La Banda tiene once bibliotecas populares y una profesora reveló qué deben hacer para no cerrar
Carmen Rouanet conoce como pocas el interior de las bibliotecas populares de La Banda. En el día que se celebra su existencia, la ex presidente de la Domingo Bravo lanzó una advertencia que nadie esperaba escuchar.
La profesora Carmen Rouanet, ex presidente de la biblioteca Domingo Bravo, puso el foco en el futuro de las bibliotecas populares de La Banda en el marco del Día Nacional que se conmemora cada 23 de septiembre. Su diagnóstico es contundente: si no cambian, desaparecen.
La fecha recuerda la promulgación de la Ley 419 de 1870, impulsada por Domingo F. Sarmiento y Nicolás Avellaneda, que dio origen a la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares). En ese contexto, Rouanet repasó la historia local y el rol actual de estas instituciones.
Un nacimiento atado al ferrocarril y a los inmigrantes
El surgimiento de las bibliotecas populares en La Banda está ligado al crecimiento de la ciudad, a las corrientes migratorias y a la llegada del ferrocarril. También a la unión de vecinos que buscaban democratizar el acceso al conocimiento y fomentar la lectura.
Al principio, estas salas no solo prestaban libros: funcionaban como espacios de educación no formal, centros de resistencia cultural, debate político e integración entre los nuevos habitantes que se instalaban en la ciudad.
Hoy existen once bibliotecas populares en La Banda: Juan Bautista Alberdi, Bernardino Rivadavia, Absalón Rojas, Narciso Laprida, Conrado Juárez, Domingo A. Bravo, San Martín, Luis Orieta, Nilda Alderete, Río Dulce, Independencia y Pellegrini.
El golpe del decreto que vació de poder a la CONABIP
Según el Decreto Nacional N° 345/2025, la CONABIP perdió su autonomía funcional y financiera al quedar como una unidad organizativa bajo la órbita de la Secretaría de Cultura. La norma deshace el carácter federal de su integración al disolver su composición, crea un Director Nacional y suma un Consejo Asesor con cinco miembros elegidos a dedo por el Secretario de Cultura.
De esa manera, el presupuesto y toda decisión sobre asignación de fondos que sostenía programas, plazas y proyectos quedan en manos de la Secretaría.
Socios que ponen el cuerpo y la plata
En la actualidad, las bibliotecas populares se sostienen con socios voluntarios que también sufren la situación económica. Deben organizar eventos sociales para recaudar fondos y cubrir gastos generales: luz, agua, gas, compra de muebles, computadoras y todos los elementos tecnológicos que exige la transformación.
El préstamo de libros ya no alcanza: estas instituciones se convirtieron en centros activos de integración comunitaria, memoria histórica y dinamización cultural en los barrios.

Los cambios que no pueden esperar
Para Rouanet, el cambio fundamental es dejar de ser solo depósitos de libros físicos y transformarse en centros comunitarios vivos y digitales. Los ejes de esa transformación incluyen:
* Alfabetización digital y tecnológica.
* Espacios de co-working y encuentro.
* Catálogos de libros electrónicos y audio-libros.
* Creación de espacios de no solo consumo.
* Redes y financiamiento sostenibles.
Del guardián del libro al faro digital
La comparación entre ambos modelos es clara. La biblioteca tradicional tenía como rol ser guardiana y prestamista de libros, con un socio lector pasivo y silencio estricto. Las computadoras fijas solo servían para buscar información y el sostenimiento financiero dependía al 100% de los subsidios estatales.
La biblioteca del futuro, en cambio, se plantea como conectora comunitaria y faro digital. Apuesta a la colaboración, el co-working y el debate, con un socio creador de contenidos, estudiante y voluntario. El financiamiento llegará por alianzas mixtas, proyectos de impacto social y mecenazgo, y la tecnología será de conectividad total, apoyo y herramienta de creación.