Jerusalén en Semana Santa: La policía israelí impide al cardenal Pizzaballa celebrar la misa del Domingo de Ramos
En pleno inicio de la Semana Santa, un hecho inédito conmocionó Jerusalén y desató la furia de gobiernos europeos. ¿Qué motivó a la policía israelí a impedirle el paso al máximo líder católico en uno de los lugares más sagrados del cristianismo?
Un hecho sin precedentes marcó el inicio de la Semana Santa en Jerusalén. La policía israelí bloqueó este domingo al Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, cuando intentaba ingresar a la iglesia del Santo Sepulcro para oficiar la misa del Domingo de Ramos. Las autoridades alegaron motivos de seguridad, pero la medida desató una ola de condenas internacionales y fue calificada por la propia diócesis como un “grave precedente”.
Según la oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu, la decisión se tomó por “preocupación” por la seguridad del religioso y su comitiva. Sin embargo, este argumento no logró apaciguar las críticas que llegaron desde varios gobiernos europeos.
¿Qué pasó en la puerta del Santo Sepulcro?
El Patriarcado Latino, la diócesis católica que tiene fieles en Israel, territorios palestinos, Jordania y Chipre, detalló en un comunicado los hechos. Pizzaballa y el custodio se dirigían solos, sin la tradicional procesión multitudinaria que fue cancelada, hacia la iglesia del Santo Sepulcro cuando la policía les impidió el paso.
Ante la negativa, los religiosos tuvieron que dar media vuelta. La consecuencia fue histórica: “Por primera vez en siglos, se impidió a los dirigentes de la Iglesia celebrar la misa del Domingo de Ramos en la iglesia del Santo Sepulcro”, afirmó el Patriarcado.

La diócesis no dudó en calificar el incidente como algo que “constituye un grave precedente” y demuestra “una falta de consideración hacia la sensibilidad de miles de millones de personas en todo el mundo” que miran hacia Jerusalén en estas fechas.
El contexto de restricciones y la reacción de Pizzaballa
El hecho ocurre en un marco de fuertes restricciones de seguridad en Israel. Desde que estalló la guerra en Oriente Medio el 28 de febrero, las autoridades prohibieron las grandes concentraciones, limitando los actos públicos a un máximo de 50 personas, una norma que aplica a sinagogas, iglesias y mezquitas por igual.
La policía israelí justificó su decisión señalando que todos los lugares sagrados de Jerusalén están cerrados desde el inicio del conflicto con Irán. Además, explicaron que la petición del Patriarcado para realizar la celebración “fue revisada y se indicó que no podía ser aprobada” debido a esas restricciones.
Ante la imposibilidad de celebrar en el Santo Sepulcro, el cardenal Pizzaballa ofició la misa del Domingo de Ramos más tarde, en la Iglesia de Todas las Naciones (basílica de Getsemaní), en el Monte de los Olivos. Allí, ante un pequeño grupo de fieles, sus palabras cargaron de simbolismo el momento: “Hoy no llevamos palmas en procesión. En su lugar, llevamos la cruz”.
“La guerra no borrará la resurrección. El dolor no extinguirá la esperanza”, afirmó el religioso, adaptando el ritual a las circunstancias excepcionales.
Una condena unánime desde Europa
La medida de la policía israelí resonó con fuerza en las capitales europeas, generando una reacción diplomática inmediata y contundente.
El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, utilizó su cuenta en X para condenar “este ataque injustificado a la libertad religiosa”. “Exigimos a Israel que respete la diversidad de credos y el derecho internacional. Porque sin tolerancia es imposible convivir”, escribió.
Desde Italia, la primera ministra Giorgia Meloni fue aún más lejos, calificando el hecho como “una ofensa no solo para los creyentes, sino para cualquier comunidad que respete la libertad religiosa”. La firmeza de la declaración italiana se tradujo en una acción concreta: la cancillería anunció que convocará al embajador de Israel para plantear su protesta formal.
Francia, a través de su presidente Emmanuel Macron, también expresó su condena. Macron afirmó que esta decisión se suma a una “preocupante multiplicación de violaciones del estatuto de los Lugares Santos de Jerusalén”, mostrando una inquietud por un patrón de actuación.
Frente a este aluvión de críticas, el primer ministro Netanyahu salió a defender la acción de su policía. Aseguró que no hubo “ninguna mala intención” y que la única motivación fue “la preocupación por su seguridad y la de su comitiva”.
El Patriarcado Latino, por su parte, recordó que los líderes de las iglesias han actuado “con plena responsabilidad” desde el inicio de la guerra, cumpliendo con todas las restricciones. Este incidente, en el corazón de la Semana Santa, deja una profunda herida en el delicado entramado religioso de Jerusalén y plantea serias preguntas sobre el equilibrio entre seguridad y libertad de culto en tiempos de conflicto.