La desgarradora realidad que se vive en un palacio de refugiados del Líbano: bebés, turnos para dormir y el zumbido constante de drones

En medio de una tregua, un expalacio de Justicia en el Líbano alberga una realidad desgarradora. Bebés recién nacidos, familias que duermen por turnos en carpas y el sonido constante de drones: así sobreviven cientos de refugiados que lo perdieron todo.

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La desgarradora realidad que se vive en un palacio de refugiados del Líbano: bebés, turnos para dormir y el zumbido constante de drones

Mientras Irán suspende sus ataques estratégicos por cinco días, la crudeza de la guerra sigue empujando a cientos de civiles hacia centros de asistencia en el Líbano. Un antiguo palacio de Justicia en Sidón, a 40 km de Beirut, se ha convertido en el refugio desesperado para hasta 500 personas por día, que huyen de los ataques israelíes. TN recorrió el lugar gestionado por la ONG Amalona, donde la precariedad y la incertidumbre pintan un cuadro desolador.

Hamed Abouzahr, presidente de la organización, describe una situación límite. “La gente se está yendo contra su voluntad y no tiene otra opción”, afirma con crudeza. Según su relato, los refugiados, que comenzaron a llegar desde el sur en los primeros días de la invasión, lo han perdido todo. “El problema no es ahora, el problema será después de la guerra, ¿adónde van a ir?”, se pregunta, señalando que ciudades enteras han quedado destruidas e inhabitables.

¿Cómo es la vida dentro del expalacio?

La capacidad del lugar es puesta a prueba constantemente. Durante el día conviven alrededor de 450 personas, cifra que se eleva a 500 durante la noche, cuando el patio se llena de quienes buscan un lugar para dormir. “Al otro día se van a buscar algo para trabajar”, explica Hamed sobre la rutina de los desplazados.

La precariedad es extrema. Aunque preparan viandas con ayuda de empresas y asociaciones, a veces la comida no alcanza. El sueño es un lujo que se administra por turnos. Muchos duermen en pequeñas carpas que llegan a albergar hasta seis personas. “Muchas veces duermen por tiempos, se turnan”, precisa el director de Amalona.

Los refugiados viven en carpa en el lugar. (Foto: TN)
Los refugiados viven en carpa en el lugar. (Foto: TN)

La vulnerabilidad de los más pequeños

Entre los refugiados, los casos más críticos desgarran el corazón del voluntariado. Hamed menciona la presencia de personas con discapacidades cuyas familias no pueden ayudarlas. Pero son los niños los que exponen la dimensión de la tragedia. “Tenemos tres niños recién nacidos y una nena de meses”, relata, y cuenta el caso de una madre que debió ser hospitalizada, dejando al cuidado de los voluntarios a su bebé. “No tenemos la capacidad de atender a una recién nacida, pero es una cuestión humanitaria”, lamenta. Incluso, una niña de 13 años se encuentra al cuidado de otra menor en el lugar.

El peligro, sin embargo, no termina al cruzar la puerta del refugio. Hamed advierte que incluso allí la amenaza es latente. “Si los drones quieren matar a una persona específica, quizás otro muere por casualidad”, señala, agregando que es normal escuchar el zumbido de estos aparatos sobrevolando la zona. La privacidad, por otro lado, es un concepto ausente. “Viven con personas que no conocen”, completa.

En el lugar conviven bebés y personas adultas luego de espacar de la guerra. (Foto: TN)
En el lugar conviven bebés y personas adultas luego de espacar de la guerra. (Foto: TN)

El trabajo incansable de los voluntarios y cómo ayudar

Frente a este panorama, un equipo de voluntarios trabaja las 24 horas. Sus tareas son múltiples: asistir a los refugiados, administrar la comida, guiarlos, llevar registros y gestionar la provisión de medicamentos. Para sostener esta labor, la ONG recibe ayuda monetaria a través de Wish Money o Western Union.

No obstante, Hamed Abouzahr señala que lo más necesario en este momento son donaciones en especie: ropa, sábanas, toallas y todo artículo de uso cotidiano. Aquellos que deseen colaborar con la ONG Amalona pueden contactarse a través de su cuenta de Instagram @aamalouna.

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