La beba que huyó de los nazis y terminó como vecina de Rosario
Una beba judía escapó de los nazis en barco, sobrevivió en un gueto de China y llegó a Rosario por amor. Una historiadora rosarina rescató su testimonio y lo convirtió en un libro que se presenta en la Feria. ¿Cómo terminó una familia alemana refugiada en Shanghái?
La historia de Ruth Herzberg, sobreviviente del Holocausto, se transformó en un libro que se presenta este jueves en la Feria del Libro de Rosario. Nació en Berlín en 1938, escapó con su familia a China, sobrevivió en el gueto de Shanghái y llegó a la ciudad por amor. La historiadora Mónica Liliana Burgos recuperó su testimonio en Ruth, paraíso en Shanghái.
Entre los miles de títulos que se exhiben en la Feria Internacional del Libro de Rosario, hay una biografía que se destaca. No solo por lo que cuenta, sino por cómo llegó a existir. Una historiadora rosarina conoció por casualidad la existencia de una mujer judía que había sobrevivido al nazismo en un gueto chino y vivía en la ciudad. Se contactó con ella, construyó una amistad y logró que su testimonio quedara plasmado en un libro.
La autora es Mónica Liliana Burgos, y la protagonista, Ruth Herzberg. El libro se llama Ruth, paraíso en Shanghái y será presentado el próximo jueves 15 de octubre a las 16, en el espacio abierto del entrepiso del Centro Cultural Fontanarrosa, con la presencia de Belkis Hammerschlag.
Una búsqueda que empezó con un dato casual
Burgos supo de la existencia de Ruth por un compañero de curso de Historia en Buenos Aires. "Esta persona me contó que en Rosario había una sobreviviente del gueto de Shanghái y a partir de ahí inicié una búsqueda para poder hallarla", relata la autora. Después de un tiempo, alguien que la conocía le dio su teléfono. La llamó, se reunieron en su casa y, según recuerda, encontró a una persona muy cálida con la que construyó una gran amistad.
El libro tiene dos partes bien diferenciadas. Una primera sección de carácter histórico sobre el gueto de Shanghái, un enclave poco conocido en Occidente donde unos 20.000 judíos encontraron refugio durante el nazismo. La segunda es casi una transcripción textual de los testimonios de Ruth, con algunos agregados.
De Berlín a Shanghái: la huida
Ruth nació en Berlín en 1938, en el seno de una familia judía. Cuando tenía apenas nueve meses, sus padres decidieron huir a China en barco. El padre había sido detenido y enviado al campo de concentración de Sachsenhausen. En el libro, Ruth describe cómo volvió de ese infierno: delgado, demacrado y con la cabeza rapada, como tantas veces el cine retrató a los prisioneros de los campos.
Su liberación estuvo condicionada a que abandonara Alemania. La madre asumió entonces la tarea de conseguir la documentación y los pasajes para que los cuatro integrantes de la familia pudieran escapar. "Cuando comienza la etapa en que se tenían que ir de Alemania, se barajaron muchas posibilidades, pero la mayoría de los países cerraron las puertas a la mayoría de los judíos", explica Burgos.
Shanghái era una excepción: permitía el ingreso de refugiados sin exigir visa. Según el Museo del Holocausto de Estados Unidos, unos 17.000 judíos alemanes y austríacos llegaron a la ciudad durante la persecución nazi. La familia Herzberg emprendió un viaje en barco que incluyó un recorrido por el sur de África y llegó a destino aproximadamente dos meses después.
Pero la ciudad que los recibió también se convirtió en un lugar de confinamiento. En febrero de 1943, las autoridades japonesas establecieron una zona de residencia obligatoria para refugiados apátridas en el sector de Hongkew. Allí quedaron concentradas miles de personas en condiciones de hacinamiento, con dificultades para acceder a alimentos, medicamentos y trabajo. Así nació el gueto de Shanghái.
A diferencia de los guetos nazis en Europa oriental, como los de Varsovia, Cracovia o Vilna, el de Shanghái no formó parte de un programa de exterminio sistemático. Sin embargo, sus residentes padecieron severas privaciones, restricciones de movimiento y la incertidumbre de una guerra cuyo final desconocían. Ruth pasó allí buena parte de su primera infancia y logró sobrevivir junto a su familia.
