La costa bonaerense se hunde: 2 de cada 3 playas ya están en rojo y el mar avanza con una cifra que asusta para 2045
Se suponía que el problema era el clima, pero el informe oficial señala otro culpable: la urbanización. En las zonas más construidas, la degradación de las playas llega al 83% y el mar ya tiene fecha para seguir ganando metros.
Un 66% del litoral bonaerense ya presenta un nivel alto de degradación, pero en las zonas urbanizadas el número trepa al 83%. El dato surge de un informe oficial que el Ministerio de Ambiente presentó en Costa del Este y que pone a la urbanización y la presión turística en el centro de la escena.
El relevamiento abarca más de 800 kilómetros de costa, desde Magdalena hasta Coronel Rosales. En ese recorrido, apenas el 14% de las playas conserva un buen estado. El resto muestra un deterioro que no da tregua.
La urbanización, el factor que más pesa
El documento es claro: donde hay ciudades y balnearios, la degradación se dispara. En los sectores urbanizados, el 83% de los puntos relevados aparece con degradación alta. En los tramos sin urbanizar, en cambio, el porcentaje baja al 32% y los resultados se reparten entre niveles bajos (35%) y medios (33%).
La presión se siente con más fuerza en los municipios turísticos por excelencia: La Costa, Pinamar, Villa Gesell, Mar Chiquita, General Pueyrredón, General Alvarado, Necochea, Tres Arroyos, Monte Hermoso y Coronel Rosales. El informe atribuye ese fenómeno a la ocupación histórica del frente costero, la presión inmobiliaria, la infraestructura recreativa sobre la arena y la alteración del balance de sedimentos.
El crecimiento poblacional acompaña esa tendencia. Entre 2010 y 2022, los municipios costeros analizados crecieron en promedio un 27,5%, más del doble que el promedio de todos los municipios bonaerenses (12,4%). En la Barrera Medanosa Oriental, la superficie urbana avanzó casi un 50% a costa de coberturas naturales.
Obras que protegen un punto y erosionan otro
El estudio también apunta contra las defensas rígidas: espigones, escolleras, enrocados y murallones. Aunque resguardan un sector puntual, interrumpen la deriva litoral y provocan acumulación de sedimentos en un lugar y erosión en los contiguos. A eso se suman la construcción sobre la primera línea de costa, la forestación y fragmentación de médanos y la apertura de caminos hacia la playa.
El cambio climático como multiplicador
Si el panorama ya era preocupante, el cambio climático lo agrava. El ascenso del nivel del mar, la mayor frecuencia de tormentas y sudestadas y las olas de calor intensifican la erosión y reducen el tiempo de recuperación natural de las playas.
Las proyecciones oficiales estiman un retroceso promedio de la línea de costa de entre 18 y 20 metros hacia 2045, y de entre 47 y 70 metros hacia 2100, según el escenario. El documento también advierte sobre la salinización de acuíferos, los derrumbes en la zona de acantilados y la pérdida de juncales, que funcionan como defensa natural.
Qué propone el Ministerio de Ambiente
Frente a este escenario, la cartera que conduce Daniela Vilar impulsa el Manejo Costero Integrado, un enfoque que articula ciencia, planificación territorial y gobernanza entre Provincia y municipios, con soluciones basadas en la naturaleza.
Entre las medidas figuran restaurar dunas con enquinchados y vegetación nativa, reemplazar los cortes en los médanos por pasarelas elevadas, fomentar balnearios desmontables y exigirlos en los pliegos de licitación, evaluar la capacidad de carga de las playas, regular el tránsito de vehículos y actividades motorizadas en playas y dunas, y evitar los desagües pluviales directos sobre la arena. Para las zonas críticas, incluso se contempla la retirada planificada de estructuras, junto con sistemas de monitoreo permanente.
“Los resultados son contundentes y nos obligan a actuar de manera coordinada”, advierte la ministra Vilar en el prólogo del informe. Según plantea, la respuesta no puede ser improvisada ni de corto plazo, sino una estrategia de adaptación al cambio climático sostenida entre la Provincia y los municipios.
Para el Ministerio, el relevamiento no es un punto de llegada sino el comienzo de un proceso largo: busca que cada gobierno local cuente con un diagnóstico propio, con información de campo, para planificar el uso de su territorio costero.