La argentina que convirtió una moto 150cc en su hogar y ya recorrió más de 125.000 kilómetros
¿Es posible convertir una moto 150cc en un hogar y recorrer más de 125.000 kilómetros? La historia de “Penny Ryder” revela los secretos de una vida nómada por las rutas argentinas, los pueblos escondidos que visitó y el momento en que supo que no podría bajarse nunca más.
Julia Turner decidió que su vida no transitaría por caminos convencionales. Con 32 años y conocida en redes como “Penny Ryder”, esta mujer argentina ha transformado los más de 40.000 kilómetros de rutas nacionales en su patio trasero, recorriendo el país de punta a punta sobre una moto de baja cilindrada. Su historia es un testimonio de cómo el trabajo remoto y una pasión inquebrantable pueden redefinir el concepto de hogar.
Su odisea comenzó mucho antes de subirse a una moto propia. De chica, viajaba con sus padres en auto durante las vacaciones y sentía una fascinación especial por las motos que veía pasar en la ruta. Esa curiosidad de la infancia se materializó a los 23 años, cuando la invitaron por primera vez como pasajera en un viaje de 150 kilómetros. “En ese momento dije: ‘Esta sensación que me encanta, quiero vivir de esta manera'”, recordó Julia. Ese fue el punto de inflexión que la llevó a organizar su vida para estar “todos los días en la ruta”.
¿Cómo arrancó esta aventura sin fin?
Antes de recibirse, Julia emprendió su primer viaje sola en moto. Fue un trayecto de prueba, de 580 kilómetros de ida y lo mismo de vuelta, desde Bahía Blanca hasta Cipolletti, donde viven sus abuelos. Eligió un camino que conocía de sus viajes familiares. Lo que no sabía era que, desde ese momento, la ruta se convertiría en su lugar en el mundo y ya no podría bajarse de la moto.
En los más de cinco años que lleva viajando, estima haber superado los 200.000 kilómetros en total. Con su moto actual, una 150cc equipada para la vida nómada, ya acumula más de 125.000 kilómetros. Y el recorrido sigue: le faltan solo dos provincias, La Rioja y Catamarca, para completar su objetivo de recorrer todo el país. Una vez que lo logre, su plan es expandirse y lanzarse a recorrer toda Latinoamérica. “No me lo perdería por nada”, afirmó.
Los destinos secretos que pocos conocen
Julia no busca los destinos turísticos tradicionales. Su fascinación está en los rincones escondidos del mapa argentino. “La gente piensa que la Argentina son los destinos turísticos y nada más, pero hay muchísimos pueblos pequeños con historias muy interesantes. Esos son los que más me gustan: los lugares escondidos y difíciles de llegar”, explicó.
En Tierra del Fuego, fue más allá de Ushuaia y llegó hasta Península Mitre, una zona de difícil acceso y poca intervención humana. Para llegar, recorrió 4.000 kilómetros de ripio. Allí encontró minas de oro, estancias abandonadas y represas de ríos del sur con seguridad. “Muchas cosas misteriosas. Fue el mejor destino porque estaba muy despoblado”, recordó.
En el extremo norte, en Jujuy, visitó El Angosto, un pequeño pueblo ubicado en el límite con Bolivia. “Es tan chico que mucha gente cree que el país termina antes, pero siempre hay un pueblito más allá”, contó sobre ese lugar remoto.
La logística de una vida sobre dos ruedas
El trabajo remoto es el pilar que le permite sostener este estilo de vida. Siempre que tenga conexión a internet y electricidad, puede trabajar desde cualquier punto del país. Sus ingresos, que rondan los 1000 dólares mensuales, le alcanzan para cubrir monotributo, obra social, seguro, patente, combustible y otros gastos. “No tengo un estilo de vida ostentoso, no me doy muchos gustos”, admitió.
Rara vez se aloja en hoteles o casas alquiladas. Prioriza los campings y la vida al aire libre, aprovechando las comodidades de los campings municipales y parques nacionales, que suelen ofrecer duchas, internet y servicios básicos. “Hoy se puede viajar con muchas comodidades en la Argentina”, aseguró.
Con el tiempo, aprendió a optimizar cada centímetro de su moto. “Es mi casa. Todo está organizado de manera milimétrica: cada cosa tiene su lugar”, describió. Cada compartimento cumple una función específica: cocina, dormitorio, almacenamiento. Un sistema perfectamente engranado para vivir en movimiento constante.
Los encuentros que marcan el camino
Entre sus recuerdos más valiosos, Julia destaca la ayuda inesperada que ha recibido en rutas alejadas. “Se me rompió la moto varias veces y siempre apareció alguien a ayudar. Es como si cayera un ángel del cielo”, contó. No solo recibió asistencia mecánica, sino también gestos de hospitalidad: personas que le ofrecieron un lugar para dormir o le recomendaron talleres en pueblos remotos.
Uno de los episodios más curiosos ocurrió cuando viajaba de noche y vio una moto detenida en medio de la ruta. Se bajó a ayudar y el joven conductor le explicó que se había quedado sin combustible. Julia le compartió nafta, pero la situación tenía un detalle inesperado. “Me dijo: ‘Necesito llegar con las gallinas’. Cuando miré bien, tenía tres bolsas con gallinas adentro. Era del campo y las estaba llevando. No lo podía creer”, relató entre risas.
La recepción en los pueblos aislados es siempre cálida. “Cuando vas a conocer un lugar tan aislado, te tratan con mucha amabilidad porque estás yendo voluntariamente. No es lo mismo si vas por trabajo o algo específico. Se alegran mucho”, destacó. La gente, contó, se pone muy feliz y le ofrece todo lo que tiene: techo, comida, agua, cualquier cosa que necesite.
Un futuro sobre el asfalto
Julia reconoce que en otro momento de su vida imaginó un camino más tradicional. “A los 18 pensaba en casarme, tener hijos y la casa propia. No quiere decir que no pueda pasar más adelante, pero hoy elijo esto”, reflexionó. El movimiento se ha convertido en parte fundamental de su identidad. “Me hace muy feliz y no me imagino sin viajar. Más adelante veré qué quiero hacer”, agregó.
Por ahora, su rumbo está claro: completar las dos provincias que le faltan en Argentina y, luego, cruzar las fronteras para explorar Latinoamérica. Con un trabajo estable que le permite operar desde cualquier lugar, una comunidad que sigue sus travesías y una familia que la apoya, todo indica que Julia Turner, “Penny Ryder”, seguirá escribiendo su historia kilómetro a kilómetro, sin planes de apagar la moto en un futuro cercano.