Karina Gorchs volvió de Guatemala: el detalle que marcó su ascenso al volcán Acatenango

Karina Gorchs volvió a la Argentina tras superar un nuevo reto en Guatemala, donde el volcán Acatenango le puso condiciones que no esperaba. La montañista riogalleguense contó cómo logró llegar al punto más cercano al Volcán de Fuego y qué pasó en el camino.

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Karina Gorchs volvió de Guatemala: el detalle que marcó su ascenso al volcán Acatenango
Karina Gorchs volvió de Guatemala: el detalle que marcó su ascenso al volcán Acatenango

La riogalleguense Karina Gorchs regresó a la Argentina tras cumplir un nuevo desafío en Guatemala: ascendió el volcán Acatenango y llegó al punto habilitado más cercano al Volcán de Fuego. En diálogo con Javier Seveso en "Rock and Frío", por Radio Nuevo Día, contó cómo atravesó un recorrido de 46 kilómetros en 22 horas, esperó la habilitación del parque luego de una fuerte actividad volcánica y continuó su viaje por Antigua Guatemala y Tikal, donde tuvo un inesperado encuentro con un jaguar.

El Acatenango, un desafío que comenzó con una espera

Karina Gorchs volvió a desafiar sus propios límites con un viaje que tuvo como escenario principal las montañas y volcanes de Guatemala. La aventura incluyó el ascenso al Acatenango, un volcán de casi 4.000 metros de altura, y una posterior aproximación al Volcán de Fuego.

Sin embargo, el desafío comenzó antes de ponerse las botas. Cuando Karina llegó a Guatemala, el parque estaba cerrado preventivamente debido a una fuerte actividad volcánica registrada durante los días anteriores.

"Habían evacuado los pueblos que estaban abajo y se cerró el parque", recordó durante la entrevista en "Rock and Frío". La situación obligó a modificar el itinerario y esperar durante aproximadamente 72 horas hasta que las autoridades determinaran que las condiciones permitían volver a ingresar.

Karina ya tenía los pasajes y la planificación del viaje, pero decidió viajar igualmente y esperar en el lugar una definición. "Yo dije, me voy igual y veré allí qué hago", contó.

La decisión finalmente tuvo recompensa. Una noche recibió la comunicación de que el parque había sido habilitado y que al día siguiente saldría el primer grupo autorizado. "Obviamente sí, dije que sí. Así que ahí empezó mi aventura", relató.

Para Karina, la posibilidad de enfrentar un desafío de estas características no implica ignorar los riesgos. Por el contrario, considera fundamental que exista información y una evaluación previa de las condiciones. "Si vos me decís, vamos a subir porque está todo evaluado, yo sí acepto", explicó.

La montañista dejó en claro que no busca exponerse innecesariamente y que la seguridad ocupa un lugar central en sus decisiones. "Soy mamá de dos hijas, tengo que volver a mi casa", remarcó.

46 kilómetros, 22 horas y un volcán que se hacía escuchar

El ascenso al Acatenango demandó un esfuerzo considerable. Karina explicó que el recorrido completo alcanzó los 46 kilómetros y se extendió durante unas 22 horas. "Yo no lo había hecho nunca", reconoció al hablar de la exigencia física que implicaba el desafío. Por ese motivo había realizado una preparación específica y entrenado intensamente antes del viaje.

Uno de los aspectos que más la sorprendió fue el contraste de temperaturas. El recorrido comenzaba con unos 30 grados y humedad, condiciones muy diferentes a las habituales en Río Gallegos. Con el ascenso, la temperatura descendía drásticamente y al llegar al campamento base podía ubicarse entre los 6 y 7 grados bajo cero.

"Mi desafío era la temperatura, cómo se iba a comportar mi cuerpo con esa temperatura y la carga", explicó. La mochila también formaba parte del esfuerzo: Karina llevó varios litros de agua, comida y diferentes capas de ropa para adaptarse a las condiciones. Entre los elementos fundamentales estaban la camiseta térmica, el polar, una campera de pluma y una capa cortaviento para protegerse de la humedad.

