La crecida del Paraná los obligó a mudar las colmenas: lo que pasará con la miel de Victoria
¿Qué va a pasar con la miel de Victoria después de que la crecida los obligó a sacar el 90% de las colmenas de las islas? Los apicultores ya avisaron que no esperan recuperarse esta temporada.
El avance del río Paraná sobre las islas de Victoria, en Entre Ríos, forzó a los apicultores a sacar sus colmenas y llevarlas a tierra firme. Alrededor del 90% de los apiarios ya fueron evacuados, según estimaron referentes del sector, que advirtieron que la temporada de miel podría sufrir una caída considerable.
El operativo no fue sencillo ni barato. Los productores relataron en Elonce Radio & Streaming FM 98.7, en el programa Moviendo el Avispero, cómo organizaron el traslado y qué obstáculos encontraron en el camino.
Emmanuel Bartolomé, al frente del emprendimiento familiar Miel Barto, y Graciela Bustos, del consejo de la Cooperativa Hortícola y Apícola Huerta Sana de Victoria, dieron el panorama de un sector que trabaja contra el reloj del agua.
Un retiro que empezó antes de lo previsto
Las primeras señales de que el caudal iba a subir llegaron con anticipación y muchos productores no esperaron. Bartolomé contó que algunos comenzaron a mover sus apiarios unos dos meses antes. En su caso, los caminos que atraviesan campos privados le facilitaron el acceso a las islas.
No todos corrieron con la misma suerte. Quienes tenían las instalaciones lejos de los accesos terrestres debieron lidiar con lluvias, caminos deteriorados y un agua que iba recortando las superficies disponibles para trabajar.
Bustos remarcó que el retiro se hizo temprano por las advertencias sobre el aumento del río. Los pequeños apicultores se arreglaron con embarcaciones y vehículos propios; los establecimientos más grandes tuvieron que contratar barcos, camiones y personal. "Por suerte, creo que el 90% ha podido sacar las colmenas de la isla", expresó.
El problema de dónde ponerlas
Mover las colmenas resolvió una parte del problema y abrió otra. En tierra firme no abundan los campos preparados para recibirlas, y los que habitualmente albergan una cantidad limitada de apiarios terminaron recibiendo varios más.
Esa concentración tiene un costo productivo. "No hay muy buena zona. Tenés que irte más lejos para conseguir buena producción", explicó Bartolomé sobre la dificultad para encontrar lugares apropiados.
La vegetación de las islas tampoco es la misma que la del continente, y eso incide en la recolección de néctar, sobre todo cuando las lluvias se prolongan. A eso se suma el deterioro de los caminos: "Se complica bastante el ingreso", sostuvo el apicultor.
El traslado, además, significó gastos extra en combustible, transporte, embarcaciones y personal. Si los nuevos campos no ofrecen suficientes recursos florales, habrá que sumar el costo de alimentar las colmenas.
"Esta temporada ya la tomo como perdida"
La incertidumbre sobre cuánto más va a crecer el río y cuánto tiempo quedarán inundadas las zonas apícolas complica cualquier planificación. Bartolomé fue tajante sobre el futuro inmediato: "Esta temporada ya la tomo como perdida".
El productor advirtió que una inundación prolongada podría modificar las condiciones de los terrenos y obligar a buscar nuevos sectores elevados para instalar los apiarios.
Desde el sector público hubo acercamientos. Bustos contó que funcionarios provinciales se reunieron con integrantes de la cooperativa para presentar herramientas de financiamiento y programas de fortalecimiento de la actividad, entre ellos líneas de crédito y propuestas para sumar a jóvenes menores de 35 años a la producción apícola.
La horticultura, también bajo el agua
La crecida no golpea solo a los apicultores. Los horticultores de sectores cercanos al río vieron amenazados sus cultivos y evalúan adelantar cosechas. "Lo que tengo sembrado veré si lo puedo cosechar antes de que llegue el pico máximo, que se estima para mediados de noviembre", señaló Bustos.
La permanencia de niveles altos del río en el norte del país mantiene la incógnita sobre cuánto durará la inundación.
A esa dificultad se le sumó otra para la Cooperativa Huerta Sana: la proliferación de cuises en terrenos cercanos al parque industrial de Victoria. Los animales dañaron las plantaciones y complicaron la continuidad de la producción. "Es una cantidad muy exagerada de animalitos", describió Bustos.
La cooperativa viene reclamando tareas de mantenimiento y limpieza en los terrenos próximos a las quintas, donde la vegetación abundante favorece la presencia de estos animales. Piden que las tareas se sostengan en el tiempo para poder recuperar los espacios productivos.
Con 15 años de trayectoria, Huerta Sana hoy tiene solo tres integrantes vinculados a la horticultura. Pese al panorama, Bustos expresó su intención de recuperar la actividad y aprovechar las tierras disponibles para volver a producir.