La calera de Sarmiento ya produce a pleno y mira al mercado externo, pero hay dos obras que pueden cambiarle el futuro a la empresa y a toda la zona. Una es clave para sacar la producción; la otra, para que las máquinas no se frenen.
La puesta en marcha del horno Matilda en la planta de Calera San Juan, en Cienaguita, departamento Sarmiento, cerró un ciclo de inversiones que la firma inició en 2016 y que le permitió superar las 600.000 toneladas anuales de capacidad de producción de cal.
El nuevo equipo es el cuarto horno MAERZ de tecnología suiza que incorpora la compañía. Antes llegaron Nilda (2018), Aylén (2021) y Luana (2024). Con 44 metros de altura, estos hornos mejoran la eficiencia térmica y reducen el impacto ambiental del proceso industrial.
La expansión no se limita a la maquinaria: la empresa sumó proveedores locales y puso en marcha iniciativas de sustentabilidad como la forestación del predio y el desarrollo de una planta fotovoltaica.
Capitales belgas y una demanda en alza
El socio mayoritario es la belga Carmeuse, que adquirió el 80% de las acciones. El grupo Cabanay conserva el 20% restante y sigue al frente de la gestión ejecutiva.
Esa asociación abre perspectivas comerciales y financieras, sobre todo ante las expectativas de expansión de la minería del cobre. La cal sanjuanina tiene chances de fortalecerse en los mercados de Argentina, Chile y Perú.
Los dos cuellos de botella
Pero la oportunidad choca con obstáculos estructurales. La empresa prioriza la construcción y mejora de la Ruta Nacional 153, un corredor estratégico para bajar costos logísticos, facilitar el traslado de la producción y ampliar las exportaciones. Sin vías adecuadas, las distancias y los tiempos operativos se convierten en desventajas competitivas.
El otro frente es el gas natural. La capacidad de los gasoductos está exigida y sus limitaciones pueden condicionar nuevas inversiones y restringir la expansión industrial. Asegurar el abastecimiento energético es clave para acompañar el crecimiento de las caleras y de los proyectos mineros que demandarán más volumen de este insumo.
San Juan tiene el desafío de transformar sus recursos minerales y su capacidad industrial en desarrollo sostenido. Para lograrlo no alcanza con celebrar la llegada de tecnología ni con atraer capitales: hace falta que las obras públicas sigan el ritmo de la inversión privada.
La inauguración de Matilda demuestra que hay decisión empresarial para crecer. Ahora la pelota está del lado del Estado: sin rutas estratégicas ni energía suficiente, el potencial exportador de la provincia corre el riesgo de quedar atado a las mismas carencias que el desarrollo provincial necesita superar.