La desesperación en las plantas lácteas: trabajadores al límite tras meses sin cobrar y fábricas “abandonadas”
Tres meses sin salarios, fábricas tomadas por la maleza y una deuda que supera los $13.600 millones. ¿Hasta cuándo podrán resistir los 700 trabajadores de Lácteos Verónica antes de que la situación explote por completo?
La crisis en Lácteos Verónica se profundiza sin visos de solución, dejando a 700 trabajadores en la incertidumbre total tras tres meses sin percibir sus salarios. Con las plantas paralizadas y directivos ausentes, los empleados mantienen protestas y acampes mientras buscan cómo subsistir.
Este lunes, la desesperación se tradujo en una masiva movilización sobre la Ruta Nacional 34, a la altura del acceso a Lehmann, en la provincia de Santa Fe. Entre 300 y 400 personas, incluyendo trabajadores y sus familias, realizaron cortes intermitentes del tránsito para visibilizar su crítica situación.
¿Qué reclaman los trabajadores?
“Estamos haciendo todo para que estos herederos delincuentes tomen una decisión”, expresó con crudeza Ricardo Villarroel, empleado de la planta de Lehmann, en diálogo con Clarín. La protesta coincidió con una nueva falta de los directivos de la empresa, perteneciente a la familia Espiñeira, a una audiencia en la Secretaría de Trabajo de la Nación.
Según trascendió, los representantes de la compañía pidieron postergar el encuentro, argumentando que se encuentran trabajando en una solución. La reunión fue reprogramada para el mediodía del martes, donde se espera la participación del sindicato Atilra.
Críticas al sindicato y un panorama desolador
Sin embargo, la conducción de la Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea (Atilra) también recibe fuertes cuestionamientos desde las bases. Villarroel fue contundente: “Yo creo, y esto a título personal, que hoy ya es parte del problema. No nos está representando”. El trabajador extendió una invitación al secretario general del gremio, Héctor Ponce, para que dé respuestas concretas.
Mientras tanto, el escenario dentro de las fábricas es desolador. Un trabajador de la planta de Clason, que pidió reservar su identidad, describió: “Está todo parado totalmente, hace dos meses que no va nadie: los pastos altos, las máquinas todas oxidadas. Es una fábrica abandonada. Lo mismo para las otras dos”. Las tres plantas (Lehmann, Clason y Suardi) se encuentran sin funcionar desde mediados de enero.

“Las fábricas están abandonadas, aseguran los trabajadores.
¿Cómo sobreviven sin sueldo?
La lucha diaria ya no es solo por el salario, sino por la subsistencia. “Los trabajadores rasos como nosotros estamos vendiendo milanesas, hamburguesas, cortando el pasto, haciendo de remis”, relató el empleado de Clason. Esta situación es aún más crítica en localidades pequeñas como Totoras, donde la salida laboral es limitada.
“Yo hoy me conformo con ganarme el manguito para poder comprar la carne – que es un lujo ya – para que coman mis hijas”, agregó, calculando en unos $300 millones la masa salarial que dejó de circular mensualmente desde enero.
Desde la planta de Lehmann, otro trabajador que prefirió el anonimato aportó un dato alarmante: durante el acampe, fueron a cortar los servicios de gas e internet, y se espera el pronto corte del suministro eléctrico. “Esperamos que esta gente tome la decisión que sea buena para todos: que venda la empresa y que venga a alguien a reactivarla, porque ya estamos al límite del colapso”, imploró.
Una deuda millonaria y un futuro incierto
La paralización productiva es total desde que finalizaron los contratos de trabajo a fasón a mediados de enero. Sin ingreso de leche, no hay producción propia ni para terceros, lo que elimina cualquier posibilidad de generar ingresos.
La situación financiera de Lácteos Verónica es abrumadora. Según registros del Banco Central (BCRA), la empresa lleva emitidos 3.896 cheques sin fondo por un monto cercano a los $13.626 millones. A esta deuda se le suma un adeudo estimado en US$ 60 millones con tamberos y otras obligaciones con proveedores de servicios.
“Tenemos esperanza de que una vez por todas se dignen los herederos de Espiñeira a darnos una respuesta, inclusive ya humana”, concluyó Villarroel, dejando en claro que, de no haber soluciones, se verán obligados a “agudizar la lucha y las acciones”. La paciencia y los recursos de cientos de familias están al borde del agotamiento.
Fuente: Clarín