La crisis interna del Ejército que marcó el camino hacia el 24 de marzo
A 50 años del último golpe, un análisis revelador sobre la profunda crisis interna del Ejército entre 1973 y 1976. ¿Cómo las decisiones de cuatro generales y un ataque terrorista marcaron el rumbo hacia el 24 de marzo? Los detalles que pocos conocen.
El 24 de marzo de 1976 es una fecha que marca un antes y un después en la historia argentina. A medio siglo de distancia, los historiadores buscan una mirada más honesta sobre aquellos años, pero las pasiones y discusiones intelectuales mantienen una altísima actualidad. Para el historiador no es fácil referirse a los años de la década de 1970.
El tránsito por los años previos, entre el 25 de mayo de 1973 y el 24 de marzo de 1976, sirve para ampliar la mirada y entender el contexto. Son años plagados de episodios poco conocidos que merecen un estudio más profundo para llegar a la verdad histórica.
En esos tiempos, las convulsiones internas del Ejército y su comprensión resultan fundamentales para interpretar esa etapa de la vida argentina.
¿Por qué el Ejército fue la fuerza más convulsionada?
El Ejército fue la más convulsionada de las tres Fuerzas Armadas durante el gobierno peronista surgido de las elecciones del 11 de marzo de 1973. A la sucesión de tres presidentes constitucionales —Héctor José Cámpora, Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón— y uno provisional, Raúl Lastiri, la acompañaron crisis sucesivas en la cúpula del Ejército.
Esto acabó con los liderazgos de los generales Jorge Carcagno, Leandro Anaya y Alberto Numa Laplane, y consolidó en la última etapa del gobierno a Jorge Rafael Videla como jefe de la fuerza.
En contraposición, las otras fuerzas mantuvieron un comando consolidado. La Armada mostró gran estabilidad bajo la férrea conducción, desde septiembre de 1973, del almirante Emilio Eduardo Massera. En la Fuerza Aérea, el jefe fue el brigadier Héctor Luis Fautario, quien mostró un perfil netamente institucionalista.
El polémico inicio de Carcagno
El primer jefe del Ejército nombrado por Cámpora fue el teniente general Jorge Carcagno. Como comandante, autorizó el operativo “Dorrego”, una decisión hasta hoy muy controvertida: la participación militar, junto con la organización guerrillera Montoneros, en actividades de promoción social en el conurbano bonaerense.
La actividad fue abortada por Perón una vez que asumió la presidencia el 12 de octubre de 1973. Carcagno, luego de algunos encontronazos con el presidente, decidió pedir el retiro después de que Perón frenara algunos ascensos promovidos por el comandante.
Anaya y el ataque que cambió todo
Fue reemplazado por Leandro Anaya. A los pocos días de asumir, Anaya debió enfrentar el ataque del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) contra la guarnición militar de Azul, producido los días 19 y 20 de enero de 1974.
El operativo culminó con la muerte de su jefe, el coronel Camilo Gay; el asesinato de su esposa frente a sus hijos; y el secuestro del teniente coronel Jorge Ibarzábal, quien sería ejecutado luego de diez meses de cautiverio. También fue asesinado el soldado conscripto Daniel González.
La reacción del presidente Juan Perón ante el ataque contra Azul fue una carta durísima dirigida a sus oficiales. En ella, Perón sostenía que, si las fuerzas de seguridad son desbordadas, debe recurrirse al accionar de las Fuerzas Armadas.
Anaya fue el jefe militar que puso en marcha el operativo “Independencia” a principios de 1975, con el objetivo de reprimir la actividad terrorista en la provincia de Tucumán, a partir de un decreto secreto firmado por la presidenta Martínez de Perón. Anaya fue desplazado el 13 de mayo de 1975.
La breve gestión de Laplane y el martirio ignorado
El sucesor de Anaya fue el general Alberto Numa Laplane, quien intentó un giro profesionalista que apartara al Ejército de la coyuntura política. Solo duró tres meses.
Su visión fue descalificada cuando fue descubierto el cadáver vejado del teniente coronel Argentino del Valle Larrabure, luego de un secuestro de 375 días. Las palabras de Laplane en el funeral, llamando a mantener la prescindencia política, cayeron muy mal entre los mandos, provocando su caída inmediata.
Es sorprendente la escasa repercusión que ha tenido el avance de la causa de beatificación por martirio de Larrabure, iniciada por impulso del papa Francisco en 2022.
La elección decisiva: ¿Por qué Videla?
Era tal la crisis de mando en el Ejército que, según una versión aún no confirmada, María Estela Martínez de Perón habría elegido personalmente a Jorge Rafael Videla luego de una entrevista. Esto, debido al compromiso de Videla de permanecer ajeno a cualquier intento de golpe de Estado.
Es notable que, en tiempos muy complejos, se nombrara a un militar con poca experiencia relativa en el mando de tropa, como era el entonces general Videla. Su llegada al despacho principal del edificio Libertador, el 27 de agosto de 1975, significó el retiro de casi dos promociones completas de generales con más antigüedad.
Videla asumió en medio de las operaciones militares en Tucumán, a cargo del general Acdel Vilas. En sus apariciones públicas, Videla sostenía la necesidad de mantener el orden constitucional.
Pero el ataque del Ejército Montonero al Regimiento de Infantería de Monte N.º 29 de Formosa iba a cambiar la historia de la Argentina, a pesar de la derrota de los atacantes. Ese episodio terrorista significaría un cambio radical en las opciones de las autoridades militares frente al desafío planteado contra las instituciones republicanas.