La carrera que eligen 6.500 jóvenes argentinos no es la que imaginás: la tecnología quedó muy atrás

¿Qué carrera eligieron los 6.500 jóvenes del último año del secundario que respondieron el relevamiento? Las tres más votadas no tienen nada que ver con la inteligencia artificial, y el porcentaje que reunió la tecnología sorprende.

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La carrera que eligen 6.500 jóvenes argentinos no es la que imaginás: la tecnología quedó muy atrás
La carrera que eligen 6.500 jóvenes argentinos no es la que imaginás: la tecnología quedó muy atrás

Terminar el secundario y decidir qué estudiar es una de las primeras grandes encrucijadas para miles de adolescentes argentinos. La vocación, las expectativas personales y lo que conocen del mundo laboral pesan en esa elección, pero hay un factor que gana terreno: la economía familiar. Con los gastos cotidianos apretando, elegir una carrera también implica calcular cuánto cuesta empezarla y, sobre todo, sostenerla durante años.

Un relevamiento de Junior Achievement Argentina puso la lupa sobre esas preferencias. La investigación, que reunió a más de 6.500 alumnos del último año del secundario dentro del programa Socios, ubicó a Abogacía, Medicina y Administración de Empresas entre las opciones más elegidas. Las profesiones tradicionales siguen mandando en el imaginario adolescente, aun cuando la digitalización multiplica actividades nuevas.

El contraste que sorprende: la tecnología, relegada

El dato más llamativo aparece cuando se mira el otro extremo. Las carreras vinculadas a inteligencia artificial, ciencia de datos y ciberseguridad concentraron apenas el 3,6% de las elecciones registradas. Ese porcentaje abarca específicamente esas especialidades y no necesariamente todas las alternativas de formación tecnológica, pero alcanza para marcar una distancia entre la vidriera que tienen estas áreas en el mundo productivo y el lugar real que ocupan entre los estudiantes.

Desde la organización explican que las decisiones vocacionales se arman con lo que los chicos conocen, ven en su entorno o identifican como una posibilidad cercana. Las tareas de un médico o un abogado se reconocen con facilidad; las de un especialista en ciberseguridad, no tanto. Esa familiaridad moldea el abanico de opciones, aunque el estudio no permite medir cuánto pesa cada factor en una elección individual.

Cuántos estudian y dónde

La magnitud de estas decisiones se ve en el sistema universitario. Ante la falta de estadísticas oficiales más recientes, el adelanto del Anuario de Estadísticas Universitarias 2024, elaborado por la Secretaría de Educación de la Nación, ofrece una referencia: el país registró 2.608.231 estudiantes de pregrado y grado, frente a los 2.567.251 de 2023. De ese total, cerca del 79% cursaba en instituciones estatales y el 21% restante en privadas.

Pero conseguir una vacante no lo es todo. Incluso en las universidades públicas, donde las carreras de grado son gratuitas para los estudiantes argentinos en los términos de la legislación, hay gastos de transporte, alimentación, materiales y conectividad. En las privadas se suman los aranceles, y quien debe mudarse a otra ciudad afronta alquiler y manutención. Esas obligaciones condicionan tanto la elección de la universidad como la posibilidad de terminar los estudios.

Los números de estudiar en una privada

Las diferencias económicas entre propuestas académicas pueden ser enormes. En las universidades privadas, los aranceles varían según la institución, la carrera, la cantidad de materias y la modalidad de cursada. A eso se agregan matrículas, materiales específicos y equipamiento tecnológico, así que el presupuesto no se limita al valor de una cuota.

Los precios publicados por la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), vigentes desde septiembre de 2026, permiten dimensionar esos desembolsos. La Licenciatura en Administración de Empresas tiene un arancel mensual de referencia de $487.523 por un paquete de cinco materias por cuatrimestre. Bajo esa modalidad, Ingeniería Industrial parte de $541.874 y Abogacía, de $582.256. Los importes pueden variar según el turno y las condiciones de cursada, por lo que no representan un promedio del sistema privado.

En las estatales, la falta de aranceles no elimina los compromisos: una computadora, los libros, el transporte diario o los materiales de determinadas disciplinas pueden representar desembolsos importantes. Algunos gastos se concentran al inicio del ciclo lectivo y otros son permanentes, una diferencia clave para organizar las finanzas del hogar y evaluar alternativas de financiamiento.

El peso del endeudamiento familiar

“Uno de los principales desafíos para las familias es organizar los recursos necesarios para acompañar una formación que puede extenderse durante varios años. Por eso, es importante anticipar los gastos, establecer prioridades y evaluar la capacidad económica del hogar para evitar que las obligaciones asumidas terminen afectando su estabilidad financiera”, explica Álvaro Pajon Scocco, CEO y fundador de Red Unisol e integrante del Cluster Fintech Córdoba.

