La amenaza que ronda la primavera sanjuanina y puede arruinarle la cosecha al productor

Si tenés viñedos o frutales en San Juan, agosto a noviembre es la ventana crítica. El ingeniero Carlos Albors explica qué métodos de defensa existen y cuáles son los más usados en la provincia, pero hay un detalle que pocos productores tienen en cuenta y que puede hacer la diferencia.

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La amenaza que ronda la primavera sanjuanina y puede arruinarle la cosecha al productor
La amenaza que ronda la primavera sanjuanina y puede arruinarle la cosecha al productor

La llegada de la primavera trae para los productores de San Juan una preocupación que se renueva cada año: las heladas tardías. El ingeniero agrónomo y docente universitario Carlos Albors, especialista en el tema, explicó a Diario de Cuyo cómo anticiparse, qué métodos de protección existen y qué hacer cuando el daño ya está hecho.

Qué se considera una helada tardía

Según la definición técnica, se considera helada tardía a toda aquella que se registra después del 15 de julio. Para San Juan, en la práctica, eso abarca agosto, septiembre, octubre y, en años puntuales, noviembre, con el antecedente de la llamada "helada de Todos los Santos".

El daño se produce porque en esa época la vid y la mayoría de los frutales ya florecieron y brotaron. El mecanismo es simple: el descenso de temperatura por debajo de cero grados genera hielo dentro de las células de los tejidos más jóvenes, que tienen alto contenido de agua, y provoca su ruptura. "La que se congela y la que produce el daño es el agua", resumió Albors.

El calendario de riesgo según cada cultivo

El riesgo no es uniforme: desciende de forma progresiva a medida que avanza la primavera, pero se cruza con el momento en que cada variedad inicia su ciclo. Las de brotación temprana, como las uvas Flame y Superior, ya muestran parrales en inicio de brotación en zonas primicias como Pocito o Albardón, lo que las expone de lleno a las semanas de mayor riesgo.

En el otro extremo, variedades como cereza, Pedro Giménez o moscatel, que requieren más horas de frío y brotan más entrado octubre, logran eludir buena parte del período crítico. "Para hablar de helada tardía depende mucho de qué cultivo estamos hablando, de las condiciones que hay en los lugares y de la variedad", explicó el especialista.

Métodos activos: cuándo conviene cada uno

Albors describió tres métodos activos de protección, que implican un consumo de energía y dinero para generar calor artificial. El más utilizado en la provincia es la calefacción con quemadores, que funcionan con residuos de poda y requieren de personal que se levante entre las dos y las tres de la madrugada para encenderlos.

Los ventiladores, que mezclan el aire frío del suelo con el más templado de las capas superiores, ganan terreno en los cultivos nuevos de pistacho. Se controlan de forma remota mediante alarmas de temperatura crítica y, aunque la inversión inicial es mayor, "se amortiza bastante bien en producciones que son rentables" según Albors.

El riego por aspersión, que aprovecha el calor que libera el agua al congelarse, es el menos usado en San Juan: "hay solo un par de productores que lo tienen", dijo, por la gran cantidad de agua que requiere. Es una técnica más habitual en Río Negro.

Métodos pasivos: dos prácticas de bajo costo

También hay opciones que cualquier productor puede implementar sin invertir en equipamiento. Una es mantener el suelo desnudo, libre de malezas y compactado, para que absorba mejor el calor solar durante el día y lo libere de noche. La otra es regar la finca con anticipación a una helada pronosticada, nunca el mismo día del evento, ya que el agua en el suelo hace que se enfríe más lento.

Qué hacer después del daño

Cuando la helada ya ocurrió, Albors recomienda esperar a que el daño se manifieste por completo, cuantificarlo con un tasador si hace falta y recién entonces decidir si conviene intervenir. En cultivos con capacidad de rebrote, como la vid, el objetivo es sostener la planta con riego y fertilización para que llegue en condiciones a la próxima temporada.

Si el daño afectó los racimos pero no las raíces, la planta suele generar mucho follaje, que puede sombrear las yemas y comprometer la fruta del año siguiente. En ese caso, hay que controlar la fertilización nitrogenada y el manejo de plagas y enfermedades.

Los desafíos pendientes

Para Albors, a San Juan le falta transformar los datos meteorológicos en información útil. "El dato está, pero hay que procesarlo, porque si no, no me sirve", sostuvo. También planteó la necesidad de evaluar científicamente qué métodos son aplicables en el contexto de escasez de agua y energía que atraviesa la provincia, y buscar variedades que escapen a los períodos de mayor riesgo.

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