La canción que los entrerrianos cantan de memoria y casi nadie sabe quién la escribió

Hay una canción que en Entre Ríos se canta de memoria en escuelas, peñas y festivales, y que llegó a pedir un lugar que muy pocos conocen. Lo que dice su letra sobre la provincia explica por qué sigue sonando.

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La canción que los entrerrianos cantan de memoria y casi nadie sabe quién la escribió
La canción que los entrerrianos cantan de memoria y casi nadie sabe quién la escribió

“¡Entrerriano! Pa’ lo que gusten paisanos, en un apretón de manos se va toda la amistad”. Así arranca “Soy entrerriano”, la obra de Linares Cardozo que se convirtió en referencia de la identidad provincial y que muchos consideran el himno de Entre Ríos, aunque no tenga ese rango oficial.

Detrás de ese nombre artístico está Rubén Manuel Martínez Solís, músico, compositor, poeta, pintor y educador nacido en La Paz. La letra y la música le pertenecen, y en sus versos aparecen las imágenes que arman el imaginario entrerriano: el Montiel, los arroyos, las lomadas, el ñandubay, el caranday, los pájaros y una identidad atravesada por la tradición federal.

Un paisaje que no es postal

En la obra de Cardozo el paisaje nunca funciona como simple decorado. Es una forma de mirar y habitar la provincia. El monte, los caminos, los arroyos, los animales y las personas que aparecen en sus canciones construyen un territorio reconocible y, al mismo tiempo, una memoria: la de una Entre Ríos rural, ribereña, musical y atada a sus tradiciones.

Esa mirada vino acompañada de un trabajo de investigación y difusión. Cardozo recorrió la provincia, observó sus expresiones populares y se dedicó a preservar músicas, danzas y costumbres del patrimonio cultural entrerriano. Su vínculo con la chamarrita fue clave en un momento en que ese género empezaba a ganar otra dimensión dentro de la música popular de la provincia.

La chamarrita ocupa un lugar central en la construcción de una identidad musical entrerriana. No es solo un ritmo para bailar: alrededor de ella se reunieron músicos, investigadores, bailarines, docentes y comunidades que encontraron ahí una manera de reconocerse. Cardozo fue una de las figuras fundamentales de ese proceso y llevó esa identidad a escenarios y públicos mucho más amplios.

Una canción que dejó de tener dueño

Sus canciones lograron algo que no siempre ocurre con las obras del folklore: trascendieron a su propio autor. Fueron interpretadas, enseñadas, compartidas y transmitidas entre generaciones. Así, una canción escrita por una persona termina formando parte de una memoria colectiva.

Eso explica por qué “Soy entrerriano” provoca una reacción distinta en quien nació o creció en la provincia. No hace falta conocer toda la obra de Cardozo para reconocer esas imágenes. El río, el monte, las lomadas, los pueblos, los caminos y ciertas formas de nombrar el paisaje son parte de la experiencia cotidiana de miles de entrerrianos.

La identidad no aparece solo en los grandes símbolos. También está en las palabras que se repiten, en las músicas que se enseñan a los chicos, en las fiestas populares, en los bailes, en los escenarios de los festivales y en las canciones que vuelven una y otra vez.

El proyecto que quedó en el camino

“Soy entrerriano” llegó a ser propuesta formalmente como Himno Oficial de la Provincia en un proyecto presentado ante la Legislatura entrerriana. Una iniciativa legislativa no equivale al reconocimiento cultural que una obra alcanza por sí misma, pero el dato muestra hasta qué punto la canción había adquirido una dimensión que excedía a su autor.

Ahí está una de las claves de su permanencia. No es solo una canción que habla de Entre Ríos: usa elementos de la provincia para construir una declaración de pertenencia. Decir “soy entrerriano” no describe únicamente un lugar de nacimiento. También expresa una manera de reconocerse en un paisaje, en una historia y en una cultura.

Una obra que sigue sonando

Linares Cardozo murió en Paraná en 1996, pero su obra continúa circulando. Sus canciones siguen presentes en encuentros, homenajes y celebraciones donde se transmite la cultura entrerriana. Su nombre quedó ligado a una manera particular de contar la provincia: desde sus raíces, pero también desde una sensibilidad que convirtió lo cotidiano en materia artística.

“Soy entrerriano” no necesita estar en las plataformas más escuchadas ni sonar todos los días en la radio para mantenerse vigente. Alcanza con que alguien la vuelva a cantar en una escuela, en un festival, en una peña, en un acto o en una reunión familiar. En esa transmisión sencilla, la canción pasa de una persona a otra hasta convertirse en parte de una memoria compartida.

Cada generación puede encontrar nuevas formas de interpretarla, pero conserva ese reconocimiento inicial: estar escuchando algo que habla de su propia tierra. Así, la canción deja de vivir en una partitura o en una grabación y empieza a vivir en quienes la cantan, la enseñan, la bailan y la recuerdan.

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