La cuenta que nadie hace en la cría bovina: por qué una vaca rinde la mitad de lo que podría

En la Patagonia Norte se destetan menos terneros que el promedio nacional y muy por debajo de lo que la propia vaca podría dar. El cuello de botella no está donde muchos miran: los números del Senasa que expuso un especialista dejan a la región con un margen enorme para crecer.

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La cuenta que nadie hace en la cría bovina: por qué una vaca rinde la mitad de lo que podría
La cuenta que nadie hace en la cría bovina: por qué una vaca rinde la mitad de lo que podría

En la Patagonia Norte, los porcentajes de destete están muy por debajo del promedio nacional y lejos del techo productivo de las vacas. Un especialista explica dónde se pierde el potencial y qué datos del Senasa encienden la alarma.

La cría bovina se sostiene sobre un reloj biológico que no admite atrasos. Una vaca preñada gesta durante nueve meses y luego pare. A partir de ahí le quedan apenas tres meses para volver a entrar en celo y quedar preñada otra vez. En condiciones normales, ese retorno al ciclo demanda dos meses después del parto, con lo que solo restan 30 días. Y como el intervalo entre celos es de 21 días, la ventana se reduce a dos oportunidades concretas. Si los atraviesa vacía, queda afuera de la temporada.

Ese es el eje sobre el que deberían ordenarse todas las decisiones del establecimiento: la fecha y duración del servicio, el destete, la rotación de potreros, el plan sanitario, la suplementación estratégica cuando el campo no alcanza y la recría de la reposición.

El techo que casi nadie mira

El potencial de una vaca de cría es notablemente más alto de lo que muestran los números habituales. Se puede aspirar a un porcentaje de preñez de entre 95% y 98%. Si se considera una pérdida normal de terneros del 3% entre el tacto y el destete, la tasa de destete posible se ubica entre 92% y 95%, es decir, 95 terneros por cada 100 vacas. El promedio nacional, en cambio, ronda el 63%.

La clave muchas veces ignorada es cuánto tarda la vaca en volver a ciclar después del parto. Ahí entra en juego la condición corporal con la que llega a la parición, y por lo tanto la alimentación en ese período, cuando se suelen dejar potreros con pasto diferido para las vacas que están pariendo.

Una condición corporal de entre 2,5 y 3 en una escala de 1 a 5 se considera buena. Un buen pastoreo se traduce en balance energético positivo, que se logra cuando el animal come un poco más de lo que necesita para cubrir sus necesidades básicas. La reproducción ocupa el octavo lugar en el orden de prioridades del organismo: si la comida escasea, sencillamente no hay celo.

Invierno y parición, los momentos críticos

El punto más delicado aparece en invierno. Lograr que la vaca no pierda condición corporal en esa época y contar con reserva de campo diferido para la parición permite cubrir esas necesidades básicas que están antes de la reproducción. Así, la probabilidad de que vuelva a entrar en celo crece de manera considerable.

Cuanto más se exige a una vaca durante la gestación, el parto y el posparto, más difícil es que retome rápido su actividad reproductiva. Si el intervalo entre el parto y el primer celo se estira, aumenta el riesgo de que no quede preñada en la temporada de servicio. Y una falla reproductiva no se limita a perder un ternero ese año: si la vaca vuelve a quedar vacía en ciclos posteriores, puede llegar al descarte por edad habiendo producido cuatro o seis terneros, cuando con un manejo adecuado podría haber aportado ocho a lo largo de su vida productiva.

Existen casos extremos: un año la vaca cría pero no se preña, y al año siguiente, sin criar, se recupera y sí queda preñada. El resultado es un ternero cada dos años. En el mejor de los escenarios, esa vaca dará cuatro terneros en toda su vida productiva, que se extiende hasta los 10 años de edad, siempre que la recría haya sido buena y el diente le dure ese tiempo.

La recría y el desgaste del diente

Darle a la ternera un buen ambiente nutricional durante los dos años que permanece en el establecimiento antes de entrar a servicio permite alcanzar un desarrollo reproductivo y anatómico adecuado para gestar y parir un ternero por año. La vida útil se termina cuando se gasta el diente o cuando el animal queda vacío durante el servicio. El objetivo es una vaca que llegue a los 10 años con ocho años productivos, es decir, ocho terneros.

Aquí también pesan el tipo de campo y el manejo. Cuanto más cerca del suelo come el animal, más tierra levanta y más se desgasta el diente. Algo similar ocurre con pasturas de baja proteína: esas condiciones pueden quitarle entre uno y cuatro años de vida útil.

Con esos datos se define el porcentaje de vientres de reposición. Si la vaca llega a los 10 años, se necesita un 10% de reposición, más un 5% que no logra producir un ternero y que conviene descartar para seleccionar por fertilidad. El resultado es un 15% de reposición anual: 15 vaquillonas desarrolladas cada 100 vacas para mantener la cantidad de vientres.

Qué dicen los números de la Patagonia Norte

El anuario estadístico 2025 para Patagonia Norte del Senasa permite ver dónde está parada la región. En Neuquén, el stock total de bovinos es de 232.877 cabezas, con 125.502 vacas, 27.212 vaquillonas y 58.276 terneros y terneras, lo que representa un 46,43% sobre las vacas.

En Río Negro, el stock total de bovinos alcanza las 660.778 cabezas, con 350.617 vacas, 54.582 vaquillonas y 206.352 terneros y terneras, un 58,85% sobre las vacas.

Al revisar estos datos, el porcentaje de destete aparece por debajo del promedio nacional y muy lejos del potencial productivo de esas vacas. Lo interesante y desafiante es que la región tiene el capital más valioso del sistema: el campo como recurso forrajero y los vientres. Y que la distancia hasta el techo de producción es enorme, lo que deja un margen amplio para mejorar.

(*) M.P. N° 205. Email: [email protected]

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