La advertencia de una economista sobre lo que viene para la economía argentina
Una economista llegó a Salta con un mensaje que incomoda: la estabilidad no puede depender de ganar elecciones. Mientras la inflación cede, el costo de estirar la deuda ya trepó al 15% y la economía real sigue a dos velocidades. ¿Qué advierte para 2027?
La economista Marina Dal Poggetto pasó por Salta y dejó un diagnóstico que invita a pensar: la Argentina enfrenta un 2026 con inflación que rondará el 30% y un crecimiento de apenas 2%, pero el verdadero desafío estará en lo que ocurra de acá a 2027.
En el marco del evento Hablemos de lo que viene: semana de la industria, la especialista planteó dos escenarios posibles para los próximos años, que dependen de cómo se combinen la normalización financiera, la economía real y la política.
Fuerzas que ordenan o desordenan
Según Dal Poggetto, el primer escenario es el de las "fuerzas centrípetas": la normalización financiera encauza la actividad, mejoran las expectativas y el horizonte se alarga. El segundo, en cambio, es el de las "fuerzas centrífugas": la economía no termina de despegar, caen las encuestas, se complica la gobernabilidad y vuelven las dudas sobre la deuda.
En el medio, la economista ubicó un factor clave: la existencia o no de un prestamista de última instancia ante un eventual balotaje en 2027, y cómo se ordene la oferta electoral frente a lo que el mercado llama "el abismo".
Un dato que consideró central es el costo de extender la deuda en dólares del Tesoro. La tasa implícita para estirar un año el financiamiento, tomando como referencia un bono que vence en octubre de 2027 y otro similar en noviembre de 2028, pasó de alrededor del 11% en julio al 15% actual.
El problema del horizonte
Para Dal Poggetto, detrás de esos números se esconde una cuestión estructural: el "horizonte". Las empresas necesitan previsibilidad para decidir, y un programa de estabilización no puede depender indefinidamente de ganar elecciones.
"Lo que no es normal es que cada vez que llegamos a una elección estemos discutiendo lo que estamos discutiendo", planteó. En ese sentido, sostuvo que los programas de estabilización requieren estabilidad macroeconómica, funcionamiento de la economía real y gobernabilidad, y que el alargamiento del horizonte no dependa solamente de un resultado electoral.
Al analizar la herencia recibida por el actual Gobierno, recordó que la inflación mensual era cercana al 12%, con fuertes distorsiones de precios relativos, una economía cerrada, tasas de interés negativas y una brecha cambiaria que promediaba el 70%, con picos del 200%.
El programa aplicado combinó ajuste fiscal, reorganización financiera de la deuda y cambios en el esquema monetario. Las reservas netas pasaron de unos US$11.800 millones negativos a alrededor de US$2.600 millones negativos, después de una compra de unos US$9.000 millones. Pero la estabilización, advirtió, necesita trasladarse a la economía real: recuperar el crédito, mejorar los ingresos y lograr que el empleo y la actividad reaccionen.
El contexto externo y la "historia de dos velocidades"
En el frente externo, Dal Poggetto fue optimista: "el mundo nos está ayudando", dijo, con un Brent cercano a US$100, soja en torno a US$480 y trigo en US$290. Estimó que Argentina exportará este año más de US$100.000 millones, con una balanza comercial cercana a US$28.000 millones, frente a US$11.000 millones el año anterior. Y sumó el potencial de Vaca Muerta.
Sin embargo, señaló que la disponibilidad de dólares convive con una fuerte demanda privada y que todo ese esquema depende de que se logre alargar el horizonte. Al pasar a la economía real, describió una "historia de dos velocidades": minas y canteras (que incluyen la actividad petrolera), el sistema financiero y el agro aparecen entre los sectores dinámicos, mientras construcción, industria y comercio permanecen estancados.
Esos sectores dinámicos representan alrededor del 15% del PBI y el 9% del empleo directo, por lo que no alcanzan por sí solos para traccionar toda la actividad. Dal Poggetto también vinculó la debilidad de la economía real con la pérdida de ingreso disponible, el endeudamiento de los hogares y una inversión que todavía no despega.
En cuanto a los proyectos bajo el RIGI, señaló que los anunciados alcanzan US$126.000 millones, los aprobados rondan los US$36.000 millones y que, según el Gobierno, la inversión efectiva habría sido de unos US$1.800 millones, frente a un compromiso teórico cercano a US$4.000 millones mensuales durante los primeros dos años.
"Las exportaciones crecen pero no me alcanzan. La inversión todavía está cayendo", sostuvo.
Qué puede pasar en 2027
Para 2027, Dal Poggetto volvió a plantear dos caminos: uno con fuerzas centrípetas y ordenadoras, con menor riesgo país, inflación entre 24% y 26% y crecimiento moderado; otro con fuerzas centrífugas, asociadas a mayor volatilidad, menor crecimiento y dificultades para refinanciar los vencimientos de deuda. Advirtió además sobre el límite de endeudamiento de los hogares.
Su conclusión volvió sobre el horizonte: "Ojalá esta vez sea distinto, pero que el escenario económico dependa de un resultado electoral es insano. En algún momento tiene que haber algún grado de acuerdo", finalizó.
Para la especialista, contar con un "horizonte" es condición necesaria para que un programa económico funcione en el tiempo. Sin previsibilidad, las decisiones de inversión se vuelven difíciles de sostener. Y sin algún acuerdo político que extienda el horizonte, la Argentina seguirá discutiendo lo mismo en cada elección.