La clase de ESI que destapó un abuso y puso a un odontólogo frente al juez
¿Qué pasó en ese consultorio odontológico? Una niña de 9 años lo contó después de una clase de ESI. La Fiscalía quería archivar el caso, pero la Defensoría siguió adelante. El desenlace, en esta nota.
Una niña de 9 años encontró en una clase de Educación Sexual Integral las palabras para nombrar lo que había vivido en el consultorio de un odontólogo. Ese relato, que casi se archiva, terminó con el profesional declarado penalmente responsable.
El caso ocurrió en San Martín de los Andes, Neuquén. Durante el invierno de 2024, la menor asistió a una consulta odontológica y, tiempo después, en el ámbito escolar, pudo reconocer que había sido víctima de abuso sexual. La revelación dio inicio a una investigación que se extendió por casi dos años.
El 5 de julio, el juez Maximiliano Bagnat dictó sentencia tras un juicio que se celebró los días 24 y 25 de junio. El fallo, que aún no está firme, lo declaró autor penalmente responsable del delito de abuso sexual simple. Sin embargo, el camino hasta ese veredicto estuvo lleno de obstáculos.
Una causa al borde del archivo
Lo más llamativo de este expediente es que estuvo a punto de quedar en la nada. La Fiscalía, que en un principio había avanzado con los cargos, luego pidió el sobreseimiento. Fue la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes (DNNyA) la que decidió continuar con la acusación de manera autónoma, algo poco habitual.
La causa se inició con el relato de la niña. El 8 de septiembre de 2025, la Fiscalía formuló cargos contra el odontólogo por abuso sexual simple, y el juez le impuso como medida cautelar la prohibición de contacto con la víctima y su familia. Pero apenas dos meses después, en noviembre, el Ministerio Público Fiscal solicitó el sobreseimiento durante la audiencia de control de investigación.
La DNNyA, que intervenía como querella institucional, se opuso rotundamente. Pidió una prórroga para seguir investigando, que le fue concedida por un mes. Sin embargo, el 5 de diciembre, el juez de Garantías rechazó un nuevo pedido de prórroga de la querella particular. Fue entonces cuando la Defensoría tomó una decisión contundente: presentó su propia acusación.
La Defensoría contra las cuerdas
El juez rechazó el sobreseimiento solicitado por la Fiscalía y habilitó a la Defensoría a sostener la acusación en forma autónoma. La querella particular, además, fue declarada en abandono por no presentar la acusación en el plazo correspondiente. La defensa del odontólogo intentó revertir esa decisión, pero el 13 de mayo el Tribunal de Impugnación declaró inadmisible el recurso.
Así, el proceso continuó hacia el juicio, a pesar de que la Fiscalía había desistido. El defensor adjunto Lucas González estuvo a cargo de la querella institucional y sostuvo la acusación en todas las instancias.
El testimonio que convenció al juez
En el juicio, una de las pruebas centrales fue el testimonio de la niña en Cámara Gesell. El juez consideró que su relato fue creíble, espontáneo y persistente. También valoró que la menor presentara un nivel cognitivo acorde a su edad y capacidad para diferenciar la verdad de la mentira, aspectos evaluados por una perito psicóloga forense.
El magistrado encontró coherencia entre el relato de la niña y otros testimonios vinculados al proceso de develamiento. A eso se sumaron los indicadores compatibles con estrés postraumático detectados por las psicólogas que la atendieron: reexperimentación, hiperalerta, culpa y angustia. Además, el fallo consideró que ninguna práctica odontológica podía explicar el hecho atribuido al imputado.
La puerta cerrada del consultorio
Otro aspecto clave fue el contexto del abuso. Según la sentencia, el odontólogo había generado un escenario de privacidad al pedirle a la madre de la niña que permaneciera fuera del consultorio. El juez interpretó ese hecho como parte de un contexto de vulnerabilidad y asimetría de poder entre el profesional y la menor.
La acusación de la Defensoría planteó que esas circunstancias debían analizarse junto con el relato de la víctima y el resto de las pruebas. Finalmente, el 5 de julio, Bagnat declaró al odontólogo autor penalmente responsable del delito de abuso sexual simple. La sentencia no está firme y puede ser apelada.
La ESI, la herramienta que rompió el silencio
Hay un elemento que atraviesa todo el expediente y que excede lo judicial: la Educación Sexual Integral. Fue después de una charla de ESI en la escuela que la niña pudo reconocer que lo que había vivido no era normal ni parte de una práctica médica, sino un abuso. Para la Defensoría, este caso demuestra la importancia de que los niños y niñas tengan herramientas para identificar situaciones de vulneración y sepan que pueden contarlas.
“La actuación de la Defensoría se enmarca en la doctrina y jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia que reconocen las facultades de la querella para continuar con la persecución penal cuando la acción ya fue instada por el Ministerio Público Fiscal luego de la formulación de cargos”, explicó González. Y agregó que ese rol tuvo particular relevancia porque se trataba de un delito que afectaba la integridad de una niña y porque el interés superior de la víctima exigía garantizar su derecho a ser escuchada y su acceso a la Justicia.
El proceso aún no terminó. La sentencia de responsabilidad puede ser impugnada y todavía no está firme. El próximo capítulo será la audiencia de cesura, fijada para el 15 de septiembre, en la que se determinará la pena que deberá cumplir el imputado. Mientras tanto, el caso deja una secuencia particular: una niña que encontró en la escuela las palabras para contar su historia, una Fiscalía que quiso archivar el caso, una Defensoría que no se rindió y un juez que, tras escuchar todas las pruebas, hizo justicia.