La carrera que eligió a los 12 años en Oro Verde y hoy la tiene al frente de un centro único en la región

El Cemener cumple 10 años en Oro Verde y la profesional que lo conoce desde adentro cuenta qué cambia para los vecinos de la zona. Hay un proyecto pendiente que podría modificar el acceso a los estudios oncológicos de la región.

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La carrera que eligió a los 12 años en Oro Verde y hoy la tiene al frente de un centro único en la región
La carrera que eligió a los 12 años en Oro Verde y hoy la tiene al frente de un centro único en la región

Jesuana Aizcorbe es bioingeniera y trabaja en el Cemener, el centro de medicina nuclear y molecular que acaba de cumplir una década en Oro Verde. En diálogo con La Mañana de La Red repasó su historia, el rol del establecimiento y los desafíos que todavía quedan pendientes.

El Centro de Medicina Nuclear y Molecular de Entre Ríos (Cemener) combina equipamiento de alta complejidad, formación e investigación con una atención puesta en las personas. A diez años de su apertura, la institución se consolidó como una referencia para quienes necesitan estudios y tratamientos que antes obligaban a viajar.

Una decisión tomada a los 12 años

La relación de Aizcorbe con Entre Ríos empezó mucho antes de sumarse al Cemener. Siendo adolescente, con 12 o 13 años, se enteró de que en Oro Verde se dictaba Ingeniería en Bioingeniería y esa posibilidad le picó la curiosidad por el cruce entre la tecnología y la medicina.

Nacida en Haedo, provincia de Buenos Aires, llegó a la localidad entrerriana en 1995 sin ningún familiar en Paraná. Por entonces Oro Verde era un pueblo mucho más chico y la vida giraba alrededor de la facultad. Tener el estudio y la casa a pocas cuadras fue una ventaja para una carrera que exige muchas horas de cursado.

La experiencia universitaria también fue la de armar una comunidad lejos de su familia. Como la carrera completa se dictaba en pocos puntos del país, buena parte de sus compañeros venía de otras provincias. “Tuve amigos de prácticamente todas las provincias a lo largo de mi carrera. Conozco gente de todos lados”, recordó.

Con el tiempo, Oro Verde dejó de ser solo el lugar elegido para estudiar y se transformó en su casa. Tras ocho años viviendo en Buenos Aires, regresó y volvió a radicarse allí.

Qué es la Bioingeniería y por qué la eligió

La disciplina combina conocimientos de ingeniería con aplicaciones de la salud. Suele asociarse al mantenimiento de equipos médicos en hospitales, aunque el abanico laboral es más amplio: ingeniería clínica, desarrollo de equipamiento, biomateriales para implantes y comercialización de tecnología sanitaria, entre otras salidas.

En su caso, el interés por la medicina nuclear y la radioterapia apareció en los primeros años de cursada. El uso de tecnología nuclear con fines médicos fue el terreno donde quiso construir su carrera, y llegar al Cemener significó trabajar en eso que había imaginado cuando todavía era estudiante.

En 2022 obtuvo el pase para desempeñarse en el centro, después de haber trabajado en Buenos Aires para la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Su vuelta a Oro Verde vino acompañada de una tarea que mezcla la asistencia con la docencia y la investigación.

Diez años de tecnología al servicio del paciente

El Cemener integra una red de centros vinculados a la CNEA, pensada para ampliar el acceso a la medicina nuclear y la radioterapia en distintas regiones del país. Además del entrerriano, hay instituciones en Mendoza, Bariloche, Formosa y Río Gallegos. La idea es acercar tecnología de alta complejidad a lugares donde históricamente esos estudios y tratamientos exigían trasladarse a otras ciudades.

“Para nosotros es importante que el hecho de que Cemener esté en Oro Verde, en Entre Ríos, y no en otro lugar, haga una diferencia para la gente de la zona”, explicó la bioingeniera.

El centro tiene equipamiento para diagnóstico por imágenes y para tratamientos especializados. En diagnóstico recibe pacientes con necesidades variadas, desde estudios oncológicos hasta lesiones articulares. En la parte terapéutica, la actividad está orientada sobre todo a personas con cáncer.

A eso se suman consultorios para la atención integral de quienes atraviesan una enfermedad oncológica: nutrición, psicología, dermatología y cuidados paliativos para el manejo del dolor. La intención es que el paciente resuelva distintas prestaciones en un mismo lugar, con una mirada que contemple lo médico y también lo personal y lo familiar.

La docencia y la investigación son parte de la rutina del centro. Estudiantes de la Facultad de Ingeniería y de otras instituciones hacen prácticas y actividades de formación, con la chance de conocer procedimientos y tecnologías que no están disponibles en todos los establecimientos de la región.

El Centro de la Mujer y los controles que se abandonan

Una de las iniciativas que se incorporaron en los últimos años es el Centro de la Mujer, en funcionamiento desde hace dos años para facilitar los controles ginecológicos y mamarios. Reúne ecografías, mamografías y densitometrías óseas, de modo que las pacientes puedan resolver consultas y prácticas en un solo lugar.

La propuesta responde a un problema concreto: muchas mujeres deben coordinar turnos con distintos profesionales, conseguir órdenes médicas y volver varias veces para completar los controles. Esa cadena puede volverse un obstáculo y llevar a que algunas abandonen el proceso antes de terminarlo.

“Las mujeres tenemos a cargo la mayoría de las tareas de cuidado. Entonces, es muy difícil hacer todo por separado”, señaló Aizcorbe.

El objetivo es simplificar el recorrido, facilitar el acceso a los estudios y aportar a la detección temprana. En el caso del cáncer de mama, la profesional remarcó que identificar la patología a tiempo mejora las posibilidades de tratamiento y recuperación.

Tecnología con cercanía: lo que falta

Al repasar el funcionamiento del Cemener, la bioingeniera destacó el trabajo con los pacientes y con quienes los acompañan, aunque reconoció que hay aspectos por mejorar. Entre las prioridades mencionó el desarrollo de una historia clínica digital que integre los sistemas informáticos y facilite el acceso a la información de cada paciente.

La idea también contempla que las personas puedan consultar sus propios registros médicos y que los datos sirvan para entender mejor los problemas sanitarios de la provincia y aportar a la planificación de políticas públicas de salud.

Otro desafío es la atención de pacientes pediátricos con cáncer. Según contó, profesionales del centro se están formando en el Hospital Garrahan, institución de referencia nacional en el tratamiento de tumores infantiles. Tener recursos especializados en la provincia puede ser determinante para las familias que muchas veces deben trasladarse durante largos períodos para acompañar un tratamiento.

“Cuando hay que acompañar a una persona que está atravesando estos procesos, es algo que desorganiza todo. Entonces, poder tener un centro cerca y saber que vas a poder ir, resolver y que te van a recibir bien, para nosotros es poder llegar a eso”, expresó.

Para la profesional, la ubicación del Cemener en Oro Verde vale más allá de su propia trayectoria: la cercanía con la Facultad de Ingeniería favorece la formación y la investigación, y la presencia de tecnología especializada amplía las posibilidades de atención para la población.

A una década de su puesta en marcha, el desafío es sostener esa capacidad, actualizar los equipos y fortalecer el trabajo con pacientes, estudiantes e investigadores. Todo bajo una premisa que atraviesa su tarea diaria: que la alta complejidad vaya de la mano de una atención humana y accesible.

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