La avispa que llegó en 1980 y ya domina los veranos de la Patagonia: cómo cruzó a Tierra del Fuego
Sociedad · Tierra del Fuego

La avispa que llegó en 1980 y ya domina los veranos de la Patagonia: cómo cruzó a Tierra del Fuego

La avispa chaqueta amarilla ya se instaló en Tierra del Fuego y avanza a un ritmo que no depende de sus alas. Lo que la empuja a cruzar la Patagonia año tras año es algo que hacemos los humanos, y los veranos de la región ya lo sienten.

Un pequeño insecto exótico detectado en el norte de Neuquén en 1980 parecía un caso aislado. Con el tiempo se convirtió en una de las invasiones biológicas más rápidas que registra la historia reciente del país: la chaqueta amarilla (Vespula germanica), una avispa eusocial originaria de Eurasia y el norte de África, ya se asentó en la isla de Tierra del Fuego.

Según los registros, la especie habría ingresado desde Chile y no tardó en establecerse. Hacia mediados de la década de 1980 ya había nidos confirmados en Bariloche, y desde allí comenzó un avance sostenido hacia el sur que terminó por alcanzar el extremo austral del continente.

Un avance de 37 kilómetros por año

Los estudios científicos que midieron la propagación de la Vespula germanica en el territorio argentino calcularon que la especie se desplaza a un promedio de 37,2 kilómetros por año.

La cifra llama la atención si se tiene en cuenta su alcance natural: en condiciones biológicas normales, una reina vuela apenas algo más de 400 metros para fundar una nueva colonia. Esa diferencia enorme entre lo que podría recorrer por sus propios medios y la velocidad real de dispersión deja una conclusión clara: el traslado humano —en cargas, vehículos, equipajes y leña— fue el motor que le permitió saltar barreras geográficas.

El ciclo que multiplica la colonia

Su biología también juega a favor de la proliferación masiva. En primavera, las reinas fecundadas despiertan de la hibernación, construyen los primeros nidos y crían a las obreras iniciales. En verano, la colonia llega a su pico poblacional y puede albergar miles de individuos en un solo avispero. En otoño nacen los machos y las nuevas reinas, que se aparean antes de buscar refugio para pasar el invierno.

Dieta oportunista y daño en la Patagonia

La clave de su éxito está en la alimentación: come de todo. Néctar, frutas e insectos, pero también carnes, carroña y residuos de comida humana. A eso se suma una capacidad de aprendizaje asociativo que le permite memorizar dónde hay comida a través de señales visuales y olfativas.

Su presencia complica varios frentes en la región andino-patagónica. Perjudica la apicultura, interfiere en la cosecha de frutales y arruina la experiencia en áreas de acampe y en los espacios gastronómicos al aire libre. En el ecosistema, compite con agresividad y desplaza a insectos autóctonos.

El riesgo sanitario es otro capítulo: su aguijón liso le permite picar varias veces sin perderlo. Las picaduras son muy dolorosas y representan un peligro serio para las personas alérgicas.

En síntesis: la avispa chaqueta amarilla avanza en el país a más de 37 kilómetros por año, llegó en 1980 y se extendió por toda la Patagonia hasta Tierra del Fuego, con impacto en la apicultura, la fruticultura, el ecosistema y la salud.

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