La ciudad que le abre la puerta a una automotriz china: 1.000 empleos y una duda que nadie responde
Una ciudad portuaria de Galicia, golpeada por el desempleo, espera que una automotriz china le devuelva la vida con 1.000 empleos. Pero en el mismo puerto donde la Armada española tiene sus bases, hay algo que empieza a inquietar a los servicios de inteligencia.
SAIC Motor planea instalar una planta en Ferrol, en el norte de España, con la promesa de más de 1.000 puestos de trabajo. La ciudad, golpeada por la decadencia industrial, ve en la inversión una tabla de salvación. Pero el desembarco chino en un enclave militar estratégico despierta sospechas que van del espionaje a la dependencia tecnológica.
De arsenal naval a la era de los autos eléctricos
Ferrol, una ciudad portuaria de Galicia de unos 65.000 habitantes, fue durante siglos sinónimo de la defensa naval española. La Armada construyó allí su arsenal y sus astilleros en el siglo XVIII, y la ciudad prosperó con calles elegantes y balcones de vidrio que se volvieron la envidia del noroeste español. También es la cuna de Francisco Franco, hijo de un oficial naval.
Con el correr de las décadas, la decadencia industrial, el desempleo y la pérdida de población fueron apagando ese esplendor. La Armada trasladó parte de su flota más al sur y la competencia asiática erosionó la construcción naval. Hoy, decenas de locales comerciales permanecen cerrados en el centro.
En junio, la automotriz china SAIC Motor eligió un puerto tranquilo en las afueras de Ferrol para levantar una planta importante. La expectativa de más de 1.000 empleos desató una celebración generalizada. El proyecto refleja un consenso nacional más amplio sobre la necesidad de la inversión china, incluso en medio de una campaña electoral polarizada.
Un salvavidas con letra chica
El gobierno de izquierda de Pedro Sánchez se apresta a aprobar el acuerdo antes de las elecciones del 29 de noviembre. Si no lo hace, se espera que un nuevo gobierno conservador lo haga. De cualquier manera, Ferrol se convertirá en la ciudad española más reciente en apostar su futuro económico a albergar empresas chinas afines al énfasis del país en la tecnología verde. Fabricantes de baterías, productores de paneles solares y otras firmas de energías renovables están surgiendo en toda España, donde las inversiones chinas en vehículos eléctricos crecieron más rápido en el último año que en cualquier otro lugar de Europa.
Los partidarios sostienen que la planta le daría un salvavidas a la industria automotriz española. España no tiene una marca insignia competitiva, pero produce autos de gasolina para fabricantes de otros países, tradicionalmente de Europa y América. Ese negocio representa el 10 por ciento del PIB —casi tanto como el turismo— y España exporta la mayor cantidad de autos en Europa después de Alemania. Ante la posible pérdida de esa industria frente a los vehículos eléctricos, los funcionarios españoles esperan que las fábricas chinas transfieran conocimiento tecnológico a los trabajadores locales para volverlos esenciales en las nuevas cadenas de producción verde del continente.
Pero a algunos les preocupa que China mantenga partes clave de la tecnología en secreto. Eso extendería una disparidad de poder entre ambos países, que ya registran un desequilibrio comercial históricamente alto y que se duplicó en los últimos seis años. Muchos temen que Ferrol se use solo como una planta de ensamblaje o un almacén de autos para eludir los altos aranceles a las importaciones chinas a Europa.
Rafael Dezcallar, hasta hace poco embajador de España en China, dijo que la pregunta que había que hacerse era si estaban dispuestos a pagar el precio para tener tales relaciones ventajosas con China. Cuando los funcionarios del gobierno le han preguntado sobre la planta de SAIC en Ferrol, insiste en que tiene que involucrar una transferencia de tecnología, porque España no podía permitirse solo dar sitio a plantas de ensamblaje chinas. Argumentó que, a diferencia de Hungría, uno de los puertos de escala preferidos por China en Europa, España estaba en línea con los objetivos e intereses de la Unión Europea, dispuesta a denunciar sus desequilibrios comerciales injustos y las violaciones a los derechos humanos. También dijo que España difícilmente era una excepción dado que gran parte de Europa estaba peleando también por una inyección de energía de inversión china.