El contexto no ayuda. Un estudio del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), citado por Chequeado, encontró que el 57% de los jóvenes relevados en el Área Metropolitana de Buenos Aires señaló que en sus hogares habían tenido que pedir dinero prestado o recurrir al crédito para cubrir gastos cotidianos. La investigación reunió 946 casos y registró que seis de cada diez participantes reportaron reducciones del consumo familiar.

El endeudamiento es otro termómetro. Según un informe de la consultora Analytica, la irregularidad en los pagos de préstamos entre personas de 18 a 30 años se acercó al 40%, el nivel más alto entre los grupos etarios analizados. El dato corresponde a jóvenes con obligaciones financieras y no significa que cuatro de cada diez universitarios hayan pedido créditos para estudiar, pero muestra los riesgos cuando las cuotas superan los ingresos disponibles.

Las consecuencias sobre la continuidad educativa también aparecen en casos concretos. Associated Press documentó la situación de un estudiante de Derecho de la Universidad de Buenos Aires que no podía afrontar el transporte y los libros para seguir cursando, pese a estar en una institución gratuita. Frente a eso, las becas, los programas de asistencia y las facilidades de pago pueden aliviar parte de las obligaciones.

Los préstamos personales aparecen como alternativa para necesidades puntuales, como comprar equipamiento o cubrir los gastos iniciales de una mudanza. Su conveniencia depende del monto, los ingresos y las condiciones de devolución, sobre todo cuando la familia ya arrastra otros compromisos.

“Antes de solicitar un préstamo personal, hay que conocer la tasa de interés, el costo financiero total y el monto que deberá pagarse mensualmente. La decisión debe partir de una evaluación realista de los ingresos y de la capacidad de devolución, sin perder de vista las demás obligaciones del hogar”, agrega Scocco.

Las carreras con mejor salida laboral

Más allá de los costos, las oportunidades de inserción profesional son otra variable a la hora de elegir. Randstad Argentina identificó 12 carreras y áreas con perspectivas favorables de empleo: Ingeniería, Programación, Enfermería, Ciencia y Análisis de Datos, Logística, Economía y Finanzas, Biotecnología y Ciencias Ambientales, además de Marketing Digital, Ciencias de la Computación, Negocios Digitales y Energías Renovables.

Para la consultora, estas disciplinas se destacan por su vínculo con necesidades empresariales, avances tecnológicos y cambios en los procesos de producción y servicios. Varias oportunidades nacen de la digitalización de actividades que ya existían: la logística incorpora sistemas de seguimiento y análisis de información, y las áreas financieras piden perfiles capaces de trabajar con herramientas tecnológicas y automatización. En salud o energía, la especialización combina conocimientos técnicos, gestión y actualización permanente.

Cuánto pretende ganar un joven hoy

Las expectativas salariales ofrecen otra perspectiva. El último Index de Bumeran, medición del salario bruto promedio pretendido correspondiente a agosto de 2026 y publicado este mes, ubicó el salario pretendido promedio en $1.948.059 brutos mensuales. Para posiciones junior, la cifra fue de $1.427.593; en perfiles semisenior y senior llegó a $1.989.027, y en puestos de jefatura y supervisión ascendió a $2.671.864.

También hay diferencias entre actividades. En posiciones junior, las pretensiones fueron de $1.499.405 en Administración y Finanzas, $1.368.269 en Tecnología y Sistemas y $1.571.490 en Producción, Abastecimiento y Logística. Para semisenior y senior, esos valores treparon a $2.051.071, $1.992.046 y $2.187.505, respectivamente, lo que refleja el peso de la experiencia en cada sector.

Los montos, eso sí, son remuneraciones solicitadas por postulantes y no salarios efectivamente pagados por las empresas. Tampoco equivalen a lo que ganaría automáticamente un recién graduado, aunque sirven como referencia de las expectativas económicas en un mercado donde la especialización, las responsabilidades y la trayectoria marcan diferencias.

Así, la decisión universitaria reúne factores que exceden las preferencias personales. Conocer las posibilidades de empleo y las condiciones económicas de cada alternativa permite armar expectativas más realistas, aunque ninguna proyección garantiza un resultado. Para los estudiantes y sus familias, el desafío es encontrar el equilibrio entre lo que les gusta, los recursos disponibles y la posibilidad de sostener la formación hasta el final.

Por Katiuska Serrano (para Pórtico 8)

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