La chicharrita del maíz afloja y el campo santiagueño se ilusiona con una campaña clave
La plaga que hizo perder el 20% de la producción nacional de maíz muestra niveles bajos a un mes de la siembra tardía. Qué dicen los números para Santiago del Estero y por qué los técnicos piden no confiarse.
El 53º informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis trajo un respiro para los productores de Santiago del Estero: a un mes del inicio de la siembra de maíz tardío, la presencia del insecto vector se mantiene baja en el NOA y el NEA, las regiones que más inciden en la actividad agrícola local. El relevamiento, publicado el 3 de noviembre de 2026 con datos de la segunda mitad de octubre, muestra que las poblaciones se mantienen reducidas en gran parte del país.
El dato llega después de la crisis sanitaria de la campaña 2023/24, cuando la chicharrita provocó pérdidas cercanas al 20% de la producción nacional de maíz, según la propia Red de Monitoreo. Aquel golpe cambió la forma de planificar: el control sanitario dejó de ser un tema secundario y se volvió central en las decisiones agronómicas.
Santiago del Estero, en la mira de una oportunidad
Para el sector agropecuario santiagueño, los números del informe son especialmente relevantes. En departamentos con fuerte actividad agrícola como Belgrano, Taboada, Moreno, General Taboada, Aguirre y Rivadavia, la evolución de la plaga es una variable que los productores siguen de cerca al momento de definir sus cultivos.
Localidades productivas como Bandera, Quimilí, Añatuya, Los Juríes y Sacháyoj, junto con zonas rurales cercanas, forman parte de una extensa región donde el maíz tiene un peso significativo tanto en la producción de granos como en las cadenas ganaderas.
Los registros actuales permiten proyectar un arranque de campaña con menor presión inicial de la plaga, aunque los técnicos aclaran que todavía es prematuro anticipar rendimientos o resultados económicos.
Los números que ilusionan al sector
El relevamiento muestra diferencias regionales, pero con una tendencia general favorable:
NOA: el 60% de las localidades monitoreadas no registró capturas, mientras que el 21% presentó apenas entre uno y cuatro adultos por trampa. Hubo un ligero incremento respecto del informe anterior, pero los valores se mantienen estables frente al mismo período de 2025.
NEA: el 57% de las localidades no registró presencia del insecto y el 34% se ubicó en la categoría más baja de capturas. El promedio regional subió levemente respecto del informe previo, pero sigue por debajo del registrado un año atrás.
Litoral: el 85% de las localidades estuvo libre de capturas y otro 12% presentó entre uno y veinte adultos por trampa. Un dato clave: el 98% de las trampas se encontraba en lotes con maíz temprano, lo que aporta información sobre la presencia del vector en cultivos implantados.
Centro Norte: las localidades sin capturas pasaron del 86% al 93% entre los dos últimos relevamientos. El 7% restante se mantuvo en la categoría de menor abundancia.
Centro Sur: el 97% de las localidades evaluadas no presentó capturas, consolidando una situación sanitaria muy favorable.
La amenaza que puso en jaque a la producción
La chicharrita del maíz, cuyo nombre científico es Dalbulus maidis, es un insecto pequeño pero con una gran capacidad de generar daños indirectos. Su peligrosidad radica en que transmite patógenos asociados al complejo del achaparramiento del maíz, una enfermedad que afecta el desarrollo de las plantas y puede comprometer seriamente el rendimiento.
Entre sus consecuencias se encuentran la reducción del crecimiento, el acortamiento de entrenudos, alteraciones en hojas y espigas y pérdidas de productividad. La crisis de 2023/24 dejó una advertencia contundente: cuando coinciden una alta población del vector, plantas susceptibles y condiciones favorables para la transmisión, las pérdidas pueden ser extraordinarias.
Cinco medidas para no relajarse
Los especialistas insisten en que el escenario favorable no debe llevar a descuidar las tareas preventivas. Estas son las recomendaciones:
1. Eliminar los maíces guachos: evitar que las plantas voluntarias permitan la supervivencia del vector y los patógenos entre campañas, fenómeno conocido como puente verde.
2. Monitorear desde la emergencia: revisar periódicamente los lotes para detectar tempranamente la aparición del insecto.
3. Consultar los informes regionales: seguir la evolución de las capturas y los datos de infectividad, especialmente en zonas endémicas.
4. Planificar las fechas de siembra: evaluar las condiciones de cada establecimiento y las recomendaciones técnicas para reducir la exposición del cultivo.
5. Definir estrategias de manejo con asesoramiento profesional: considerar las condiciones locales, el estado del cultivo y los umbrales técnicos antes de intervenir.
La ausencia de capturas en una trampa no significa que el insecto haya desaparecido de toda una zona. Tampoco todas las chicharritas son portadoras de los patógenos, por lo que los datos de infectividad son importantes para interpretar el riesgo sanitario.
Un buen comienzo con impacto económico
La posibilidad de iniciar una campaña con menor presión de chicharrita tiene implicancias que van más allá de lo agronómico. Para Santiago del Estero, una campaña maicera exitosa representa movimiento económico en numerosas localidades del interior: transporte de granos, contratación de maquinaria agrícola, servicios técnicos, comercialización de insumos, almacenamiento y abastecimiento de las actividades ganaderas.
En regiones productivas como el sudeste santiagueño, donde el sector agropecuario es uno de los principales motores de la economía local, las expectativas sobre el maíz inciden directamente en la actividad comercial y laboral.
Sin embargo, los datos actuales describen una menor presencia del vector, no una estimación de producción ni una previsión de rentabilidad. El clima, la disponibilidad de agua, las decisiones de siembra y la evolución sanitaria durante el verano serán determinantes.
El desafío: transformar las buenas señales en una campaña exitosa
El 53º informe nacional deja una conclusión importante: la Argentina llega a la antesala de la siembra tardía con indicadores sanitarios considerablemente más favorables que los de la crisis de la chicharrita. Para los productores de Santiago del Estero, el desafío será aprovechar este escenario sin descuidar las medidas de prevención que ganaron relevancia tras las pérdidas de campañas anteriores.
La vigilancia permanente, el manejo responsable de los lotes y el trabajo conjunto entre productores, técnicos e instituciones serán fundamentales para sostener las condiciones actuales. El campo tiene motivos para recuperar el optimismo, pero la verdadera prueba llegará cuando avance la siembra y aumenten las temperaturas.
Cuidar la sanidad del cultivo desde el primer día será una de las claves para que el maíz vuelva a consolidarse como protagonista del desarrollo productivo santiagueño.