La costa fueguina esconde un tesoro de 220 kilómetros que pocos conocen

¿Sabías que la costa de Tierra del Fuego esconde un tesoro natural de 220 kilómetros? Descubrí los secretos de la Reserva Costa Atlántica.

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La costa fueguina esconde un tesoro de 220 kilómetros que pocos conocen
La costa fueguina esconde un tesoro de 220 kilómetros que pocos conocen

La Reserva Costa Atlántica de Tierra del Fuego protege un corredor de 220 kilómetros de costa intermareal, un ecosistema único que alberga aves migratorias y paisajes que van desde acantilados hasta dunas. Un refugio natural que pocos conocen y que es vital para la biodiversidad del sur argentino.

El área protegida se extiende desde Cabo Nombre, al norte de la Bahía San Sebastián, hasta la desembocadura del río Ewan. Son aproximadamente 28.600 hectáreas donde conviven planicies de marea, restingas, playas y desembocaduras de ríos, creando un mosaico de hábitats que sostiene una gran diversidad de especies.

¿Cuál es el origen de esta reserva?

La reserva fue creada formalmente en 1998 mediante la Ley Provincial 415, según explicó el guardaparque provincial Juan Mayorga. Nació con el objetivo de proteger a las aves migratorias, pero con el tiempo se convirtió en un resguardo integral de todo el ecosistema costero.

Entre sus sectores más representativos se encuentran Península El Páramo, Bahía San Sebastián, Cabo Domingo, Punta Popper, Cabo Peña y Cabo Ewan.

¿Qué especies encuentran refugio allí?

Cada año llegan especies como la becasa de mar, el playero rojizo y el playerito rabadilla blanca. El área también conserva procesos naturales que modelan el paisaje litoral, lo que la convierte en un laboratorio natural de gran valor científico.

El trabajo diario de los guardaparques combina censos, relevamientos, controles, mantenimiento de infraestructura, instalación de cartelería, actividades educativas y vigilancia. Además, pueden colaborar en otras áreas protegidas de la provincia cuando la situación lo requiere.

El desafío de los perros sueltos

Uno de los principales problemas que enfrentan es el impacto de los perros sueltos sobre la fauna. «Esto genera una perturbación muy grande para las aves y también para el visitante que solamente ha salido a caminar. Hay que entender que la costa es un espacio público y hay que respetar al otro», advirtió Mayorga.

Los misteriosos bosques fantasma

La reserva alberga los denominados «bosques fantasma» de Macrocystis pyrifera, un fenómeno poco frecuente donde las algas crecen horizontalmente sobre el intermareal cuando baja la marea. Entre ellas habitan estrellas de mar, caracoles, pulpos, pequeños crustáceos, peces, tiburones y rayas, conformando un ambiente clave para la biodiversidad.

«Cuando lo entendamos, vamos a poder disfrutar y apreciar más la costa, ver las riquezas que se esconden en ella y proteger lo nuestro», concluyó el guardaparque.

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