La banca tucumana se achica: el cierre de sucursales que golpea empleos y refleja la crisis del crédito
Los bancos cierran cientos de sucursales a un ritmo acelerado, eliminando miles de puestos de trabajo. ¿Qué está pasando realmente detrás de este ajuste que ya toca a Tucumán? La respuesta mezcla una morosidad récord, la digitalización y una crisis silenciosa en el sector.
Una ola silenciosa de cierres de sucursales bancarias recorre el país y Tucumán no es la excepción, en medio de una crisis de incobrabilidad récord y un cambio drástico en los hábitos de los clientes. Los números oficiales son contundentes: la estructura física de la banca local se redujo en casi 300 sucursales en poco más de un año, un ajuste que ya costó más de 7.600 puestos de trabajo y que se aceleró en este comienzo de 2026. Detrás de esta transformación forzada hay una tormenta perfecta de morosidad creciente, estancamiento del crédito y costos operativos en alza.
La mora general del financiamiento al sector privado alcanzó el 6,4% en enero, según el último dato oficial. Este indicador muestra un avance generalizado, pero es entre las familias donde marca niveles inéditos en dos décadas: los préstamos personales tienen una morosidad del 13,2% y las tarjetas de crédito del 11%. Esta situación obliga a los bancos a incrementar sus previsiones para cubrir posibles pérdidas, en un momento donde los negocios están complicados.
¿Cuántas sucursales cerraron?
La magnitud del ajuste es clara en las estadísticas. La red comercial física de la banca, que a fines de 2023 contaba con 4.414 sucursales en todo el país, cerró 2024 con 4.336 y se redujo hasta las 4.131 hacia fines del último año. Este proceso, que incluyó la pérdida de 7.683 puestos de trabajo en los últimos dos años, se profundizó en esta primera parte de 2026. El 62% de esos despidos se verificaron solo en el último año.
El fenómeno no es nuevo; se inició con el cambio de hábitos forzado por la pandemia y se potenció con fusiones entre grandes entidades, como Galicia/HSBC y Macro/Itaú, que buscaron eliminar duplicidades. Sin embargo, la tendencia se dinamizó fuertemente en el último año, cuando la demanda de financiamiento –muy dinámica entre mediados de 2024 y 2025– comenzó a frenarse, mientras la incobrabilidad crecía.
La explicación de los bancos y la voz de la alerta gremial
Desde las entidades, el argumento principal apunta a la digitalización y la eficiencia. “Hoy la afluencia a sucursales cayó muy fuerte y no tiene mucho sentido mantener sucursales, en muchos casos, emplazadas en locaciones no propias y con alquileres muy caros”, explicaron en off desde una entidad privada líder. Otra entidad detalló que actualmente el 90% de las transacciones se realizan de manera digital, por lo que la inversión se concentra en mejorar ese canal y en las corresponsalías (puntos físicos de atención con acuerdos comerciales).
No obstante, más allá de esta explicación general, admiten que el ajuste natural sumó otro motor urgente: la necesidad imperiosa de reducir costos. Esta readecuación, generalizada pero encabezada por los bancos que cotizan en Bolsa, hizo sonar las alarmas en La Bancaria. El gremio declaró el “estado de alerta y movilización” ante los recientes procesos de achiques y denunció “políticas de persecución, aprietes y hostigamiento” en algunos casos, “para provocar despidos baratos”.
El crudo análisis financiero detrás de la crisis
El analista y exdirector del BCRA, Pablo Curat (de CML&A), puso números a la presión que sufren los bancos. Explicó que “el ratio Previsiones/Cartera Irregular de los bancos cayó del 159% al 94% en 2025. Al ser menor al 100%, cualquier peso adicional que entra en mora impacta directamente y de forma plena en el estado de resultados del mes, y hoy los gastos en provisiones por incobrabilidad se ‘comen’ más del 75% del resultado neto”.
Este contexto se agrava por regulaciones que obligan a los bancos a tener inmovilizada la mayor cantidad de pesos captados del público en los últimos 30 años, y por las pérdidas financieras que debieron anotar en el tercer trimestre por el desplome en la cotización de los bonos en cartera. El ajuste de estructuras refleja, en definitiva, los problemas de una economía real que crece solo en algunos sectores, mientras el empleo formal cae y los salarios vuelven a perder contra la inflación.