La despidieron del INTA tras 20 años y su carta expuso lo que nadie quería mostrar
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La despidieron del INTA tras 20 años y su carta expuso lo que nadie quería mostrar

La despidieron tras dos décadas en el INTA y, antes de irse, recorrió los pasillos con el celular. Lo que captó en esas fotos no tenía que ver con su salida: la institución que la formó ya no era la misma.

Virginia Aparicio, la única investigadora exonerada del INTA en siete décadas, escribió una despedida pública antes de volver por última vez a su oficina de Balcarce para retirar sus cosas personales. La científica, que trabajó desde 2009 en la Estación Experimental, firmó el acta de su expulsión dejando constancia de su disconformidad y de lo que considera una violación a su derecho de defensa.

La exoneración —que implica la salida del Estado nacional sin posibilidad de reingreso— se hizo efectiva el lunes pasado. Aparicio había sido investigada desde 2023 por su participación en el Proyecto Sprint, una iniciativa de medición de residuos de agroquímicos junto a universidades de toda la Unión Europea y con financiamiento de ese bloque.

El sitio especializado bichosdecampo.com informó que, pese a la sanción, la investigadora siguió concurriendo a su lugar de trabajo durante los días posteriores. Lo hizo siguiendo el consejo de su abogado, que ya tiene decidido presentar un recurso administrativo para que se reconsidere la medida y, en caso de no prosperar, acudir a la Justicia.

La oficina que llevaba su nombre

Aparicio tiene una oficina con su nombre en el edificio principal de investigación, el mismo lugar donde se formaron estudiantes, se desarrollaron tesis y se construyeron vínculos profesionales durante más de una década.

El viernes, después de que se publicara la nota sobre su situación, volvió a ingresar a su despacho en el INTA Balcarce sin que nadie se lo impidiera. El detalle no es menor: el jefe de esa unidad, Facundo Quiroz, también había sido suspendido por 15 días en el mismo expediente, aparentemente porque no logró controlar del todo a su subordinada, según consignó Bichos de Campo.

La salida del proyecto internacional se había decidido a fines de 2023, cuando el INTA resolvió "salirse" de la iniciativa a la que había adherido tres años antes. Aparicio, sin embargo, desobedeció las órdenes superiores e insistió con sus mediciones y con la difusión de los resultados.

“Fue un momento profundamente doloroso”

Antes de dejar definitivamente el lugar, la investigadora escribió una carta pública en la que relató cómo vivió el procedimiento. “El viernes 30 de octubre viví uno de los momentos más difíciles de mi vida profesional. Las autoridades del INTA se presentaron en la Estación Experimental de Balcarce para hacer efectiva mi exoneración y exigirme que me retirara de mi lugar de trabajo. Fue un momento profundamente doloroso. Firmé el acta dejando expresa constancia de mi disconformidad y de que considero vulnerado mi derecho de defensa”, expresó.

En el texto, la científica describió un recorrido cargado de simbolismo por los pasillos del edificio. “Recorrí los pasillos y tomé fotografías de los lugares donde transcurrió buena parte de mi vida. Todo ese edificio lo pensamos y diseñamos colectivamente. Desde la distribución de los espacios de trabajo y la cantidad y ubicación de los enchufes eléctricos hasta los equipos que necesitábamos, su instalación, mantenimiento y reparación constante. Cada espacio tiene detrás años de esfuerzo compartido, de búsqueda de recursos y de compromiso con la investigación. Allí se formaron estudiantes, se desarrollaron tesis, se hicieron investigaciones y se construyeron vínculos humanos y profesionales muy profundos”.

Sin embargo, lo que más la impactó no fue la despedida en sí, sino el estado del lugar. “Pero lo que más me impresionó fue la soledad de esos pasillos, el silencio de los laboratorios y la ausencia de tantas personas con las que compartimos años de trabajo. Ese vacío no se explica por mi exoneración. Refleja también el proceso de pérdida de personal, capacidades y financiamiento que venimos atravesando en nuestras instituciones científicas. Es doloroso recorrer un edificio que alguna vez estuvo lleno de estudiantes, investigadores y proyectos, y encontrar tantos espacios vacíos”, lamentó.

Defensa y regreso

Aparicio también cuestionó la contradicción de fondo que atraviesa su caso. “Hay algo todavía más difícil de expresar: es imposible que no duela que la misma institución que te formó como científica, que te permitió crecer, investigar, enseñar y construir una trayectoria profesional, sea la que tantos años después te exonera por hechos vinculados con el ejercicio de tu trabajo de investigación. No puedo aceptar que mi participación en un proyecto científico internacional, aprobado institucionalmente y cuyos resultados fueron evaluados positivamente, termine de esta manera”, sostuvo.

Lejos de resignarse, la investigadora anticipó que peleará por su reincorporación. “Voy a defender mis derechos y voy a trabajar para volver al INTA. Quiero seguir investigando, formando estudiantes y aportando conocimiento a la sociedad. Y quiero que, cuando llegue el momento de jubilarme, pueda hacerlo en la institución en la que me formé y a la que dediqué más de veinte años de mi vida”, cerró.

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