoció el esfuerzo de los caminantes y señaló que la Virgen «contempla este gran espectáculo de amor» expresado en una multitud movilizada «con el sacrificio de amor que supuso la larguísima caminata y llovía también». También interpeló directamente a los jóvenes sobre las aspiraciones profundas del corazón y remarcó que María «sueña con el futuro de cada uno de sus hijos» para que sus vidas sean «algo grande, algo maravilloso».
El mensaje episcopal contrapuso esa grandeza espiritual con los espejismos de la cultura de consumo. «No se fija en lo que suele aplaudir la gente, cuánta plata tiene, los premios que se está ganando, fíjate la moto que se compró», planteó el obispo al recordar que el valor de una persona no reside en el estatus ni en las posesiones.
En la misma línea, advirtió sobre la brevedad de las distracciones superficiales: «Las diversiones, las salidas, un teléfono de primera generación o tantas otras cosas materiales… tenemos experiencia de que no llenan el corazón; uno lo puede pasar bien, pero se sigue sintiendo vacío».
«La Virgen es madre de esperanza»
Frente a los temores e incertezas propios de la etapa juvenil, la predicación ofreció un horizonte de aliento. «La Virgen es madre de esperanza. No quiere hijos mirando el futuro como un imposible, como algo sin salidas», aseveró desde el altar, invitando a depositar ante la imagen itateña las dudas, miedos y frustraciones cotidianas.
En ese sentido, recordó que «por más dificultades que haya, el final es siempre feliz; es el cielo y el camino de la vida también es feliz porque Cristo camina a nuestro lado». Para sostener ese trayecto, la homilía remarcó el camino de la oración de corazón a corazón, la adoración eucarística, la confesión frecuente y la caridad generosa. Al citar el ejemplo del joven San Carlo Acutis, se enfatizó la fuerza transformadora de la Eucaristía para moldear vidas alegres y comprometidas con los demás.
El llamado a una santidad auténtica
En el tramo final de la alocución, se lanzó un directo llamado al compromiso espiritual en los ámbitos cotidianos. «Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos», exhortó la homilía, aclarando que ser santo no es un ideal inalcanzable sino «ser católicos que buscan ser auténticos, pensar como cristianos, vivir como cristianos, amar como cristianos, servir como cristianos» en la universidad, el trabajo, la familia o el deporte.
Con la bendición final, las delegaciones proclamaron un nuevo manifiesto juvenil y luego iniciaron el descongestionamiento para emprender el regreso a sus comunidades, cerrando otra jornada histórica de fe en la tierra correntina.
Fotos: gentileza Noticias Itateñas