La cifra que preocupa: el desempleo pegó un salto y revela una realidad oculta del mercado laboral
La economía creció, pero el mercado laboral dio una señal de alarma. ¿Por qué el desempleo subió a 7,5% y qué revela este dato sobre la verdadera calidad del trabajo en Argentina? Los detalles que van más allá de la cifra fría.
El último dato del INDEC sobre el empleo en Argentina dejó una marca que resuena: la desocupación alcanzó el 7,5% al cierre de 2025. Este incremento de 1,1 puntos respecto al año anterior dejó sin trabajo a aproximadamente 1,7 millones de personas, en un contexto donde la economía, paradójicamente, creció un 3,5%. La aparente contradicción esconde un fenómeno más profundo y preocupante que las cifras globales.
El crecimiento económico del último año no se tradujo en más puestos de trabajo de calidad. Según el análisis, esto se debe a que los sectores que más dinamismo mostraron, como el agro, la minería y la intermediación financiera, son justamente los que menos mano de obra requieren. Mientras esos rubros avanzan, el empleo formal retrocede.
¿Qué hay detrás del número?
Al observar el stock de empleo, la situación se complejiza. En comparación con el cuarto trimestre de 2023, se perdieron 118.000 puestos de trabajo en total. Sin embargo, el dato más alarmante es la composición de ese cambio. El empleo asalariado registrado en el sector privado sufrió una reducción de 182.000 puestos.
¿Cómo es que la tasa de desempleo no fue aún más alta? La respuesta está en un crecimiento explosivo de la informalidad. El trabajo no registrado creció en 376.000 puestos, amortiguando el impacto en las estadísticas de desocupación pero evidenciando un claro proceso de precarización laboral.
Este fenómeno no se limita a las nuevas plataformas digitales, sino que se extiende a sectores tradicionales de la economía. El comercio, por ejemplo, sumó 210.000 puestos informales, mientras que los empleos registrados en ese rubro apenas crecieron 4.000.
La industria manufacturera presenta un panorama similar: incorporó 87.000 trabajadores no registrados, pero al mismo tiempo eliminó 63.000 puestos formales. Un caso distinto es la construcción, que reflejó la contracción directa de la actividad al perder puestos tanto formales (47.000) como informales (96.000).
Un contexto internacional que complica
El escenario global añade otra capa de incertidumbre. El conflicto en el Golfo Pérsico ha impulsado el precio del petróleo Brent, que acumula una suba superior al 50% desde el inicio de las hostilidades. Aunque los niveles actuales están por debajo de picos históricos como los de 2008 o 2022, el shock es relevante.
Los ataques recientes a infraestructura clave, como el complejo de GNL en Ras Laffan, Qatar, refuerzan el riesgo de disrupciones en la oferta energética mundial. Esto ha llevado al mercado a postergar sus expectativas de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, que ahora no se esperan hasta septiembre de 2027.
Para Argentina, el impacto cambiario ha sido acotado, e incluso se registró una leve apreciación del peso en torno al 1%. Las reservas del Banco Central sumaron USD 1.071 millones desde el inicio del conflicto. Sin embargo, el riesgo país superó la barrera de los 600 puntos básicos, lo que obliga a buscar fuentes alternativas de financiamiento en el corto plazo.
¿Qué se espera para este año?
Las proyecciones para 2026 no son demasiado alentadoras en materia de generación de empleo de calidad. Se espera que los sectores intensivos en mano de obra, como la industria y el comercio, crezcan apenas un 1%. La construcción podría expandirse un 5%.
El dinamismo seguirá concentrado en los sectores que menos empleo generan: se prevén crecimientos superiores al 5% para el agro, el petróleo y gas, y la minería. La clave para los próximos meses estará en monitorear la evolución del conflicto internacional y su impacto en los precios de la energía.
Si las disrupciones en la oferta de petróleo se profundizan, Argentina podría enfrentar un retraso en la desaceleración de la inflación y una postergación en su regreso a los mercados de crédito internacionales. El fantasma de un crecimiento económico que no llega a la mesa de los trabajadores parece haberse instalado, y los números del INDEC son su prueba más contundente.
(*) Federico Pablo Vacalebre es profesor de la Universidad del CEMA.