La cosecha de aceitunas viene cargada en Catamarca, pero el 70% de los depósitos ya está ocupado
Mario Fadel, al frente de los olivícolas de Catamarca, advirtió que los depósitos están al tope justo cuando arranca una cosecha prometedora. La carta que prepara para el Gobierno y el pedido que asegura que no es.
La Asociación Olivícola de Catamarca (ASOLCAT) evalúa pedirle al Gobierno provincial que declare la emergencia del sector. La razón: una cosecha que asoma generosa choca contra precios internacionales en baja, ventas que no fluyen y costos que no paran de subir.
El contador Mario Fadel, presidente de la entidad, contó que los socios discuten avanzar con una presentación parecida a la que se estudia en La Rioja. La idea es formalizar el pedido la semana que viene y conseguir una reunión con las autoridades provinciales en un plazo de 15 a 20 días, según anticipó en una entrevista radial.
Un cóctel que aprieta al sector
“Tenemos una combinación de factores que realmente ponen a la olivicultura en un momento muy delicado”, resumió Fadel. El combo incluye menos ventas, precios que no repuntan y el encarecimiento de todo lo necesario para mantener los olivares y procesar la fruta.
El mercado brasileño, principal destino de la producción argentina, es uno de los frentes de tormenta. A ese país llegaron aceitunas de Egipto, con costos de producción más bajos, y eso complicó la colocación de la producción local. Del otro lado del océano, la sobreproducción de España —uno de los grandes jugadores mundiales— también empuja los precios hacia abajo.
Depósitos al límite antes de la próxima cosecha
El resultado se ve en los galpones de las industrias olivícolas de Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza. Según detalló el titular de ASOLCAT, las empresas que en esta época solían tener ocupado cerca del 30% de su capacidad de almacenamiento hoy superan el 70%.
Ese stock acumulado se vuelve un problema mayor cuando falta poco para la nueva cosecha. Fadel advirtió que podría no quedar espacio suficiente para guardar la producción mientras se espera que los precios y las condiciones comerciales mejoren.
“Esperamos nosotros poder acordar entre los industriales, los productores y el Gobierno de la provincia de Catamarca alguna estrategia para poder financiar la cosecha y poder guardar esa fruta hasta que tengamos mejor precio y los mercados se regularicen”, planteó.
Buena cosecha, mal negocio
La paradoja es que las perspectivas productivas para Catamarca son favorables. La provincia se encamina hacia un año de buena cosecha, con los trabajos que arrancarían entre fines de enero y principios de febrero.
Pero el volumen no asegura mejores resultados económicos. Con precios bajos y capacidad de guardado limitada, colocar la fruta y sostener la rentabilidad de los productores se vuelve cuesta arriba.
Fadel también recordó que la olivicultura está marcada por la vecería, el fenómeno natural por el cual los olivos alternan temporadas de alta producción con otras de rendimiento menor. Aprovechar un año bueno depende, además, de cómo venga el mercado y de cuánta mercadería se pueda conservar hasta la venta.
Qué le piden al Gobierno
Entre las alternativas que ASOLCAT analiza llevar a la Provincia aparecen el acceso a financiamiento con tasas razonables, la reducción de impuestos y una revisión de cuánto pesan los costos energéticos en la actividad.
Para Fadel, las tasas actuales no son sostenibles y la producción olivícola tiene una demanda alta de energía: hace falta para extraer agua de pozos profundos y para regar los cultivos.
El dirigente aclaró que no buscan subsidios, sino herramientas para atravesar el mal momento y sostener la actividad hasta que mejoren las condiciones comerciales.
“Tenemos que tratar de sostener las 12.000 hectáreas en producción y no estamos pidiendo subsidios, estamos pidiendo acompañamiento en términos financieros con tasas razonables y reducción de impuestos”, afirmó.
Además, pidió que cualquier medida se evalúe por su efecto sobre el empleo, las exportaciones y la recaudación fiscal. Su argumento: acompañar al sector permite conservar una actividad que genera ingresos y trabajo, mientras que una caída mayor de la producción también recortaría los recursos que recibe el Estado.
La superficie olivícola que se perdió
Al mal momento actual se le suma un retroceso de largo plazo. Hoy Catamarca tiene entre 10.000 y 12.000 hectáreas productivas, lejos de las más de 20.000 que llegó a tener en su mejor época, según los datos que aportó Fadel.
El dirigente atribuyó parte de esa caída a los problemas que aparecieron durante la expansión del cultivo, impulsada en sus inicios por los diferimientos impositivos. Algunas variedades no se adaptaron bien a las condiciones locales y eso obligó a reconvertir plantaciones o directamente a abandonar campos.
En particular, consideró que todavía falta avanzar en la reconversión de cultivos en el Valle Central. La provincia acompañó procesos de adaptación en años anteriores, pero para Fadel es clave continuar con esos cambios para mejorar el desempeño productivo.