La condena a perpetua que cambió los últimos días de “Jota” Figueroa en la cárcel

Antes del juicio, “Jota” Figueroa calculaba recuperar su libertad en 15 años. La sentencia a perpetua cambió su actitud y sus últimos días en el penal de Villa Las Rosas.

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La condena a perpetua que cambió los últimos días de “Jota” Figueroa en la cárcel
La condena a perpetua que cambió los últimos días de “Jota” Figueroa en la cárcel

La muerte de José “Jota” Figueroa en el penal de Villa Las Rosas dejó una pregunta abierta que la justicia intenta responder: qué pasó en sus últimas horas. Pero antes de ese desenlace, hubo un giro que, según fuentes penitenciarias, marcó a fuego su estadía tras las rejas: la sentencia a prisión perpetua por el femicidio de su esposa Mercedes Kvedaras.

El hombre que había calculado recuperar su libertad en poco más de una década terminó con una condena que lo obligó a reescribir cualquier plan. Y ese contraste, de acuerdo con los testimonios que recogió este medio, se notó en su comportamiento.

La expectativa previa al juicio

Antes de conocer el veredicto, Figueroa solía hablar con otros internos sobre lo que esperaba de la causa. Según las fuentes consultadas, calculaba que la pena podría ubicarse entre los 10 y los 15 años y que, cumplido ese tiempo, podría salir en libertad y reconstruir su vida.

Con esa idea en mente, mantenía una rutina física activa dentro del establecimiento. Esa versión fue reforzada después por el Comité Provincial para la Prevención de la Tortura, que entrevistó a compañeros de celda tras su muerte: lo describieron como un interno que participaba de actividades deportivas y culturales, tocaba la guitarra, trabajaba y colaboraba con otros presos.

El cambio tras la sentencia

La condena a perpetua rompió ese escenario. Las fuentes penitenciarias aseguran que, después de conocer la sentencia, Figueroa permaneció aproximadamente tres semanas prácticamente recluido en su celda, con un fuerte decaimiento anímico.

No hay un diagnóstico público que confirme una depresión clínica. La referencia a ese estado surge de la percepción de quienes lo vieron en ese período y del tratamiento profesional que recibía. Los testimonios recogidos por el Comité contra la Tortura van en la misma línea: sus compañeros lo notaron más callado y compungido.

Una visita que marcó la cronología

En esa reconstrucción aparece una visita de su abogado el sábado previo a su muerte. Según las fuentes, ese tipo de encuentros con la defensa no se asienta en el libro de visitas habitual. Internos que compartían el sector con Figueroa lo vieron particularmente afectado después de esa reunión y llegaron a describirlo como “destruido”.

No se pudo establecer qué se habló ni atribuir a esa charla el estado anímico posterior. Lo que las fuentes ubican temporalmente es la visita y el cambio que dijeron observar después. Además, sostienen que Figueroa habría pedido a su abogado que ese domingo no recibiera visitas, un pedido que tampoco pudo ser verificado de manera independiente.

Una relación y una visita que no llegó a concretarse

Las fuentes también aportaron un dato sobre la vida afectiva de Figueroa después de la sentencia: habría iniciado una relación con una mujer que asistió a las jornadas del juicio. Según el relato, la mujer fue registrada inicialmente para visitar a otro interno, pero ese detenido fue trasladado antes de que pudiera ingresar. Luego habría sido incorporada como visitante de un segundo interno, hasta que las autoridades penitenciarias sospecharon que el verdadero destinatario era Figueroa y no autorizaron el ingreso.

Este medio no pudo corroborar cómo se realizaron esas registraciones ni quién las impulsó. Tampoco pudo confirmarse si existió un intento de eludir las restricciones vigentes para visitas íntimas de condenados por femicidio, una medida que se adoptó tras el caso de Gabriel “Chirete” Herrera, quien mató a Andrea Neri dentro del penal en 2017. La identidad de la mujer fue preservada por tratarse de una persona ajena a la causa.

¿Un interno como cualquier otro?

La intervención del Comité contra la Tortura sumó otra discusión. Su vicepresidente, Ramón Rosa Corregidor, sostuvo que Figueroa “era un preso más” y puso el foco en la responsabilidad estatal de garantizar asistencia médica y psicológica a los detenidos. Sin embargo, la descripción que surge de las propias declaraciones del organismo muestra que tenía acceso a actividades y prestaciones por fuera de la rutina básica del encierro.

Eso no implica que gozara de un régimen privilegiado, pero sí obliga a diferenciar sus condiciones concretas de una situación de abandono o aislamiento impuesto. De hecho, el período de reclusión voluntaria que describen las fuentes no habría respondido a una medida disciplinaria, sino a una conducta del propio Figueroa asociada a su decaimiento.

La investigación deberá determinar ahora si ese cambio de conducta fue advertido formalmente, si quedó asentado en su legajo y qué seguimiento recibió durante esas semanas.

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