La danza árabe en Río Grande: por qué el estudio Aisha marcó una época

Laura Del Toro fundó el estudio Aisha y durante casi dos décadas formó a bailarinas en Tierra del Fuego. Hoy, un problema de salud la alejó de las tablas, pero su legado sigue presente en la cultura local.

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La danza árabe en Río Grande: por qué el estudio Aisha marcó una época
La danza árabe en Río Grande: por qué el estudio Aisha marcó una época

Durante casi dos décadas, el estudio Aisha fue un punto de encuentro para la danza árabe en Tierra del Fuego. Laura Del Toro, su fundadora, llegó desde Monte Grande y encontró en Río Grande un nuevo horizonte. Hoy, su historia es un recorrido por la cultura local y por una pasión que sigue viva por otros caminos.

Originaria de Monte Grande, provincia de Buenos Aires, Laura se instaló en la ciudad fueguina buscando un futuro promisorio. Profesora de Educación Física, docente de Folklore, instructora de Tai Chi y especialista en Yoga Terapéutico, encontró en las danzas de Oriente una pasión que marcaría una época en la cultura local.

Un encuentro con lo espiritual

Su acercamiento a este universo nació de una profunda búsqueda espiritual. «Llegué al árabe a través de la abuela de una conocida, quien era descendiente directa. Lo primero que aprendí no fueron los pasos, sino qué significaba ser árabe, cómo vivían las mujeres, sus costumbres y el verdadero contexto de por qué y dónde bailaban», recuerda.

Al principio, la disciplina debió enfrentar prejuicios. «Se veía con recelo bailar en corpiño bordado, con la falda a la cadera o mostrando el ombligo, e incluso que el público arrojara monedas. Tuvimos que enseñar que se trataba de un arte milenario con un vestuario cargado de historia, oro y plata».

Un espacio de formación

El estudio Aisha se consolidó como un espacio de formación en la provincia. Con el aval del Conservatorio Fracassi, cuyos examinadores viajaban periódicamente para evaluar y extender títulos oficiales, el lugar también albergó clases de danza clásica, flamenco y danzas de la India.

Laura recuerda especialmente a Mabel Lizardo, a quien reconoce como la primera profesora de la disciplina en el medio local. Más tarde, el fenómeno televisivo de El Clon despertó un gran interés por estas danzas y llevó a alumnas de todas las edades a las aulas. Claudia Cozzolino también enriqueció la formación con maestras como Pili Rubí.

Su labor docente llegó además a talleres y capacitaciones oficiales para el Gobierno en Río Grande, Tolhuin y Ushuaia. «Bailar y dar clase son dos experiencias distintas. Al bailar uno se libera (…) Pero dar clases es presenciar el entusiasmo del otro en cada intento», expresa Laura.

El presente, entre el arte y la sanación

Con el tiempo, un problema de salud la apartó de las tablas, aunque no de su sensibilidad artística. Actualmente crea árboles de la vida en cobre con piedras naturales y se dedica a terapias de sanación.

En esta historia que recupera Diana Flores, queda también el recorrido de una mujer que hizo de la enseñanza una forma de acompañar a otros y de la expresión artística una parte central de su vida. «Este cambio me dio la serenidad de sentir que hoy puedo iniciar algo que disfruto profundamente y que además hace bien a los demás», concluye Laura.

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