La bailarina mexicana que cayó en el aeropuerto de Mendoza: lo que la Justicia fue a buscar en su valija
Ana Carmen Sosa Cravioto estaba a punto de subir a un avión en Mendoza cuando Interpol la frenó en seco. La investigan por lavado en México y su apellido arrastra una historia familiar que en su país tiene nombre propio. Lo que la Justicia argentina definirá ahora...
El 27 de agosto de 2026, cuando se disponía a abordar un vuelo rumbo a Chile, Ana Carmen Sosa Cravioto fue detenida en el aeropuerto de El Plumerillo por un pedido de captura internacional. La Policía de Seguridad Aeroportuaria e Interpol ejecutaron la orden emitida en México, donde se la investiga por presunto lavado de dinero.
La mujer quedó a disposición de la Justicia federal mendocina. Tras pasar por una dependencia penitenciaria, su defensa logró que se le otorgara prisión domiciliaria con control electrónico mientras se define si será extraditada.
Un apellido con peso propio
Ana Carmen no es una turista cualquiera. Es hija de Gerardo Sosa Castelán, exdiputado, exrector y expresidente del Patronato de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Su influencia política, universitaria y económica fue tan marcada que en México bautizaron al círculo que construyó a su alrededor como "La Sosa Nostra".
La investigación judicial alcanzó a varios miembros de la familia a partir de 2020. En ese marco se dictaron órdenes de captura contra Ana Carmen y su hermana Adriana. Los pesquisas pusieron la lupa sobre una serie de operaciones comerciales y financieras que, según la acusación, podrían haber servido para mover dinero entre empresas y cuentas vinculadas entre sí.
Las sociedades bajo la lupa
Una de las firmas mencionadas en el expediente es Contabilidad del Siglo XXI. Desde esa sociedad se habrían girado fondos hacia cuentas relacionadas con las hijas de Sosa Castelán. Ana Carmen también tuvo participación en empresas constructoras que quedaron bajo análisis por sus lazos con el entramado investigado.
La causa, sin embargo, tuvo idas y vueltas. En septiembre de 2024, la Justicia mexicana sobreseyó parcialmente a Gerardo Sosa Castelán al considerar que una parte de la acusación no tenía respaldo probatorio suficiente.
La situación de su hija es distinta. Sobre Ana Carmen pesa una orden judicial que derivó en su captura internacional y hay operaciones y sociedades dentro de la pesquisa, pero no existe una sentencia que haya establecido su culpabilidad.
El futuro inmediato, en manos de un juez federal
El trámite de extradición quedó en manos del juez federal Juan Ignacio Pérez Curci, quien deberá resolver el pedido de las autoridades mexicanas y definir el destino de la empresaria.
Más allá del expediente, Sosa Cravioto construyó un perfil alejado de los tribunales. Vivió en varios países, se formó en negocios y en danza, y pasó por instituciones de Canadá, Estados Unidos, México y Reino Unido. Estudió Negocios en Pace University, hizo un MBA en México y una maestría en Londres. En paralelo, se capacitó como bailarina y llegó a crear su propia compañía.
En sus redes se define como interesada en Bitcoin y muestra una vida marcada por mudanzas constantes entre grandes ciudades de América del Norte y Europa. Ese recorrido internacional se topó con la causa mexicana cuando fue detectada en Mendoza y quedó detenida por la orden de captura vigente.