La advertencia de un especialista que puede cambiar cómo mirás a alguien de tu familia
¿Qué señal que suele pasar desapercibida mencionó un especialista en suicidología y que muchas familias recién notan cuando ya es tarde?
Marcelo Mandri, titular de la Red Argentina de Suicidología, dialogó con Tardes con Voz por Voz Radio 103.7 en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, y dejó una idea que incomoda: la prevención no puede quedar solo en manos de psicólogos y psiquiatras. Familia, amigos, compañeros de trabajo y hasta los medios también tienen un rol.
“El suicidio es un tema difícil de abordar. En realidad, en los medios de comunicación lo que se debe hablar es de prevención del suicidio”, planteó Mandri, que viene insistiendo con que el foco no debe estar en los detalles de los casos sino en las herramientas para evitar que ocurran. Existen lineamientos internacionales y nacionales que desaconsejan difundir datos personales, describir métodos o atribuir públicamente una única motivación.
Una problemática que no tiene una sola causa
El especialista definió al suicidio como multicausal y biopsicosocial. Es decir, no hay una explicación única ni puede reducirse a lo psicológico. “Si bien hay circunstancias de carácter psicológico que tienen mucho que ver con la problemática, también las hay de carácter social”, señaló.
Por eso, subrayó que la prevención debe ser comunitaria. “Todos desde cada uno de nuestros lugares podemos contribuir a la prevención”, afirmó, y mencionó a organizaciones barriales, escuelas, familias y ámbitos laborales como espacios clave para detectar cambios, escuchar un sufrimiento y facilitar el acceso a ayuda profesional.
Las estadísticas: más datos, pero también más personas
Mandri explicó que en los últimos años mejoraron los sistemas de recopilación de información en Argentina. Antes de 2015, recordó, había jurisdicciones que directamente no enviaban datos o tenían registros incompletos, por lo que comparar series históricas exige cautela.
Eso no significa que no haya un crecimiento real de casos, aclaró: sostuvo que el incremento se registra tanto en el país como en el mundo, aunque parte de la diferencia estadística responde a la mayor capacidad de registrar los hechos. “No tenemos que descuidar nunca que no son números, son personas”, advirtió.
Durante la entrevista también surgió la comparación con otras causas de muerte violenta, como los siniestros viales. Mandri se preguntó por qué hay campañas permanentes de seguridad vial y, en cambio, son escasas las sostenidas específicamente para prevenir el suicidio. “¿Cuántas campañas de concientización social vemos para la prevención del suicidio? Pocas”, dijo.
Adolescentes y adultos mayores, los grupos que más atención requieren
Según lo que explicó Mandri, se registran más suicidios consumados entre varones y más tentativas entre mujeres. Pero además hay franjas etarias especialmente expuestas: la adolescencia, atravesada por cambios emocionales y sociales profundos, y los adultos mayores, un grupo que muchas veces no se asocia de inmediato con esta problemática.
En los mayores, advirtió, pueden aparecer señales que pasan inadvertidas: abandonar tratamientos, dejar de tomar medicación o descuidar deliberadamente la salud. A eso se suman las expresiones reiteradas de desesperanza, cansancio vital o deseos de no continuar, sobre todo si vienen acompañadas de cambios concretos en los hábitos de cuidado.
De los problemas a la crisis: cómo se desata el proceso
Mandri describió un camino posible. Todo empieza con una acumulación de problemas que cualquiera puede atravesar. Cuando esas dificultades se sienten imposibles de resolver, se transforman en conflicto y “la emocionalidad empieza a pesar más que la razón”. Si el proceso avanza, aparece una crisis con fuerte inestabilidad emocional y, sin acompañamiento, pensamientos cada vez más negativos: que todo sale mal, que no hay solución o que uno mismo es el problema.
Recién después puede surgir la ideación suicida. Entender ese recorrido, dijo, permite actuar antes y detectar señales en una conversación cotidiana. Y cuestionó un prejuicio instalado: “La persona que piensa en el suicidio no quiere morir. Lo que no quiere es vivir de la manera que está viviendo”.
También remarcó que no hay que minimizar ningún pedido de ayuda. “Cuando una persona manifiesta intenciones de quitarse la vida no está llamando la atención caprichosamente, sino que es su forma de pedir ayuda y nunca hay que desestimar ningún pedido de ayuda”, sostuvo.
“Pedir ayuda está bien. Es la mejor forma para que cuando una carga se pone pesada y no podemos solos o solas, nos acompañen”, agregó.
Más profesionales, pero también más red comunitaria
Sobre el final, Mandri reconoció que la demanda de atención en salud mental es grande y que faltan recursos. “Necesitamos mucho más porque la demanda es grande”, afirmó. Pero insistió en que sería un error depositar toda la responsabilidad en el sistema sanitario.
“Si la persona tiene un buen abordaje terapéutico, pero después no tiene acompañamiento social, ese abordaje que se realiza desde lo clínico no va a ser lo efectivo que se pretende que sea”, explicó. La atención profesional es indispensable, pero necesita una red de contención alrededor: vínculos familiares, amistades, instituciones y espacios comunitarios.
La prevención, resumió, empieza por hablar responsablemente del tema, escuchar sin minimizar, reconocer señales, facilitar el acceso a ayuda especializada y entender que nadie debería atravesar una crisis en soledad.
Dónde pedir ayuda en Río Negro
Para recibir asistencia urgente o asesoramiento en prevención del suicidio, estas son las líneas disponibles:
0800 999 0091: Línea Telefónica Nacional Gratuita para Orientación y Apoyo en la urgencia de Salud Mental.
0800-345-1435: Centro de Asistencia al Suicida (C.A.S.).
Web de Nación: Abordaje integral de la problemática del suicidio.