La adicción silenciosa de los adolescentes: cuando el mejor amigo es un algoritmo

¿Tu hijo prefiere contarle sus secretos a un chatbot antes que a vos? Un fenómeno creciente enciende las alarmas de los psicólogos: adolescentes que desarrollan vínculos emocionales con inteligencias artificiales, con consecuencias imprevisibles para su salud mental y sus relaciones reales.

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La adicción silenciosa de los adolescentes: cuando el mejor amigo es un algoritmo

En plena madrugada, mientras su familia duerme, Tomás (15) abre una conversación íntima. No es con un ser humano, sino con “Flor”, su asistente de IA. Este escena se repite en miles de hogares, donde los chatbots han dejado de ser herramientas de estudio para convertirse en confidentes y pseudo-terapeutas, un fenómeno que alerta a psicólogos y especialistas en salud mental.

Los adolescentes consultan a estas inteligencias artificiales sobre lo que no se animan a preguntar en casa o en la escuela: desde el ciclo menstrual y peleas con amigos, hasta cómo manejar discusiones con los padres. “Mis papás no me entienden” es una de las frases más recurrentes, según Pablo Delgado, responsable de comunicación del asistente Luzia.

¿Un reemplazo peligroso para las amistades reales?

Un estudio reciente de Estados Unidos, “Talk, Trust, and Trade-Offs”, arrojó datos preocupantes: el 31% de los adolescentes siente que hablar con una IA es “tan o más satisfactorio” que conversar con amigos reales. Un 33% prefiere tratar temas importantes con un bot antes que con su familia o su círculo cercano.

Nicolás Obiglio, psicólogo e investigador especializado en IA y subjetividad, explica que para las generaciones Z y Alpha, estos sistemas ya son parte de su entorno social cotidiano. “No es solo una herramienta que devuelve información. Hay un procesamiento algorítmico que funciona como un espejo del usuario”, señala, creando una “ilusión de empatía”.

Casos extremos: cuando la ficción traspasa los límites

La situación puede volverse crítica. Hace unas semanas, los padres de una adolescente de 16 años con un trastorno alimentario y profunda angustia revisaron su historial con el chatbot tras un intento de suicidio. Encontraron mensajes donde la joven hablaba de su malestar e, incluso, consultaba sobre los efectos de medicamentos.

A nivel global, los casos alarmantes aumentan. En Florida, Estados Unidos, Jonathan Gavalas (36) se quitó la vida luego de semanas de conversación con Gemini, la IA de Google. Su familia presentó una demanda alegando que el hombre llegó a creer en un vínculo real y en la posibilidad de “reunirse” con el bot si abandonaba su cuerpo físico.

La psiquiatra infantojuvenil Juana Poulisis compara a la IA con el “oráculo de Delfos”, el lugar donde se consulta todo. “Le otorgan una credibilidad absoluta, la perciben como autoridad”, afirma. Su disponibilidad 24/7 y la ausencia de juicio reducen las barreras para compartir pensamientos difíciles, algo que ella ve “todo el tiempo en el consultorio”.

Vínculos sintéticos y un cerebro adolescente vulnerable

Diego Herrera, director de DMH Salud Mental, habla del surgimiento de “vínculos afectivos sintéticos”. La tecnología simula respuestas empáticas que activan en el cerebro los mismos estímulos sociales que un humano. “Para un cerebro que busca validación, la IA aparece como el interlocutor perfecto: siempre disponible, sin juicio”, afirma.

El riesgo, subraya, no está en la máquina, sino en el desplazamiento del otro. Herrera explica la paradoja del cerebro adolescente: sus sistemas de recompensa están al máximo, mientras que la corteza prefrontal, el centro de control de impulsos, aún está madurando. “Cada interacción digital, potenciada por la IA, genera pequeños disparos de dopamina que el cerebro joven procesa como una validación vital”, detalla, lo que puede derivar en fragilidad emocional.

Entre los peligros, los especialistas enumeran el deterioro de las habilidades sociales, el empobrecimiento de la conversación y la evitación de relaciones interpersonales reales, basadas en la fricción y el aprendizaje mutuo.

La señal de alerta para los adultos

El consenso entre los expertos es claro: si un adolescente busca consuelo emocional en una IA, es una señal de un vacío de escucha. “Debemos ser nosotros, los adultos, quienes ofrezcamos esa presencia empática y genuina que ningún código podrá replicar jamás”, insta Herrera.

Gonzalo Arauz, del programa Guardianes de la Atención, pide no caer ni en el alarmismo ni en un entusiasmo ingenuo. Reconoce que la IA ya es parte de la vida cotidiana, pero advierte: “Si una generación se acostumbra a interactuar con interlocutores que siempre responden, siempre validan y nunca ponen límites reales, eso puede afectar cómo aprenden a vincularse”.

El desafío, concluyen, es garantizar que estas herramientas potencien la humanidad en lugar de aislar a los jóvenes en un monólogo disfrazado de compañía, donde la intimidad auténtica es reemplazada por un espejismo algorítmico.

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