La autopsia digital que dejó al descubierto la escalada de violencia antes del femicidio

Los mensajes intercambiados antes del crimen revelaron una escalada de violencia que nadie imaginaba. ¿Qué fue lo que encontraron los abogados en esa “autopsia digital” que dejó helados a todos en la sala?

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La autopsia digital que dejó al descubierto la escalada de violencia antes del femicidio

Una audiencia de tres horas en Salta reconstruyó minuciosamente los mensajes entre José Figueroa y Mercedes Kvedaras, revelando el deterioro del vínculo y la violencia previa al crimen. Los abogados Jorge Ovejero y Juan Casabella Dávalos presentaron chats, audios y discusiones extraídos del celular del imputado, en lo que se definió como una verdadera “autopsia digital” de la relación.

El teléfono de la víctima no pudo ser desbloqueado debido a restricciones del sistema iOS, pero el dispositivo de Figueroa permitió acceder a la totalidad de las conversaciones. Esto dejó al descubierto una secuencia sostenida de hostigamiento, control y agresiones verbales que fueron creciendo en intensidad con el paso de los días.

¿Cómo comenzó la fractura?

A partir del 12 de julio de 2023, la fractura de la relación comenzó a hacerse explícita. Mercedes Kvedaras intentó inicialmente mantener un tono conciliador: “Solo decirte que al margen de enojo, odio, bronca. Solo tengo buenos sentimientos y recuerdos cuando pienso en nosotros”. La respuesta de Figueroa, sin embargo, marcó un quiebre emocional: “Pese a que me duele un montón, no me interesa ni quiero saber en qué andas… solo tristeza”.

Un día después, el 13 de julio, el intercambio escaló hacia acusaciones directas. Mercedes lo confrontó sin rodeos: “Sos un narcisista, toda la vida ejerciste violencia psicológica conmigo”. Figueroa replicó con una inversión del rol de víctima: “Deja de victimizarte y asumir tus mentiras… la que ejerce violencia sos vos”.

¿Qué papel jugó el control?

El 14 de julio apareció otro elemento central: el control. En un audio que fue considerado pieza clave, el acusado admitió que monitoreaba los gastos de la víctima para seguir sus movimientos: “Aparece un gasto en Volta… como que me lo evadiste… me puse yo a maquinar”. En ese mismo mensaje también exigía respuestas y planteaba una supuesta transformación personal: decía haber “cambiado” y ser “mejor”, mientras reclamaba una “respuesta respetuosa”.

A pesar del contexto, la víctima tuvo momentos de vulnerabilidad emocional. El 16 de julio escribió: “Soñé con voz anoche. Fue lindo, te escuchaba la voz”. Sin embargo, el clima de tensión volvió a imponerse. El 19 de julio, una discusión por un gasto odontológico expuso nuevamente el control económico. Mercedes expresó su malestar: “Lo último que me faltaría de mi relación con vos es consultarte a qué dentista tengo que ir”, mientras Figueroa cuestionaba que no utilizara prestadores de la obra social, remarcando el dinero que, según él, destinaban mensualmente. La discusión terminó con una frase tajante de la víctima: “Tema de salud. No te voy a estar preguntando a vos si te parece o no”.

¿Cuál fue el punto crítico?

El punto crítico se registró el 29 de julio de 2023, jornada que fue reconstruida casi minuto a minuto en la audiencia. Entre las 10:36 y las 11:00, Mercedes advirtió que estaba siendo perseguida. El mensaje fue claro: “Estás muy loco, Dios, qué miedo. Estás loco, obvio que te vi”. Figueroa no negó la situación y respondió intentando justificar su conducta: “No me trates ni de loco ni de violento por darme cuenta nada más”. Minutos después, terminó admitiéndolo: “Perdón, perdón, soy un loco. Te perseguí porque te vi salir”.

La víctima insistió: “Te vi que me perseguías… es una locura”, mientras él justificaba el accionar por celos y sospechas: “Saber que te vas a lo del flaco… hay muchos indicios”. Cerca de las 11:00, la conversación se endureció aún más. Figueroa lanzó: “Nunca en mi vida te voy a perdonar. A partir de hoy no voy a volver a hablar con vos”. Luego agregó: “Me destruiste… si te pido que nos separemos ya mismo”.

La escalada verbal continuó al mediodía con expresiones de extrema agresividad: “Hacé tu vida, hacé con tu culo un florero. Me importa un choto”, y descalificaciones como “soreta”, “tóxica” y “mala persona”. Por la tarde, a las 16:35, llegó uno de los mensajes más relevantes para la acusación: “Estás muerta para mí”, frase que fue interpretada como un anticipo simbólico del desenlace.

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Mercedes intentó sostener un canal de diálogo, principalmente por sus hijos: “Lamentablemente soy la madre de tus tres hijos… no les caguemos la vida”. Sin embargo, el conflicto se profundizó cuando comenzaron a aparecer mensajes enviados desde el teléfono de un menor, lo que fue interpretado como una forma de presión. En ese contexto, la víctima expresó: “Nos mataste a todos… destruiste sus vidas”.

¿Qué revelaron los últimos intercambios?

Hacia la noche, el tono del acusado cambió momentáneamente hacia el lamento. En un audio, afirmó: “¿Qué mierda voy a estar preparado? Nada… soy conciliador todo el tiempo”. Pero en medio de ese giro emocional, dejó una de las frases más estremecedoras del expediente: “Siento que te quiero matar y después nada”. La víctima, por su parte, expresó temor por el impacto de las palabras: “Las palabras son muy poderosas. Pueden destruir a alguien”.

Tras ese día, hubo una aparente calma. El 31 de julio, Mercedes escribió: “Quiero que si alguna vez me pensás, sepas que te amé como a nadie en el mundo”, y Figueroa respondió: “No te sientas mal ni culpable… no me debés nada”. Sin embargo, la tensión reapareció el 3 de agosto, en la antesala del crimen. El acusado retomó los reproches por las salidas de la víctima: “¿Todos los días va a ser así?… ¿es necesario que te vayas y queden los chicos solos?”.

El último mensaje registrado, enviado a las 21:36 de ese día, cerró la secuencia con un tono irónico: “Buenísimo que busques tu felicidad… vos metele no más”. Horas después, el intercambio digital se interrumpió definitivamente y dio paso al crimen que hoy es juzgado.

Toda esta reconstrucción fue presentada como una prueba clave dentro del proceso, ya que permite observar de manera directa la evolución de la violencia, desde el control y el hostigamiento hasta la amenaza explícita. La evidencia digital, en este caso, no solo documentó los hechos, sino que se convirtió en uno de los pilares centrales para sostener la acusación.

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