La carne se vuelve un lujo: el consumo en Argentina cae a niveles nunca vistos en 20 años
El consumo de carne en Argentina se desploma a su punto más bajo en 20 años. ¿Qué está obligando a los argentinos a cambiar lo que ponen en su plato y qué límite invisible cruzaron los precios?
El plato de los argentinos está cambiando a la fuerza. El presidente de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (CAMyA), Ariel Morales Antón, lanzó una advertencia contundente: el consumo de carne atraviesa su nivel más bajo en dos décadas. Una combinación explosiva de precios elevados, caída del poder adquisitivo y escasez de oferta está redefiniendo los hábitos alimenticios en todo el país.
Ariel Morales Antón fue claro al describir el escenario actual: “Estamos en una caída del consumo en relación a otros años. Varios factores, muchas variables”. Entre las causas principales, el especialista destacó la escasez de hacienda y el deterioro del ingreso real de las familias.
¿Qué está pasando en los mercados?
“Hay una falta importante de hacienda gorda en la oferta en los mercados”, explicó Morales Antón. Este problema de base se potencia con una realidad económica compleja para los consumidores: “La carne hoy tiene un valor alto para el asalariado”. La situación se agrava por un contexto general de incertidumbre: “Hay pérdida de empleo, gente que se está quedando sin trabajo y costos fijos de vida altos”.
A pesar de la fuerte caída en la demanda, los precios no habían mostrado una baja sostenida hasta muy recientemente. Sin embargo, el mercado comenzó a dar señales de un ajuste forzado. “Hoy tuvimos una baja importante… quedaron muchos lotes sin vender”, señaló el titular de CAMyA, evidenciando un freno decisivo por parte de los consumidores que simplemente dejaron de comprar.
El consumidor pone un límite
Morales Antón remarcó que el mercado está en un proceso crítico de encontrar un nuevo equilibrio. “La gente le puso un límite al precio en el mostrador”, afirmó, sugiriendo que esta resistencia podría marcar una tendencia en las próximas semanas. Aclaró, no obstante, que el comportamiento futuro dependerá enteramente de la reacción de la demanda: “El que manda en este negocio de oferta y demanda es el consumidor final”.
En paralelo a esta puja de precios, otros productos ganan terreno en la mesa familiar. “El pollo o el cerdo están avanzando sobre la carne y están reemplazando en el plato de los argentinos ese alimento”, afirmó el directivo, confirmando un cambio forzoso en la dieta.
¿Cambio de hábito o de bolsillo?
Consultado sobre si se trata de un cambio cultural en los hábitos, Morales Antón relativizó esa idea y la vinculó directamente al poder adquisitivo. “No sé si es un cambio en los hábitos, sino un cambio en el poder de compra”, insistió. En esa línea, fue categórico al afirmar que la sustitución de la carne vacuna responde a una necesidad económica pura: “Están reemplazados forzosamente por un tema de poder adquisitivo”.
Además, el especialista explicó que la crisis actual tiene raíces profundas en decisiones y ciclos económicos del pasado. “Cuando un producto vale poco, hubo productores que perdieron mucha plata y hubo desinversión”, recordó, señalando que esos períodos de precios bajos derivaron en una caída sostenida del stock ganadero nacional.
Esa falta de oferta estructural sigue siendo un factor determinante para el futuro. “Si no aumentamos el stock en la oferta, no va a bajar nunca”, advirtió con preocupación. Según su análisis, la recuperación de un mercado equilibrado dependerá de dos pilares fundamentales: recomponer la cantidad de hacienda disponible y lograr una mejora real en los ingresos de los consumidores. Un desafío doble que parece lejano en el horizonte económico actual.