La cita con un tiktoker famoso que terminó en desastre: “Solo llevó el agua caliente”
¿Pensabas que una salida con un influencer verificado sería glamorosa? Una joven argentina reveló los detalles de una cita para tomar mates que se convirtió en una noche de situaciones incómodas, chistes de mal gusto y una preparación que dejó mucho que desear.
Una joven argentina se animó a contar en redes sociales los increíbles detalles de lo que calificó como la peor salida de su vida. La anécdota comenzó cuando un influencer con cuenta verificada en TikTok la contactó por Instagram y, haciendo caso omiso a las recomendaciones de sus amigas, aceptó encontrarse con él movida por la curiosidad. Lo que siguió fue una sucesión de situaciones tan incómodas que la llevaron a definirlo como “el más banana del planeta”.
Desde el primer intercambio de mensajes, la comunicación fue extremadamente pobre. El joven se limitaba a respuestas de una sola palabra, sin poder generar una conversación fluida. “Era un monosílabo, no sabía generar charla. Todo era ‘hola’, ‘¿cómo estás?’, ‘bien, ¿vos?’, y así”, relató. Aun así, aceptó su propuesta de tomar mates después de su jornada laboral, un plan que el tiktoker justificó diciendo que era muy tarde para merendar y muy temprano para cenar.
El comienzo de la incomodidad
El influencer pasó a buscarla por su trabajo, pero su preparación para la cita dejó mucho que desear. Lo único que llevó consigo fue el agua caliente para el mate. “No llevaba absolutamente nada más. Yo dije, bueno, me muero de hambre así”, confesó la joven entre risas. Sin embargo, el cambio más drástico se notó una vez que subió al auto. Su actitud dio un giro total: “Era otro, empezó a hablar… pero para qué”.
Inmediatamente después de arrancar, el chico se dedicó a hacer alarde de sus conexiones en el mundo del espectáculo. No paraba de nombrar a otros creadores de contenido famosos y de contar anécdotas con tiktokers y streamers. “Todo el tiempo era ‘mi amigo tal’, ‘¿ubicás a fulanito?’, y yo sí, lo ubico, pero no lo consumo”, recordó con cierto fastidio.
Un viaje lleno de interrupciones
La situación se tornó aún más surrealista cuando, en medio del trayecto, el joven detuvo el auto para grabar un audio. Lo envió a un contacto luego de ver una publicidad en la calle. “Acabo de ver un cartel, ¿sabés por qué tal banda no graba con nosotros tal día? Porque tiene una presentación en el Movistar Arena”, imitó la joven, mostrando su perplejidad ante semejante comportamiento.
Al llegar al lugar elegido para tomar mates, las expectativas de una conversación normal se desvanecieron. El influencer se puso a hablar por teléfono durante 20 minutos seguidos, mencionando proyectos con bandas conocidas. “Yo estaba al lado, mirando el paisaje”, ironizó la muchacha, resignada.
La charla que no mejoró las cosas
Cuando finalmente lograron intercambiar algunas palabras, la joven le preguntó a qué se dedicaba. Su respuesta no hizo más que aumentar la sensación de desconexión. “Me dijo que tenía cuatro empresas y que era representante de artistas, pero que era un laburo de mier*** porque los artistas son como tus hijos”, contó. Internamente, ella pensó: “¿Querés saber lo que es un laburo de mierda? Vení a mi trabajo”.
La conversación continuó dentro del automóvil, pero la impresión de inmadurez del chico persistió. “No sabía si estaba hablando con un adulto o con un pibe de 15 años. Hacía chistes racistas y todo el tiempo le mandaba audios a los amigos”, aseguró.
Un final para el olvido
Cuando la insólita cita llegó a su fin, el tiktoker le preguntó a dónde quería que la llevara. La respuesta de la joven fue clara y contundente. “Le dije que me dejara en la esquina, ahí me bajo y me tomo el colectivo“, relató. Y cerró la anécdota con la guinda del pastel: “Me mandó un mensaje para que le avise cuando llegue… ¿Quién se lo respondió? Dios”.
El video donde narra toda esta experiencia se viralizó rápidamente, generando miles de reacciones y comentarios de usuarios que se sintieron identificados o simplemente asombrados por el relato. La historia sirve como un recordatorio de los impredecibles (y a veces desastrosos) resultados que pueden tener los encuentros concertados a través de las redes sociales.