Kicillof blindado: se niega a tener vocero económico y confía en su chapa de Conicet
¿Por qué Kicillof se niega a tener un vocero económico? La respuesta está en su ADN de investigador y en la presión de la izquierda. Los detalles de una estrategia que divide al peronismo.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof rechaza la idea de sumar un vocero económico a su equipo, convencido de que su formación como investigador del Conicet y economista le basta para comunicar la estrategia del peronismo. Así lo revelan dirigentes que dialogan con él y su entorno, quienes aseguran que en La Plata no quieren saber nada con girar al centro, al menos por ahora.
Mientras figuras como Aníbal Fernández, Juan Manuel Olmos y Victoria Tolosa Paz impulsan un acercamiento al centro y hablan directamente con Cristina Kirchner y otros gobernadores, Kicillof se mantiene firme en su postura. “Por algo Pichetto peregrina a San José 1111, no a La Plata”, ironizan fuentes partidarias.
¿Una doctrina irreductible?
Según quienes lo conocen, el mandatario bonaerense tiene una convicción irreductible que lo vuelve impermeable a cualquier renovación de la estrategia económica que el kirchnerismo impulsó en los últimos 20 años. Su perfil de economista doctrinario neomarxista, forjado en el Conicet, es visto como un activo por el progresismo intelectual, que celebra tener a “uno del palo” conduciendo el peronismo, aunque eso signifique llevarlo a la ruina.
En su entorno consideran que el propio Kicillof puede cumplir el rol de vocero económico, y que no es momento de girar al centro hasta que se consagre su candidatura. Una decisión que, para algunos analistas, revela un error de cálculo: priorizan evitar críticas del trotskismo y La Cámpora antes que recuperar la confianza de los votantes hartos de la irresponsabilidad económica.
La sombra de la izquierda y el conflicto FATE
El crecimiento de Myriam Bregman y el trotskismo preocupa en La Plata. El conflicto de FATE fue aleccionador: inicialmente las críticas del gremio SUTNA apuntaban a Milei, pero con el tiempo se enfocaron en Kicillof, a quien la izquierda considera su principal rival electoral. La conclusión en el gobierno bonaerense fue endurecer el discurso contra la apertura económica y abrazar el nacionalismo autárquico, renunciando a cualquier renovación doctrinaria.
Así, el peronismo se encuentra atrapado en un juego de espejos: de un lado, la izquierda exige coherencia anticapitalista; del otro, Milei y su “ultraderecha fascista” avanzan con el apoyo de figuras como Peter Thiel. En ese contexto, Kicillof apuesta a ser el escudo nacionalpopulista que proteja a los votantes del “tecnofascismo”, sin ceder un ápice en su ortodoxia.