La CGT ya eligió candidato en el PJ, pero le puso una condición

La CGT quiere ser la celestina del PJ y ya tiene un candidato en mente, pero le puso una condición que no todos aceptan. El desenlace de la interna peronista podría cambiar el tablero electoral.

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La CGT ya eligió candidato en el PJ, pero le puso una condición
La CGT ya eligió candidato en el PJ, pero le puso una condición

La CGT apuesta a convertirse en la gran facilitadora del peronismo. Tras consolidar su propia paz interna, la central sindical busca ahora ser la celestina de un acuerdo entre Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa, y beneficiarse del resultado de esa eventual alianza.

La conformidad de los principales referentes sindicales tras la movilización acotada a la Secretaría de Industria, realizada este jueves, se explica en ese marco. Pero puertas adentro hubo todavía más entusiasmo por el clima de concordia que varios dirigentes destacaron del encuentro previo en el sindicato de mecánicos (Smata). Allí solo hubo diagnósticos comunes y palabras amables entre veteranos que alguna vez se recelaron entre sí, como Hugo Moyano (mecánicos), Ricardo Pignanelli (Smata), Gerardo Martínez (Uocra), Andrés Rodríguez (UPCN) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), entre otros.

Más diplomacia que calle

En los últimos tiempos, la CGT fue más efectiva en las labores diplomáticas que en las estrictamente sindicales. Con una reforma laboral cruenta en marcha, obras sociales en coma y poca visibilidad callejera, la central mantuvo un ritmo intenso de reuniones políticas. Los referentes de la conducción encadenaron encuentros con pocas semanas de diferencia con el santiagueño Gerardo Zamora, el sanjuanino Sergio Uñac y el gobernador de La Pampa, Sergio Ziliotto. También hubo contactos con Massa, Máximo Kirchner y el mandatario bonaerense.

En paralelo, siguieron activos los canales con extrapartidarios como Jorge Brito, Daniel Hadad y Dante Gebel, e incluso con radicales como Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti.

El foco en la interna peronista

A pesar de ese abanico de posibilidades, en la 'mesa chica' de la CGT pusieron la atención en la interna del peronismo. Para los dirigentes pasó el tiempo de los experimentos y solo cabe esperar una resolución en el PJ para abordar la campaña electoral, independientemente de quién termine liderando la fórmula. Ya no aspiran a bendecir a un postulante, sino apenas a encolumnarse detrás del que eventualmente surja de un acuerdo o de una primaria.

En las últimas semanas tomó un poco más de fuerza la figura de Kicillof entre los gremialistas, más por decantación que por convicción. A falta de otros confirmados, los movimientos del gobernador tendientes a mostrar voluntad electoral le sumaron puntos a los que ya tenía asegurados de parte de dirigentes como Héctor Daer (Sanidad) y el triunviro Octavio Argüello, hombre de Moyano en la central. El resto, sin embargo, le reclama al mandatario mostrar amplitud y salirse del núcleo que lo rodea, una condición que la CGT suele exigirles a los candidatos para asegurarse espacios electorales y, eventualmente, de gestión.

Sin lugar para Cristina

En los contactos con el kirchnerismo, la dirigencia hizo saber que no aportará a la narrativa de que Cristina debe recuperar la posibilidad de presentarse a elecciones el año que viene. No solo porque siempre mantuvieron una relación tensa con la expresidenta, sino porque, fundamentalmente, no lo creen posible. De lo contrario, la CGT no tendría problemas en alinearse como tantas otras veces en el pasado lo hizo con rivales empoderados.

La supervivencia de las obras sociales

Para el sindicalismo tradicional, la derrota de Javier Milei es un imperativo político, ideológico y, más aún, de supervivencia. Las obras sociales atraviesan la mayor crisis desde el retorno de la democracia, al menos así lo reportan sus directivos. Desde el arranque de la gestión libertaria, son los gremios los que deben sostener el déficit de sus prestadoras de salud generado por la pérdida de empleo, la sistemática derrota de los salarios contra la inflación, el incremento de los valores de remedios y tratamientos médicos y la disparada del peso de la discapacidad en el costo sanitario.

De ninguno de estos problemas se ocupó hasta ahora el ministro de Salud, Mario Lugones, más pendiente de su propia subsistencia en el área por la pérdida de poder de su principal respaldo, el asesor todoterreno Santiago Caputo. Por el contrario, la Superintendencia de Salud concentró su gestión en las bajas de prepagas y obras sociales de los registros oficiales, como si eso pudiera presentarse como un activo ante la sociedad.

Ni siquiera despertó interés en la CGT la salida de Claudio Stivelman de la Superintendencia ni su reemplazo por Horacio Guevara, hasta la semana pasada su gerente general. Unos pocos gremialistas leyeron en ese cambio una derrota de Lugones y un nuevo avance del jefe de Gabinete, Diego Santilli, que de la mano de Karina Milei se quedó en los últimos tiempos con el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), ArSat y Correo Argentino también.

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