¿La cuna del Leicester? No, la 'Tercera que Mata': la revolución de Ignomiriello que cambió el fútbol argentino

¿Sabías que un equipo juvenil revolucionó el fútbol argentino con métodos que hoy parecen normales? La historia de La Tercera que Mata y su mentor, Miguel Ignomiriello, esconde secretos que marcaron una época. Conocé cómo un club al borde del descenso se convirtió en campeón del mundo.

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¿La cuna del Leicester? No, la 'Tercera que Mata': la revolución de Ignomiriello que cambió el fútbol argentino
¿La cuna del Leicester? No, la 'Tercera que Mata': la revolución de Ignomiriello que cambió el fútbol argentino

La historia del fútbol argentino tiene páginas doradas, pero pocas tan transformadoras como la de La Tercera que Mata. Este equipo juvenil de Estudiantes de La Plata no solo conquistó el campeonato de su categoría en 1965, sino que se convirtió en la semilla del tricampeonato de América y del título mundial en Old Trafford. Detrás de esa gesta estuvo un hombre revolucionario: Miguel Ubaldo Ignomiriello, quien con sus métodos innovadores refundó la forma de entender el fútbol formativo en Argentina.

Un equipo que rompió todos los moldes

En una época donde el fútbol juvenil era un mero trámite, Ignomiriello impuso una estructura polifuncional que dejó a todos boquiabiertos. Los jugadores alternaban posiciones con una dinámica inédita para los años 60. El plantel campeón incluía a figuras que luego serían leyendas: Alberto José Poletti, Oscar Malbernat, Eduardo Luján Manera, Carlos Pachamé, Juan Ramón Verón, entre otros. Una lista de nombres que hoy suenan a historia pura.

La consagración llegó el miércoles 14 de diciembre de 1965, cuando golearon a Independiente 5-1 en un partido que comenzó a las 19 horas. Pero el fenómeno era aún mayor: los hinchas iban al mediodía a ver a estos pibes, y ese día hubo 20 mil personas que festejaron en 7 y 50 y luego en la Sede Social. Una locura que se adelantó incluso al partido de Reserva.

Los métodos que escandalizaron

Ignomiriello no solo cambió la táctica, sino también los hábitos. Doble turno de entrenamiento, nutrición especial, viajes con saco y corbata, y hasta una bebida energética propia que años después se conocería como Gatorade. Todo parecía sacado de una película de ciencia ficción para la época.

A sus 99 años, Don Miguel, declarado Personalidad Destacada del Deporte por el Senado bonaerense y Ciudadano Ilustre por el municipio en 2025, recordó cómo rompió los esquemas: “Decían que los íbamos a matar a los jugadores por la intensidad de los entrenamientos. Eran regímenes de doble turno, 25 horas semanales de labor, concentración estricta y un cuidado absoluto en los hábitos fuera de la cancha. La 'Tercera que Mata' fue la base de todo”, contó en una entrevista con este diario.

Su olfato para detectar talento era único. “A Poletti lo vi atajar en Sacachispas y me impactó de inmediato; insistí en traerlo aunque ya teníamos siete arqueros en el club”, reveló. Y sobre Manera, confesó: “Llegó jugando de delantero centro y convirtió 18 goles, pero yo decidí retrasarlo y ponerlo de marcador de punta. Rindió de forma extraordinaria”.

El equipo del pueblo

Pero más allá de los títulos, lo que marcó a fuego a esos jugadores fue la experiencia humana. Eduardo “Bocha” Flores aclaró un error histórico: “La que verdaderamente 'mataba' y generó el apodo fue la campaña de 1964, donde fuimos subcampeones. Al año siguiente, en 1965, se mantuvo el apodo por decantación y pudimos coronarlo con el título nacional, pero en ese equipo del 65 ya no estaban habitualmente el Flaco Poletti, el Tucu Aguirre Suárez, Cachito Malbernat, el Bocha Flores ni Juan Ramón Verón, quienes ya subían a Primera”.

Ese equipo era “del pueblo”, como lo definió el Bocha. “La gente de La Plata, fuera del club que fuera, nos iba a ver jugar preliminares con las tribunas completamente colmadas. El día de la goleada 5-1 a Independiente para salir campeones, la gente invadió la cancha antes del final y nos sacó las camisetas y los pantalones como souvenir”, recordó.

Otro de los arqueros, Gabriel Flores, destacó la solidaridad del grupo: “Teníamos una solidaridad en el juego que era indestructible. Éramos muy compañeros. La gran mayoría veníamos remándola desde muy abajo y nos formamos bajo una disciplina militarizada pero afectiva de Ignomiriello”. Y cerró con una imagen imborrable: “Años más tarde, cuando nos tocó retirarnos ganadores de Old Trafford ante el Manchester United con las tribunas locales vaciándose en silencio, nos mirábamos entre nosotros y sabíamos que todo había empezado ahí, corriendo en el barro de la Tercera”.

La Tercera que Mata no fue solo un equipo juvenil. Fue el laboratorio donde se forjó una identidad, un método y una filosofía que trascendió generaciones. Y Don Miguel, con su visión adelantada, demostró que el fútbol también se piensa.

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