La artesana que recuperó un oficio que solo hacían los hombres y desconcertó a su comunidad
¿Cómo hizo una mujer de Bariloche para recuperar un arte que estuvo 100 años en manos de los hombres de su comunidad? Su respuesta cambió la historia de la platería mapuche.
Verónica Quintupuray tiene 41 años, vive en Bariloche y hace seis años se propuso algo que nadie había intentado antes en su comunidad: devolverle a las mujeres mapuches el arte de la platería. «Soy la primera en mi comunidad que, después de 100 años, ha recuperado este oficio ancestral que siempre estuvo a cargo de hombres principalmente», contó a Río Negro.
Su comunidad es Lof Quintupuray, ubicada en el Lago Correntoso, a 20 minutos de Villa La Angostura. Allí nació y se crio, y desde ahí decidió convertirse en un puente entre el territorio y la ciudad.
Su emprendimiento se llama «Inarümen rütxan», que en mapuzungun significa «la acción de observar para crear conocimiento» y «forjar y trabajar el metal». Para ella, cada pieza tiene un sentido profundo: «Para nuestra cultura, la platería es protección; no solo un ornamento».
De la curiosidad al oficio
El camino no fue sencillo. «Tuve que aprender la técnica y comprar herramientas. Pero, a la vez, me preguntaba qué estaba haciendo. Así, me vinculé, viajé, investigué sobre la filosofía de nuestro pueblo y el concepto que tenía cada pieza», relató. En ese proceso, destacó la generosidad de mapuches y no mapuches que le transmitieron sus saberes.
Se contactó con el platero chileno Juan Antonio Painecura y en Bariloche intercambió conocimientos con la reconocida joyera Gloria Benavídez. También se formó en talleres de redes sociales, inteligencia artificial y hasta fue seleccionada entre los 30 mejores emprendimientos provinciales por el Banco Patagonia.
Piezas únicas, con historia
Verónica combina técnicas ancestrales y contemporáneas. Trabaja plata 925, alpaca, bronce y cobre, y suma mostacillas, piedras y monedas antiguas. «Un mundo tan globalizado en el que todo se hace a mansalva, yo propongo piezas únicas», afirmó.
Además de aros, anillos y collares, elabora piezas ceremoniales personalizadas: «Hago piezas estrictamente para ceremonias, con un valor espiritual. Son trabajos personalizados que me piden las lamngen. A través de una charla, conozco a la persona, entiendo en qué momento de su vida lo va a usar y consulto sobre su territorio».
Su objetivo es llegar a mapuches que se autorreconocen como tales, a quienes buscan reencontrarse con su identidad y también a los no mapuches. «Aspiro a llegar a las nuevas generaciones para que puedan llevar su identidad con orgullo. Estamos en una ciudad intercultural y para poder fomentarla, tengo que llegar a otro público. A turistas, por ejemplo, que quieran llevarse de regalo una pieza con historia que forma parte de la identidad regional», expresó.
Expone sus piezas en el Puerto San Carlos, en la Casa de los Artesanos y en su comunidad. También integra colectivos de mujeres: en Neuquén trabaja en la prevención de la violencia contra mujeres y niñeces en las comunidades, y en Bariloche forma parte de Kultruneras, un colectivo de restitución sonora.
Fue seleccionada entre 270 mujeres artesanas iberoamericanas para un curso de artesanía digital en la Universidad de Colombia e integra el Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas, una red que articula organizaciones de 23 países.
«La platería no es solo un oficio ancestral sino una forma de aportar en el proceso de revitalización cultural que vive mi comunidad y demostrar que estamos vivos. Estamos acá y reafirmamos que somos mapuches contemporáneos», concluyó.