La Casa Rosada aguarda con tensión dos números clave: la inflación que viene y la imagen que se derrumba
El Gobierno enfrenta un doble desafío: un dato de inflación de marzo que se anticipa alto y encuestas que muestran una imagen en caída. ¿Logrará revertir la tendencia o el desgaste se acelera?
El Gobierno nacional observa con máxima atención dos indicadores que podrían definir los próximos meses: el próximo dato de inflación y las encuestas que reflejan un deterioro en la imagen oficial. La promesa de “exterminar la inflación” choca con pronósticos de un marzo complejo y un humor social que se resiente.
El gran desafío económico sigue siendo el índice de precios. El propio presidente Javier Milei fijó una meta ambiciosa al anunciar en la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) que planea “exterminar la inflación” para fines de 2027, al término de su primer mandato.
Sin embargo, la realidad inmediata presenta obstáculos. Pronto finalizará marzo y las consultoras económicas ya realizan sus primeras mediciones sobre cuánto habrá sido la inflación del mes, dato que el INDEC hará público en abril.
Las proyecciones no son alentadoras. Algunas consultoras prevén un 2,8%, aunque admiten la dificultad de que el índice baje, considerando que los meses anteriores cerraron en 2,9% y 3,2%. Otras firmas son más pesimistas y advierten que podría alcanzar el 3,5%.
¿Por qué marzo sería un mes complicado?
Este período se caracterizó por fuertes aumentos en varios frentes. Subió el precio de la carne y se encarecieron nuevamente los combustibles, un impacto directo de factores externos como la guerra en Medio Oriente sobre el valor del petróleo.
Las naftas registraron incrementos que rondan entre el 15% y el 16%, según la consultora que realice la medición. Algunas marcan un 10%, otras un 16%, pero la tendencia alcista es clara. Este aumento, inevitable por el contexto internacional, se traslada directamente a toda la cadena de precios.
Por eso, anticipan que será un mes de inflación alta. Quizás no llegue al 3,5% más extremo, pero un dato cercano al 3% parece inevitable, complicando el camino hacia el “cero inflación” que el Presidente imaginó para agosto.
La otra preocupación: la caída en las encuestas
Paralelamente, en las últimas jornadas se conocieron múltiples sondeos de opinión que mostraron un cambio en el humor social. Se trata de encuestas de diversas firmas, algunas con cercanía al Gobierno y otras más independientes, que en líneas generales coincidieron en un resultado: la imagen del oficialismo cayó.
La baja no solo afecta la valoración personal del presidente Milei, sino también las expectativas de futuro. En 2025, el oficialismo ganó las legislativas con la promesa de que 2026 traería una mejor situación económica. Ese año llegó, pero la mejora en los bolsillos no se materializó.
Cuando se consulta a la gente cómo llega a fin de mes, muy pocos responden que lo logran con holgura. La mayoría reconoce que no llega, que lo hace muy ajustadamente o que necesita endeudarse. Esta situación se refleja también en el aumento de la mora en los pagos de préstamos bancarios.
El descontento persiste pese a que la inflación es más baja que en la etapa anterior, pero aún está presente. Para los analistas, estas encuestas deben leerse como una señal de alerta para el Gobierno.
Un plan que pide más tiempo del que la gente está dispuesta a dar
La respuesta oficial, hasta ahora, no parece ser un cambio de rumbo. Desde el Ejecutivo se insiste en que este plan económico necesita entre cuatro y cinco años para mostrar resultados contundentes. El problema es que la paciencia social se estaría agotando alrededor del segundo año.
Ahí se produce un desacople claro: mientras la gente espera mejoras más inmediatas, la estrategia oficial apuesta a una estabilización primero, para que luego las variables económicas, por sí solas, generen los beneficios. No se prevén, por ejemplo, aumentos salariales generalizados por decreto, ya que eso iría en contra de los principios liberales del plan.
El discurso de austeridad y moralidad del Gobierno también recibe golpes por casos de corrupción, como el de Libra, que aunque es del año pasado resurgió en la agenda, y por los cuestionados viajes del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y su esposa. Si bien su gravedad no se equipara a escándalos anteriores, como los vuelos de la expresidenta Cristina Kirchner, impactan en una administración que se presenta como intachable.