A medida que avanzaba, además, el volcán comenzaba a hacerse presente a través del sonido. "El sonido es mucho más largo", contó al describir las explosiones que podía escuchar mientras todavía no tenía una visión directa del volcán.

Después de varias horas de ascenso llegó al campamento base del Acatenango, ubicado aproximadamente a 3.500 metros. Allí apareció una nueva decisión: continuar hasta el Volcán de Fuego o permanecer en el campamento. Karina eligió continuar.

El grupo avanzó durante la noche, con linternas frontales y en medio de un terreno que exigía máxima concentración. El punto al que pudieron llegar estaba condicionado por las medidas de seguridad establecidas para la zona. Desde allí, el Volcán de Fuego aparecía como un protagonista imponente de la experiencia.

La montaña también exige saber cuándo detenerse

Una de las particularidades de este tipo de ascensos es que la decisión de continuar no depende exclusivamente del deseo individual. Karina explicó que en determinados tramos los integrantes avanzan encordados y que una persona que decide abandonar puede obligar a reorganizar el grupo.

Por eso, antes de continuar, los guías les piden realizar una autoevaluación. "Tratá de ser lo más sincero posible porque si tenés un margen de duda perjudicás a tus compañeros", explicó.

Durante el ascenso, algunas personas decidieron no continuar. Los grupos eran reducidos y contaban con guías para acompañar a quienes necesitaban regresar, especialmente por las bajas temperaturas y las condiciones del terreno. Karina, en cambio, siguió adelante.

Uno de los detalles que mejor refleja las condiciones climáticas apareció cuando, durante el descenso, quiso comer una banana que llevaba como parte de su alimento. La fruta estaba completamente congelada. "Era un helado de banana", contó entre risas al recordar la situación.

La experiencia volvió a confirmar una idea que Karina viene construyendo en sus diferentes desafíos: llegar a la cima no es necesariamente el único objetivo. En la montaña, la llegada también está asociada a regresar. Según explicó, existe una frase habitual entre quienes practican montañismo: la verdadera llegada se produce cuando se vuelve al punto de partida sin que haya ocurrido ningún inconveniente.

De Perú a Guatemala: una preparación que comenzó a varios miles de metros

El viaje a Guatemala tuvo como antecedente otra experiencia de alta montaña realizada en Perú. Karina había viajado anteriormente a la Cordillera Blanca, donde realizó el Camino de Salcantay y luego ascendió el nevado Mateo. La cumbre alcanzó aproximadamente los 5.400 metros y representó su primera experiencia en hielo y nieve.

"Fue una experiencia increíble", recordó. En esa oportunidad tuvo que utilizar crampones, casco y cuerdas durante el tramo final. También tuvo que aprender a administrar el esfuerzo y comprender que, cuando se avanza encordado, las decisiones individuales tienen consecuencias sobre todo el grupo.

La experiencia en Perú se convirtió así en una preparación tanto física como mental para los nuevos desafíos. Karina reconoce que su vínculo inicial con el deporte estuvo más relacionado con el agua. Sin embargo, en los últimos años incorporó progresivamente la montaña a sus desafíos personales.

Incluso recordó su experiencia en el Everest, donde integró un grupo con personas que tenían una trayectoria mucho mayor en alta montaña. "De las 23 personas, llegamos cuatro y yo fui una de las cuatro", contó. Para ella, esa experiencia también modificó su propia percepción sobre lo que podía alcanzar.

La clave, sostiene, está en prepararse, conocer los propios límites y avanzar sin perder de vista las condiciones de seguridad.