Espionaje, Huawei y la sombra de Washington
Este verano, los medios españoles informaron que a los servicios de seguridad les preocupaba que China pudiera usar la planta para acciones de espionaje. La ministra de Defensa declinó hacer comentarios sobre los informes y el gobierno regional los desestimó rápidamente como inexactos. Sin embargo, persistieron las preguntas sobre si una mayor presencia china, en particular en uno de los centros militares de España, terminará por hacer que el país dependa demasiado de las cadenas de suministro, los materiales y la tecnología de China, y vuelva a las firmas locales más vulnerables a la competencia.
Esas preocupaciones llevaron a líderes de otras potencias europeas, como Alemania, a dificultar el establecimiento de firmas chinas en su territorio.
En agosto, el diario de centroizquierda El País informó que el Ministerio de Defensa había expresado preocupación de que los servicios de inteligencia chinos pudieran usar la planta de Ferrol para espiar las bases navales españolas que albergan barcos con sistemas de interceptación de misiles de fabricación estadounidense. Alfonso Rueda, líder conservador de la región de Galicia, se quejó de que el Ministerio de Defensa lo sorprendió con lo que llamó “estos pronunciamientos”, y su oficina luego dijo en un comunicado que el Ministerio le informó que su informe sobre la fábrica de autos “será favorable”. El Ministerio de Defensa y un representante de SAIC declinaron hacer comentarios.
Algunos acuerdos ya habían generado inquietud en Washington. En 2025, los comités de inteligencia de la Cámara de Representantes y el Senado de Estados Unidos pidieron una revisión de los acuerdos de intercambio de información clasificada con España después de que Madrid contratara al gigante de telecomunicaciones chino Huawei, considerado un riesgo de seguridad por Washington, para clasificar y almacenar digitalmente las comunicaciones interceptadas por la policía. El gobierno español insistió en que el sistema no representaba ningún riesgo de que China extrajera la información, que correspondía a investigaciones judiciales y no de contrainteligencia.
No todos están convencidos. Fidel Sendagorta, exfuncionario de alto rango del Ministerio de Exteriores bajo el mandato de Sánchez, preguntó en qué parte del mundo China tiene acceso a las grabaciones de registros policiales importantes. También dijo que el contrato era muy simbólico respecto de cuánto estaba dispuesto a dar el gobierno español a China para obtener algo a cambio, y que había que preguntarse qué era eso que se daría.
El apoyo que cruza la grieta
Mientras el proyecto de Ferrol goza de apoyo en todo el espectro político, algunos cuestionaron si Sánchez se ha acercado demasiado a China. El presidente del gobierno ha viajado a Pekín cuatro veces en cuatro años y en abril se jactó de que han “elevado la interlocución política con China al mayor nivel de los últimos 53 años”. Dezcallar, quien ha informado a Sánchez sobre China, dijo que el mandatario —destacado crítico global de los ataques de Donald Trump a Irán y de su política migratoria— no había recurrido a Pekín como reemplazo de Washington. Por ahora, señaló, no había una alternativa a Estados Unidos, aunque los valores fundamentales de España se han puesto en duda por algunas políticas estadounidenses.
En Ferrol, a los habitantes les cuesta ver una desventaja. Ven la planta como una oportunidad excepcional de renacimiento. Para Rosi Vásquez, de 68 años, que llevaba sus compras pasando frente a una de las tantas tiendas cerradas, no hay diferencia si la planta es de China, dijo, porque significaría trabajo para todos ahí. El historiador Alfredo Martín García, de la Universidad de León, que ha estudiado su ciudad natal, dijo que la inversión prometía un cambio radical de la naturaleza de la ciudad y estaría cambiando la dinámica que esta tuvo en los últimos 300 años.
El padre Pedro Rodríguez Paz, de 77 años, salía de la iglesia principal cerca de un acorazado atracado y dio la bienvenida a la planta como una oportunidad para regresar a lo que consideró una era dorada de trabajadores, nuevos edificios y más bautismos. Mensajes igualmente optimistas resonaban en los museos navales, el arsenal resguardado, los restaurantes de pulpo y las calles deterioradas alrededor del lugar de nacimiento de Franco. Para María José Leivas, de 43 años, que atiende una librería, lo que importa es el trabajo y el dinero. “Es una cuestión de un rescate”, dijo, y todos en la ciudad lo quieren.
Jason Horowitz es el jefe del buró del Times en Madrid, cubriendo España, Portugal y la forma en que vive la gente en toda Europa. c. 2026 The New York Times Company