El fin de la guerra y la búsqueda de un nuevo hogar
En 1945 terminó la Segunda Guerra Mundial, pero para los Herzberg las dificultades no cesaron. "Ellos salvan su vida en el gueto de Shanghái. Cuando termina la Segunda Guerra Mundial, viven la euforia del sobreviviente, que, descripta por la psicología, es un estado de gracia que dura muy poco, porque luego aparece la pregunta sobre cómo y dónde seguir", cuenta Burgos.
La familia viajó en un barco de guerra hasta San Francisco, en Estados Unidos, donde pretendían establecerse, pero no pudieron quedarse. Luego llegaron a la Argentina, pasaron por el Hotel de los Inmigrantes y encontraron nuevas dificultades para ingresar. Su siguiente destino fue Paraguay, desde donde finalmente consiguieron entrar a Buenos Aires. A escondidas, como si fueran delincuentes.
Cuando Ruth aún no había alcanzado la mayoría de edad, apareció el amor: Oscar, un muchacho rosarino que estaba haciendo el servicio militar en Curuzú Cuatiá. Se casaron tiempo después y, tras un breve paso por Israel, se radicaron en Rosario. Él trabajaba en la imprenta familiar y ella en un emprendimiento personal.
Hay un aspecto de su historia que Burgos considera fundamental: Ruth no quiso que el relato de sus padecimientos se convirtiera en una acusación contra los pueblos de los países por los que había pasado. Por el contrario, conservaba un profundo agradecimiento hacia quienes la ayudaron. "Ella se ocupó, cuando leíamos los borradores del libro, de que no hubiera nada que opacara su agradecimiento a los chinos, japoneses y argentinos que le dieron la posibilidad de desarrollar su vida aquí", recuerda la autora.
Una memoria que tardó en encontrar las palabras
La historia de Ruth no llegó de inmediato al libro. Como ocurre con muchas personas que atravesaron experiencias traumáticas, hubo recuerdos que necesitaron décadas para ser digeridos y contados. Otros quedaron guardados para siempre. Burgos llevaba años investigando el Holocausto y había viajado a Israel para profundizar sus estudios. En 2014 comenzó a tomar forma la idea de escribir un libro, pero recién en 2019 logró encontrarse con Ruth.
De aquellos encuentros nació una amistad que permitió avanzar sobre una historia personal atravesada por acontecimientos que también pertenecen a la memoria colectiva de la humanidad. "Me llevó un tiempo poder estructurar el libro, por eso tiene una parte de historia pura, lisa y llana, y después se entra en la memoria de Ruth. Y sus memorias son prácticamente las palabras de ella textuales. Es bien testimonial, salvo algunos agregados", señala Burgos.
La confianza entre ambas también tuvo límites. Burgos entendió que no todos los recuerdos podían compartirse públicamente y respetó esa intimidad, aun cuando algunos episodios hubieran aportado dramatismo al relato. "Hay muchas cosas que Ruth no quiso contar o no pudo contarlas, y otras que contó y, porque eran fuertes, preferí dejarlas en la intimidad", confiesa.
Herzberg falleció hace dos años, pero alcanzó a participar en la lectura de los borradores de la obra que recuperaría su historia. Su testimonio quedó preservado en un libro que, según la intención de Burgos, pueda llegar no solamente a los especialistas, sino también a estudiantes secundarios, universitarios y lectores interesados en conocer las experiencias de quienes sobrevivieron al Holocausto. "La intención es que llegue masivamente a la gente, que pueda ser usado en la universidad, estudiantes de últimos años de la secundaria, de los amantes de la historia, por los interesados en historias de sobrevivientes", sostiene.
Ruth, paraíso en Shanghái fue publicado por Editorial Prometeo y está disponible en la librería Paradoxa. La presentación será este jueves 15 de octubre a las 16 en el espacio abierto del entrepiso del Centro Cultural Fontanarrosa, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Rosario. La autora estará acompañada por Belkis Hammerschlag.
Ruth ya no estará allí para escuchar cómo se cuenta su historia, pero su libro será su mayor legado. Aquella beba que salió de Berlín en brazos de su familia, que encontró refugio en una ciudad china y que atravesó medio mundo antes de llegar a Rosario, consiguió finalmente algo más que un lugar donde vivir: encontró un hogar. Y gracias a Burgos, también encontró una manera de que su historia venza al paso del tiempo.