Antigua Guatemala, una ciudad detenida en el tiempo

Después de completar el desafío en el Acatenango, Karina continuó su viaje por Guatemala. Uno de los destinos fue Antigua Guatemala, una ciudad que describió con especial admiración. La localidad está rodeada por volcanes y conserva buena parte de su arquitectura y sus tradiciones.

"Es como volver en el tiempo", describió al referirse a sus calles empedradas, fachadas y construcciones históricas. Antigua también fue un punto de transición antes de continuar hacia Tikal.

La elección del siguiente destino volvió a estar marcada por la aventura. Como no encontraba una combinación de vuelos que le permitiera llegar directamente, decidió viajar durante la noche en colectivo. El recorrido terminó teniendo un imprevisto: el vehículo quedó detenido durante aproximadamente cinco horas en medio de la selva.

Lejos de vivirlo como un problema, Karina lo recuerda como parte de la experiencia. "Fue maravilloso, estuvo muy divertido", contó. Viajaba sola, aunque durante el recorrido pudo compartir el trayecto con otros pasajeros. Finalmente logró llegar a la zona de Tikal y continuar su recorrido hacia el parque nacional.

Tikal y un encuentro inesperado con un jaguar

El viaje hacia Tikal tuvo como objetivo conocer uno de los grandes sitios arqueológicos de Guatemala. Karina llegó hasta el Parque Nacional Tikal, donde pudo recorrer las construcciones mayas y conocer uno de los espacios históricos más importantes del país.

Uno de los lugares que más la sorprendió fue el denominado "Parque de las Voces". Allí, según relató, las características arquitectónicas permiten generar un eco que puede escucharse a gran distancia. "Cuando te ponés entre las dos pirámides y hablás surge como un eco que se escucha súper lejos", explicó.

Pero la experiencia más inesperada ocurrió mientras recorría el parque. Karina se encontró con un jaguar que pasó a unos 80 metros de distancia. El animal caminó frente a ella con absoluta tranquilidad. El guía que la acompañaba le explicó que nunca había logrado registrar un jaguar tan cerca. Karina pudo filmarlo.

El animal la observó durante unos instantes y luego continuó su recorrido por la selva. "Nos miró, giró medio cuerpo y siguió caminando", relató entre risas. El encuentro fue uno de los momentos más memorables de un viaje que comenzó con un desafío deportivo y terminó convirtiéndose también en una experiencia cultural y natural.

Una forma de viajar que combina desafío, cuidado y curiosidad

La experiencia de Karina Gorchs en Guatemala vuelve a mostrar una característica que atraviesa sus viajes: la búsqueda de desafíos personales sin perder de vista la preparación y el respeto por el entorno.

La montaña ocupa ahora un lugar importante dentro de ese recorrido, aunque el agua continúa siendo parte de su identidad deportiva. "Yo soy del agua", reconoció durante la entrevista, aunque admitió que las experiencias de alta montaña la atraparon.

El viaje también volvió a demostrarle que desplazarse sola no necesariamente significa sentirse sola. Karina explicó que suele conocer personas durante sus recorridos y que esos encuentros forman parte de la experiencia. "Yo nunca me siento sola viajando sola", afirmó.

Su manera de afrontar estos desafíos está marcada por la atención permanente al entorno. Observa dónde pisa, cómo responde su cuerpo, cuándo necesita descansar y qué ropa debe utilizar según las condiciones. "No tengo miedo cuando viajo, soy cuidadosa", resumió.

Desde el ascenso a más de 5.000 metros en Perú hasta el recorrido por un volcán activo en Guatemala, pasando por Antigua y Tikal, el viaje terminó siendo mucho más que una prueba física. Fue también una experiencia de aprendizaje, naturaleza, historia y encuentros inesperados.

Karina volvió a Río Gallegos con una nueva historia para contar y con otro desafío superado, pero también con la misma convicción que parece acompañarla desde hace años: prepararse, respetar los límites y animarse a conocer qué hay del otro lado de aquello que todavía no se intentó.

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